/ martes 4 de enero de 2022

Año nuevo, expectativas

El año 2021 fue, de alguna manera, devorado por la pandemia y la avaricia de la clase política que suele manifestar en muchos casos una gran ausencia de empatía, no obstante el optimismo no debe diluirse porque si el pesimismo colorea las expectativas nos espera una anualidad aún más tóxica e indeseable.

De por si cada vez que inicia un año la cuesta de enero causa estragos, si le sumamos el pesimismo con sabor amargo todo puede ser peor, el encarecimiento de la vida y la congoja. Se trata de un círculo vicioso que se reitera desde hace mucho tiempo, entonces de manera temprana llegan las nuevas noticias en torno a los incrementos, ahora en medio de la crisis inconclusa que ha parido la pandemia global.

A la par, continúan procesos electorales al interior de los partidos políticos como sucede en Morena y en específico por el caso de Oaxaca, el partido en el poder le falta agregar a su formación una característica imprescindible si desea funcionar más allá de la coyunturas: la institucionalidad, este elemento al no registrarse en el PRD, por ejemplo, terminó por erosionar al sol azteca hasta dejarlo actualmente como una expresión marginal.

El año 2021 tuvo algunos componentes que influyeron para plasmar una narrativa dolorosa con el incremento de homicidios dolosos, feminicidios, más violencia que exhibe el grado de inseguridad con su respectiva dosis de impunidad que hace más pesada la realidad porque produce incertidumbre, pánico y desplazamiento de personas, aunado a un éxodo que no termina de migrantes que hacen camino en nuestro país y han sido maltratados en diversas ocasiones tanto en México como en Estados Unidos.

Se ha presagiado que en los primeros días del 2022 se registren incrementos en cuanto a contagios por Covid-19 tras las fiestas de fin de año como suele suceder en nuestro país, riesgo ante la variante ómicron que ya ha provocado una escalada de zozobra en Europa y otros confines del mundo, un invierno de incertidumbre que no cesa.

El mundo cambió radicalmente desde la aparición de la pandemia, los sistemas sanitarios se han visto vulnerables e insuficientes porque nadie imaginó la dimensión que habría de tomar hasta convertirse en martirio porque ha provocado diversas crisis de salud emocional y mental, además de la cantidad impresionante de muertos.

Las historias alrededor del coronavirus ofrecen una narrativa despiadada que no se contiene, aunque son muchas las recomendaciones para evitar exponerse y contraer el mal más mortífero en lo que ha transcurrido del siglo XXI mucha gente todavía las ignora, contingentes desafían a la nueva enfermedad. Ausencia de empatía, generosidad y responsabilidad.

Aún con todos los elementos que se han vuelto sinónimo de conflicto el optimismo no ha sido sepultado, la capacidad de asombro probablemente sea de tercera generación o como se le pretenda llamar pero está latente aún en estas horas inciertas que se han convertido en un nuevo azote.

El año 2022 que recién inició debe ser mejor, esperamos, se vale soñar con una diferente clase política que asuma con seriedad su rol y deje de lado el maniqueísmo atroz y el sectarismo que vitupera a la democracia. Feliz año nuevo!

El año 2021 fue, de alguna manera, devorado por la pandemia y la avaricia de la clase política que suele manifestar en muchos casos una gran ausencia de empatía, no obstante el optimismo no debe diluirse porque si el pesimismo colorea las expectativas nos espera una anualidad aún más tóxica e indeseable.

De por si cada vez que inicia un año la cuesta de enero causa estragos, si le sumamos el pesimismo con sabor amargo todo puede ser peor, el encarecimiento de la vida y la congoja. Se trata de un círculo vicioso que se reitera desde hace mucho tiempo, entonces de manera temprana llegan las nuevas noticias en torno a los incrementos, ahora en medio de la crisis inconclusa que ha parido la pandemia global.

A la par, continúan procesos electorales al interior de los partidos políticos como sucede en Morena y en específico por el caso de Oaxaca, el partido en el poder le falta agregar a su formación una característica imprescindible si desea funcionar más allá de la coyunturas: la institucionalidad, este elemento al no registrarse en el PRD, por ejemplo, terminó por erosionar al sol azteca hasta dejarlo actualmente como una expresión marginal.

El año 2021 tuvo algunos componentes que influyeron para plasmar una narrativa dolorosa con el incremento de homicidios dolosos, feminicidios, más violencia que exhibe el grado de inseguridad con su respectiva dosis de impunidad que hace más pesada la realidad porque produce incertidumbre, pánico y desplazamiento de personas, aunado a un éxodo que no termina de migrantes que hacen camino en nuestro país y han sido maltratados en diversas ocasiones tanto en México como en Estados Unidos.

Se ha presagiado que en los primeros días del 2022 se registren incrementos en cuanto a contagios por Covid-19 tras las fiestas de fin de año como suele suceder en nuestro país, riesgo ante la variante ómicron que ya ha provocado una escalada de zozobra en Europa y otros confines del mundo, un invierno de incertidumbre que no cesa.

El mundo cambió radicalmente desde la aparición de la pandemia, los sistemas sanitarios se han visto vulnerables e insuficientes porque nadie imaginó la dimensión que habría de tomar hasta convertirse en martirio porque ha provocado diversas crisis de salud emocional y mental, además de la cantidad impresionante de muertos.

Las historias alrededor del coronavirus ofrecen una narrativa despiadada que no se contiene, aunque son muchas las recomendaciones para evitar exponerse y contraer el mal más mortífero en lo que ha transcurrido del siglo XXI mucha gente todavía las ignora, contingentes desafían a la nueva enfermedad. Ausencia de empatía, generosidad y responsabilidad.

Aún con todos los elementos que se han vuelto sinónimo de conflicto el optimismo no ha sido sepultado, la capacidad de asombro probablemente sea de tercera generación o como se le pretenda llamar pero está latente aún en estas horas inciertas que se han convertido en un nuevo azote.

El año 2022 que recién inició debe ser mejor, esperamos, se vale soñar con una diferente clase política que asuma con seriedad su rol y deje de lado el maniqueísmo atroz y el sectarismo que vitupera a la democracia. Feliz año nuevo!

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