/ lunes 5 de noviembre de 2018

¿Cambio de régimen de gobierno?

Juan Ávila Osornio

En el contexto de los preparativos para que asuma funciones un nuevo gobierno que ha sido electo, cuando se escucha hablar de cambio de régimen se entiende que se refiere a un cambio en la forma de ejercer el gobierno e inmediatamente viene a la mente una pregunta, ¿por cuál?, si el régimen constitucional y democrático que nos rige ya se agotó, entonces, ¿lo cambiaremos por un régimen totalitario?, ¿por un régimen comunista?, ¿por un régimen absolutista?, ¿por un régimen socialista? No debemos perdernos en la simple ilusión, es momento de pensar y de actuar para evitar que la pasión nos lleve a un callejón sin salida.

Consentir tanto poder en manos de una persona o de un grupo de allegados que ejerzan un control social por encima de la Constitución que nos rige es un acto irresponsable, hay cosas que se escuchan bonitas pero que no tenemos idea de los estragos que nos pueden traer si las llevamos a la práctica, y peor aún, si lo hacemos por encima de los preceptos constitucionales que nos rigen, en nuestro país no hay iluminados que todo lo sepan, tampoco mesías que con una varita mágica quieran resolver los problemas, debemos hacer un alto y pensar, reflexionar. En México somos el producto de largas luchas, de complejos procesos de pensamiento, de una especial fusión pluricultural y antes de dar un paso hacia adelante debemos dar una mirada retrospectiva, analizar muy bien nuestro entorno circunspectivo y después de eso, prefigurar el escenario futuro que mejor nos convenga, sin ocurrencias, sin improvisar y sobre todo, sin violar nuestra Constitución Política.

En lo particular, no me late que un gobierno que ha sido electo y que aún no entra en funciones se esté tomando atribuciones que, si bien puede implementarlas como programa de gobierno, deben esperar a tomar posesión para ejercerlo, hacerlo antes es violatorio a las normas establecidas y la simple acción causa trastornos organizacionales al gobierno que aún no termina el periodo para el cual fue electo. No por mucho madrugar amanece más temprano, ¿cuál es la prisa?, las habas no se queman si se les calcula el fuego, el tiempo y el agua.

Tres tropiezos se han tenido hasta el momento en el afán de adelantarse a los tiempos que aún no corresponden, el primero de ellos fue la fallida consulta por la paz y la reconciliación nacional, para no abundar en detalles, fue todo un fracaso y, además, una afrenta para las víctimas por delitos cometidos. El segundo tropiezo lo fue la consulta nacional por un acuerdo educativo, donde salieron a relucir las miserias humanas, agresiones físicas, descalificaciones y división magisterial, pero lo peor se vio cuando algunos diputados y senadores, sin esperar los resultados de tal consulta, presentan iniciativas de reforma de ley a su arbitrio con considerandos que denotan que no leyeron el contenido de las leyes que nos rigen en materia educativa, en todo momento se observa un contrasentido y sendas contradicciones que la simple lógica y el sentido común pueden resolver. Y el tercer tropiezo lo constituye la cacaraqueada consulta para ver dónde se construye el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, proceso ofensivo a la inteligencia humana, anticonstitucional, dirigido y manipulado. ¡Todo un caos!

Cuidemos los pasos que estamos dando para no arrepentirnos después, ya existen sembrados elementos suficientes para el ejercicio de un régimen totalitario, la pobreza, la desigualdad, la corrupción, la ignorancia, el desprestigio de los partidos políticos, una clase media desencantada y lo más peligroso: la sociedad confrontada y polarizada; hay odio, rencor, desencanto y resentimiento que fue sembrado durante muchos años y si a esto le sumamos el deseo y la esperanza de estar bien sin hacer nada la bomba puede estallar en cualquier momento. Creo que en México debemos cuidar que no nos vaya a salir más caro el caldo que las albóndigas.

Juan Ávila Osornio

En el contexto de los preparativos para que asuma funciones un nuevo gobierno que ha sido electo, cuando se escucha hablar de cambio de régimen se entiende que se refiere a un cambio en la forma de ejercer el gobierno e inmediatamente viene a la mente una pregunta, ¿por cuál?, si el régimen constitucional y democrático que nos rige ya se agotó, entonces, ¿lo cambiaremos por un régimen totalitario?, ¿por un régimen comunista?, ¿por un régimen absolutista?, ¿por un régimen socialista? No debemos perdernos en la simple ilusión, es momento de pensar y de actuar para evitar que la pasión nos lleve a un callejón sin salida.

Consentir tanto poder en manos de una persona o de un grupo de allegados que ejerzan un control social por encima de la Constitución que nos rige es un acto irresponsable, hay cosas que se escuchan bonitas pero que no tenemos idea de los estragos que nos pueden traer si las llevamos a la práctica, y peor aún, si lo hacemos por encima de los preceptos constitucionales que nos rigen, en nuestro país no hay iluminados que todo lo sepan, tampoco mesías que con una varita mágica quieran resolver los problemas, debemos hacer un alto y pensar, reflexionar. En México somos el producto de largas luchas, de complejos procesos de pensamiento, de una especial fusión pluricultural y antes de dar un paso hacia adelante debemos dar una mirada retrospectiva, analizar muy bien nuestro entorno circunspectivo y después de eso, prefigurar el escenario futuro que mejor nos convenga, sin ocurrencias, sin improvisar y sobre todo, sin violar nuestra Constitución Política.

En lo particular, no me late que un gobierno que ha sido electo y que aún no entra en funciones se esté tomando atribuciones que, si bien puede implementarlas como programa de gobierno, deben esperar a tomar posesión para ejercerlo, hacerlo antes es violatorio a las normas establecidas y la simple acción causa trastornos organizacionales al gobierno que aún no termina el periodo para el cual fue electo. No por mucho madrugar amanece más temprano, ¿cuál es la prisa?, las habas no se queman si se les calcula el fuego, el tiempo y el agua.

Tres tropiezos se han tenido hasta el momento en el afán de adelantarse a los tiempos que aún no corresponden, el primero de ellos fue la fallida consulta por la paz y la reconciliación nacional, para no abundar en detalles, fue todo un fracaso y, además, una afrenta para las víctimas por delitos cometidos. El segundo tropiezo lo fue la consulta nacional por un acuerdo educativo, donde salieron a relucir las miserias humanas, agresiones físicas, descalificaciones y división magisterial, pero lo peor se vio cuando algunos diputados y senadores, sin esperar los resultados de tal consulta, presentan iniciativas de reforma de ley a su arbitrio con considerandos que denotan que no leyeron el contenido de las leyes que nos rigen en materia educativa, en todo momento se observa un contrasentido y sendas contradicciones que la simple lógica y el sentido común pueden resolver. Y el tercer tropiezo lo constituye la cacaraqueada consulta para ver dónde se construye el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, proceso ofensivo a la inteligencia humana, anticonstitucional, dirigido y manipulado. ¡Todo un caos!

Cuidemos los pasos que estamos dando para no arrepentirnos después, ya existen sembrados elementos suficientes para el ejercicio de un régimen totalitario, la pobreza, la desigualdad, la corrupción, la ignorancia, el desprestigio de los partidos políticos, una clase media desencantada y lo más peligroso: la sociedad confrontada y polarizada; hay odio, rencor, desencanto y resentimiento que fue sembrado durante muchos años y si a esto le sumamos el deseo y la esperanza de estar bien sin hacer nada la bomba puede estallar en cualquier momento. Creo que en México debemos cuidar que no nos vaya a salir más caro el caldo que las albóndigas.

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