/ miércoles 26 de junio de 2019

El T-MEC y el riesgo para las semillas nativas

La semana pasada, se aprobó en el Senado de la República el nuevo Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), mi voto como es del conocimiento público fue en abstención, ya que no estoy de acuerdo en que México se tenga que adherir al UPOV 1991 (Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales), conforme se establece en el capítulo 20 sobre Derechos de Propiedad Intelectual, artículos 20.A.7 y 20.K.1 del tratado.

Mi desacuerdo principalmente es porque la firma de este tratado representa un riesgo para nuestras semillas nativas y por lo tanto para el campo mexicano, por las razones que a continuación les expongo.

Estados Unidos forma parte de un bloque de países capitalistas que producen y consumen los llamados Organismos Genéticamente Modificados (OGM), comúnmente conocidos por los países hispanohablantes como transgénicos, los cuales se caracterizan por su resistencia a las condiciones climatológicas adversas, su tolerancia a las plagas y por conseguir que los productos cumplan con las necesidades particulares que los mercados requieran.

Estos organismos aún y cuando tienen un control de producción, es decir que se siembran en un espacio determinado, no tienen un control del flujo genético. Imaginemos que hay una parcela sembrada con semilla transgénica y que a unos metros de ahí se encuentra otra sembrada con semilla nativa ¿hay alguna manera de controlar el flujo genético natural y de evitar una contaminación de genes?

En el Informe de Misión a México, del Relator Especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación del año 2012, ya se hablaba de este tema, en él se señalaba que el cultivo de maíz transgénico en nuestro país constituía un grave riesgo para la diversidad de las variedades nativas del maíz, al grado incluso de provocar su extinción.

Asimismo, se avisaba que tener estas dos especies dentro del mismo territorio podía implicar en algún momento conflictos legales para los productores que usan alguna variedad nativa del maíz, ya que, si se llegase a comprobar que sus cultivos contienen genes de maíz transgénico -lo que se origina debido a que el polen del maíz puede recorrer grandes distancias o, a los hábitos de intercambio de semillas entre agricultores- se tendrían que enfrentar a responsabilidades en materia de propiedad intelectual con quien tuviera la titularidad de las patentes.

Lo anterior debido a que el artículo 14, numeral 5 del Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales, señala que el obtentor -persona que tiene la titularidad de una variedad- tiene los derechos de la variedad protegida y de las variedades derivadas de la misma.

Ante esto, tenemos que cuestionarnos si nuestros pequeños productores -que son quienes principalmente utilizan semillas nativas en sus procesos- ¿están preparados para enfrentar este tipo de situaciones legales?, ¿cuentan con los apoyos institucionales adecuados?, ¿tienen acceso a semillas de calidad que puedan combatir las semillas transgénicas?

Como lo he comentado en otras ocasiones, confío en que la administración que encabeza el Presidente de la República revisará estos temas y hará lo necesario para que nuestros campesinos cuenten con las herramientas suficientes para tener una competencia leal, justa y digna con nuestro vecino del norte, entre otros.

Como cada quincena, quedo a sus órdenes en el correo electrónico: blanca.pina@senado.gob.mx y les invito a seguirme a través de mis redes sociales Facebook: Blanca Piña, Twitter: BlancaPinaG e Instagram: Blancaepina


La semana pasada, se aprobó en el Senado de la República el nuevo Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), mi voto como es del conocimiento público fue en abstención, ya que no estoy de acuerdo en que México se tenga que adherir al UPOV 1991 (Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales), conforme se establece en el capítulo 20 sobre Derechos de Propiedad Intelectual, artículos 20.A.7 y 20.K.1 del tratado.

Mi desacuerdo principalmente es porque la firma de este tratado representa un riesgo para nuestras semillas nativas y por lo tanto para el campo mexicano, por las razones que a continuación les expongo.

Estados Unidos forma parte de un bloque de países capitalistas que producen y consumen los llamados Organismos Genéticamente Modificados (OGM), comúnmente conocidos por los países hispanohablantes como transgénicos, los cuales se caracterizan por su resistencia a las condiciones climatológicas adversas, su tolerancia a las plagas y por conseguir que los productos cumplan con las necesidades particulares que los mercados requieran.

Estos organismos aún y cuando tienen un control de producción, es decir que se siembran en un espacio determinado, no tienen un control del flujo genético. Imaginemos que hay una parcela sembrada con semilla transgénica y que a unos metros de ahí se encuentra otra sembrada con semilla nativa ¿hay alguna manera de controlar el flujo genético natural y de evitar una contaminación de genes?

En el Informe de Misión a México, del Relator Especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación del año 2012, ya se hablaba de este tema, en él se señalaba que el cultivo de maíz transgénico en nuestro país constituía un grave riesgo para la diversidad de las variedades nativas del maíz, al grado incluso de provocar su extinción.

Asimismo, se avisaba que tener estas dos especies dentro del mismo territorio podía implicar en algún momento conflictos legales para los productores que usan alguna variedad nativa del maíz, ya que, si se llegase a comprobar que sus cultivos contienen genes de maíz transgénico -lo que se origina debido a que el polen del maíz puede recorrer grandes distancias o, a los hábitos de intercambio de semillas entre agricultores- se tendrían que enfrentar a responsabilidades en materia de propiedad intelectual con quien tuviera la titularidad de las patentes.

Lo anterior debido a que el artículo 14, numeral 5 del Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales, señala que el obtentor -persona que tiene la titularidad de una variedad- tiene los derechos de la variedad protegida y de las variedades derivadas de la misma.

Ante esto, tenemos que cuestionarnos si nuestros pequeños productores -que son quienes principalmente utilizan semillas nativas en sus procesos- ¿están preparados para enfrentar este tipo de situaciones legales?, ¿cuentan con los apoyos institucionales adecuados?, ¿tienen acceso a semillas de calidad que puedan combatir las semillas transgénicas?

Como lo he comentado en otras ocasiones, confío en que la administración que encabeza el Presidente de la República revisará estos temas y hará lo necesario para que nuestros campesinos cuenten con las herramientas suficientes para tener una competencia leal, justa y digna con nuestro vecino del norte, entre otros.

Como cada quincena, quedo a sus órdenes en el correo electrónico: blanca.pina@senado.gob.mx y les invito a seguirme a través de mis redes sociales Facebook: Blanca Piña, Twitter: BlancaPinaG e Instagram: Blancaepina