/ miércoles 6 de marzo de 2019

CON LA FUERZA DE LA

Es increíble ver cómo vamos perdiendo sensibilidad ante los acontecimientos que a diario suceden, la capacidad de asombro se va reduciendo, de tal forma que vemos las cosas que pasan como si fueran normales, como si formaran parte del diario acontecer sin percatarnos que por el camino que vamos podemos colapsar socialmente, ¿a qué me refiero?, todos los días a través de los medios de comunicación escuchamos noticias y vemos imágenes de diversos hechos, desde el robo descarado de políticos sin escrúpulos, actos de rapiña y bandidaje cometidos por gente de la sociedad, incluidos estudiantes, hasta la prostitución de menores inducidos por sus propias madres o padres.

Resultó totalmente desagradable ver en las noticias la aprehensión de una mujer que obligaba a su hija menor de edad a sostener relaciones sexuales con su padrastro; de igual forma, ver cómo las señoritas estudiantes para maestras de la Escuela Normal Rural Benito Juárez de Panotla, Tlaxcala, con el rostro cubierto, hace dos días, saqueaban una tienda de conveniencia sin el menor escrúpulo, de la misma forma que los estudiantes varones de la Escuela Normal de Tiripetío lo han llevado a cabo en el Estado de Michoacán durante mucho tiempo. Pero las cosas no paran ahí, resulta inconcebible ver cómo pobladores en el estado de Tabasco, Veracruz y otras partes de la República Mexicana han cometido actos de rapiña y robo cuando se han volcado tráileres que transportaban ganado vacuno, incluso destazándolos en el mismo lugar de los hechos, amén del robo de combustible delos ductos de Pemex que ha desembocado en tragedia, actos desgarradores que nos hacen pensar hacia dónde va la condición humana y en qué momento se han perdido nuestros valores, o acaso, ¿nunca los hemos tenido? Para cerrar con los malos ejemplos, mencionar la volcadura de camiones con cerveza y ver cómo madres de familia con sus hijos, lo mismo que jóvenes, adultos y ancianos, acarrean la cerveza robándola del camión siniestrado. La corrupción ha llegado a todos los estratos sociales y se está dando en todas las edades, involucrando a estudiantes, campesinos, jornaleros, amas de casa; se da igual en hombres, mujeres y niños. ¿Qué nos espera en el futuro de seguir por esa ruta?

Como consecuencia de lo antes descrito, nos vamos inmediatamente a pensar en los valores que se deben inculcar al seno de las familias y que son reforzados y reafirmados en las escuelas por los maestros, pero ¿nos hemos puesto a pensar que nadie puede darlo que no tiene?, ¿cómo educar en los valores si quienes tenemos la encomienda social o profesional de hacerlo no los tenemos? Para tratar de encontrar una luz que nos pueda guiar en este escabroso camino, comenzaremos por dilucidar lo que entendemos por valor.

Axiológicamente hablando, no podemos afirmar que los valores son cosas tangibles o son impresiones subjetivas; sobre el particular, recién he leído en una lectura de mi clase de filosofía y sociología de la educación que: “Los valores no son, sino que valen. Una cosa es valer y otra cosa es ser”, y la cita continúa… “cuando decimos que algo vale no decimos nada de su ser, sino que decimos que no es indiferente. La no indiferencia es la esencia del valer. El valer, pues, esa hora la primera categoría en este mundo de objetos que hemos delimitado bajo el nombre de valores. Los valores no tienen, pues, la categoría del ser, sino la categoría del valer”, entonces “los valores no son entes, son va lentes; que os valores son cualidades de cosas, cualidades irreales, cualidades ajenas ala cantidad, al tiempo, al número y al espacio”.

A esto habrá que sumarle la bipolaridad de los valores, todo valor viene acompañado de un contra valor. Al valor conveniente se contrapone lo inconveniente, a lo bello se contrapone lo feo, a lo bueno lo malo, a lo generoso lo mezquino, etcétera. Y si a esto le sumamos la existencia de los pseudovalores que se propagan a través de medios masivos de comunicación, como la televisión, el esquema se complica más.

Comparto lo anterior para que se dimensione lo complicado, y a la vez lo delicado de la tarea de educar en los valores, una misión que necesita de la preparación y del talento de padres de familia y de maestros en las escuelas, una actividad que requiere de pasión y transformación personal, una tarea que exige predicar con el buen ejemplo, demostrando que los valores se tienen y que no nos vale. (F)

Es increíble ver cómo vamos perdiendo sensibilidad ante los acontecimientos que a diario suceden, la capacidad de asombro se va reduciendo, de tal forma que vemos las cosas que pasan como si fueran normales, como si formaran parte del diario acontecer sin percatarnos que por el camino que vamos podemos colapsar socialmente, ¿a qué me refiero?, todos los días a través de los medios de comunicación escuchamos noticias y vemos imágenes de diversos hechos, desde el robo descarado de políticos sin escrúpulos, actos de rapiña y bandidaje cometidos por gente de la sociedad, incluidos estudiantes, hasta la prostitución de menores inducidos por sus propias madres o padres.

Resultó totalmente desagradable ver en las noticias la aprehensión de una mujer que obligaba a su hija menor de edad a sostener relaciones sexuales con su padrastro; de igual forma, ver cómo las señoritas estudiantes para maestras de la Escuela Normal Rural Benito Juárez de Panotla, Tlaxcala, con el rostro cubierto, hace dos días, saqueaban una tienda de conveniencia sin el menor escrúpulo, de la misma forma que los estudiantes varones de la Escuela Normal de Tiripetío lo han llevado a cabo en el Estado de Michoacán durante mucho tiempo. Pero las cosas no paran ahí, resulta inconcebible ver cómo pobladores en el estado de Tabasco, Veracruz y otras partes de la República Mexicana han cometido actos de rapiña y robo cuando se han volcado tráileres que transportaban ganado vacuno, incluso destazándolos en el mismo lugar de los hechos, amén del robo de combustible delos ductos de Pemex que ha desembocado en tragedia, actos desgarradores que nos hacen pensar hacia dónde va la condición humana y en qué momento se han perdido nuestros valores, o acaso, ¿nunca los hemos tenido? Para cerrar con los malos ejemplos, mencionar la volcadura de camiones con cerveza y ver cómo madres de familia con sus hijos, lo mismo que jóvenes, adultos y ancianos, acarrean la cerveza robándola del camión siniestrado. La corrupción ha llegado a todos los estratos sociales y se está dando en todas las edades, involucrando a estudiantes, campesinos, jornaleros, amas de casa; se da igual en hombres, mujeres y niños. ¿Qué nos espera en el futuro de seguir por esa ruta?

Como consecuencia de lo antes descrito, nos vamos inmediatamente a pensar en los valores que se deben inculcar al seno de las familias y que son reforzados y reafirmados en las escuelas por los maestros, pero ¿nos hemos puesto a pensar que nadie puede darlo que no tiene?, ¿cómo educar en los valores si quienes tenemos la encomienda social o profesional de hacerlo no los tenemos? Para tratar de encontrar una luz que nos pueda guiar en este escabroso camino, comenzaremos por dilucidar lo que entendemos por valor.

Axiológicamente hablando, no podemos afirmar que los valores son cosas tangibles o son impresiones subjetivas; sobre el particular, recién he leído en una lectura de mi clase de filosofía y sociología de la educación que: “Los valores no son, sino que valen. Una cosa es valer y otra cosa es ser”, y la cita continúa… “cuando decimos que algo vale no decimos nada de su ser, sino que decimos que no es indiferente. La no indiferencia es la esencia del valer. El valer, pues, esa hora la primera categoría en este mundo de objetos que hemos delimitado bajo el nombre de valores. Los valores no tienen, pues, la categoría del ser, sino la categoría del valer”, entonces “los valores no son entes, son va lentes; que os valores son cualidades de cosas, cualidades irreales, cualidades ajenas ala cantidad, al tiempo, al número y al espacio”.

A esto habrá que sumarle la bipolaridad de los valores, todo valor viene acompañado de un contra valor. Al valor conveniente se contrapone lo inconveniente, a lo bello se contrapone lo feo, a lo bueno lo malo, a lo generoso lo mezquino, etcétera. Y si a esto le sumamos la existencia de los pseudovalores que se propagan a través de medios masivos de comunicación, como la televisión, el esquema se complica más.

Comparto lo anterior para que se dimensione lo complicado, y a la vez lo delicado de la tarea de educar en los valores, una misión que necesita de la preparación y del talento de padres de familia y de maestros en las escuelas, una actividad que requiere de pasión y transformación personal, una tarea que exige predicar con el buen ejemplo, demostrando que los valores se tienen y que no nos vale. (F)

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