/ lunes 18 de julio de 2022

¡Exijamos educación científica!

Los derechos humanos deben de seguir su cauce evolutivo. No debemos bajar la guardia. La amenaza de la regresividad es real. Hay grupos que han buscado en Michoacán quitarle el derecho a la niñez y juventud de recibir educación sexual basada en la ciencia y en el marco jurídico vigente.

Increíblemente, discutir sobre la prevalencia de la ciencia en materia educativa sobre el pensamiento mágico, la ideología y creencias religiosas en pleno Siglo XXI vuelve a tomar importancia. Discusiones que parecían superadas retornan a la escena pública y a los diarios de debates legislativos en nuestra entidad, impulsados por intereses adultocéntricos fácilmente rastreables.

Nunca debemos olvidar que, la eliminación de contenidos de carácter científico en las escuelas públicas michoacanas abriría la puerta para el adoctrinamiento, político, religioso, sexual e ideológico, los cuales perpetuarán la dependencia, la ignorancia y el consecuente abuso hacia las generaciones en formación. No debemos permitirlo.

Recientemente, diputados y líderes partidistas se han pronunciado en contra de los derechos educativos en la entidad. No olvidemos que, en la legislatura pasada en Michoacán se presentó la iniciativa del llamado pin parental, consistente en la obligación de los maestros de consultarles a los padres de familia o tutores respecto a si desean se les expliquen a sus hijos contenidos de carácter sexual en términos científicos o no.

Como si de una combinación ajedrecística se tratara, estamos ante una secuencia de pasos muy instrumentado y hasta estudiado en otras latitudes: primeramente, se les hace creer a los padres de familia que ellos deben decidir sobre la ciencia respecto a qué contenidos deben aprender sus hijos, en donde se impulsa la aprobación del pin parental; en un segundo paso, se les imbuye la idea de que, así como pudieron decidir con el pin parental sobre la educación sexual, ahora tienen la “libertad” de elegir la educación religiosa que ellos deseen, con lo cual el pin parental se vuelve multiusos; el remate de estos lances predecibles consiste en que, como la educación es gratuita, el gobierno debe de pagar por la educación sexual y religiosa que decidan los padres de familia. Ergo, tendremos educación dogmática y ministros de culto con plaza de base y sindicalizados en la Secretaría de Educación en el Estado. La maniobra a tres jugadas descrita pudiera parecer propia de una trama conspiratoria, pero hay países como España en donde el pin parental tiene carácter constitucional. Si bien, el nubarrón pende sobre lo que fue la Nueva España, la cientificidad es un atributo constitucional de la educación pública básica en México, no es algo que en nuestra nación esté a discusión.

Mantener la sana distancia requerida entre el sistema educativo estatal, las ideologías y los cultos debe ser una alta misión de los funcionarios educativos, así como de los legisladores.

Lamentablemente, una vez arriban a los cargos públicos, los intereses potenciales atraviesan la delgada línea hacia los conflictos de intereses, manifestando las posturas religiosas desde los escritorios y tribunas, impulsando una agenda particular por encima de la mismísima constitución.

No debe haber ni congreso religioso ni ejecutivo confesional; deben marcar distancia con los ministros de culto que se empeñan en hacer vida política a los cuatro vientos en aras de imponer su ideología.

En contrapunto, sí hay religiosos quienes acotan sus actividades al interior de los templos, quienes cuando se manifiestan en lo público lo hacen en calidad de activistas, a favor de las causas y derechos humanos, dejando de lado incluso lo que la propia doctrina social de su sistema religioso les impone. Con ello, se ganan el respeto de la ciudadanía.

Igualmente, hay funcionarios quienes mantienen su fe religiosa en el ámbito de lo privado y no intentan hacer de la función pública un tapete al servicio de sus creencias.

Por obvias razones, de todos los asuntos públicos, la madre de todas las batallas entre la ciencia, el dogma, la ideología y el pensamiento mágico se libra desde hace siglos y ahora mismo en la esfera educativa. No es secreteo que, quien logre colonizar y subordinar el sistema para la cooptación masiva de las conciencias de las niñas, niños, jóvenes, maestros y sus respectivas familias habrá logrado dar un paso sustancial en su agenda proselitista, por contar con ventajas en su afán de ganar seguidores para su doctrina.

¡Defendamos el derecho de la niñez y juventud a aprender contenidos científicos! ¡Los derechos se conquistan ejerciéndolos!



Sus comentarios son bienvenidos en eaviles@mexicanosprimero.org y en Twitter en @Erik_Aviles

*Doctor en ciencias en desarrollo regional y director general de Mexicanos Primero capítulo Michoacán.


Los derechos humanos deben de seguir su cauce evolutivo. No debemos bajar la guardia. La amenaza de la regresividad es real. Hay grupos que han buscado en Michoacán quitarle el derecho a la niñez y juventud de recibir educación sexual basada en la ciencia y en el marco jurídico vigente.

Increíblemente, discutir sobre la prevalencia de la ciencia en materia educativa sobre el pensamiento mágico, la ideología y creencias religiosas en pleno Siglo XXI vuelve a tomar importancia. Discusiones que parecían superadas retornan a la escena pública y a los diarios de debates legislativos en nuestra entidad, impulsados por intereses adultocéntricos fácilmente rastreables.

Nunca debemos olvidar que, la eliminación de contenidos de carácter científico en las escuelas públicas michoacanas abriría la puerta para el adoctrinamiento, político, religioso, sexual e ideológico, los cuales perpetuarán la dependencia, la ignorancia y el consecuente abuso hacia las generaciones en formación. No debemos permitirlo.

Recientemente, diputados y líderes partidistas se han pronunciado en contra de los derechos educativos en la entidad. No olvidemos que, en la legislatura pasada en Michoacán se presentó la iniciativa del llamado pin parental, consistente en la obligación de los maestros de consultarles a los padres de familia o tutores respecto a si desean se les expliquen a sus hijos contenidos de carácter sexual en términos científicos o no.

Como si de una combinación ajedrecística se tratara, estamos ante una secuencia de pasos muy instrumentado y hasta estudiado en otras latitudes: primeramente, se les hace creer a los padres de familia que ellos deben decidir sobre la ciencia respecto a qué contenidos deben aprender sus hijos, en donde se impulsa la aprobación del pin parental; en un segundo paso, se les imbuye la idea de que, así como pudieron decidir con el pin parental sobre la educación sexual, ahora tienen la “libertad” de elegir la educación religiosa que ellos deseen, con lo cual el pin parental se vuelve multiusos; el remate de estos lances predecibles consiste en que, como la educación es gratuita, el gobierno debe de pagar por la educación sexual y religiosa que decidan los padres de familia. Ergo, tendremos educación dogmática y ministros de culto con plaza de base y sindicalizados en la Secretaría de Educación en el Estado. La maniobra a tres jugadas descrita pudiera parecer propia de una trama conspiratoria, pero hay países como España en donde el pin parental tiene carácter constitucional. Si bien, el nubarrón pende sobre lo que fue la Nueva España, la cientificidad es un atributo constitucional de la educación pública básica en México, no es algo que en nuestra nación esté a discusión.

Mantener la sana distancia requerida entre el sistema educativo estatal, las ideologías y los cultos debe ser una alta misión de los funcionarios educativos, así como de los legisladores.

Lamentablemente, una vez arriban a los cargos públicos, los intereses potenciales atraviesan la delgada línea hacia los conflictos de intereses, manifestando las posturas religiosas desde los escritorios y tribunas, impulsando una agenda particular por encima de la mismísima constitución.

No debe haber ni congreso religioso ni ejecutivo confesional; deben marcar distancia con los ministros de culto que se empeñan en hacer vida política a los cuatro vientos en aras de imponer su ideología.

En contrapunto, sí hay religiosos quienes acotan sus actividades al interior de los templos, quienes cuando se manifiestan en lo público lo hacen en calidad de activistas, a favor de las causas y derechos humanos, dejando de lado incluso lo que la propia doctrina social de su sistema religioso les impone. Con ello, se ganan el respeto de la ciudadanía.

Igualmente, hay funcionarios quienes mantienen su fe religiosa en el ámbito de lo privado y no intentan hacer de la función pública un tapete al servicio de sus creencias.

Por obvias razones, de todos los asuntos públicos, la madre de todas las batallas entre la ciencia, el dogma, la ideología y el pensamiento mágico se libra desde hace siglos y ahora mismo en la esfera educativa. No es secreteo que, quien logre colonizar y subordinar el sistema para la cooptación masiva de las conciencias de las niñas, niños, jóvenes, maestros y sus respectivas familias habrá logrado dar un paso sustancial en su agenda proselitista, por contar con ventajas en su afán de ganar seguidores para su doctrina.

¡Defendamos el derecho de la niñez y juventud a aprender contenidos científicos! ¡Los derechos se conquistan ejerciéndolos!



Sus comentarios son bienvenidos en eaviles@mexicanosprimero.org y en Twitter en @Erik_Aviles

*Doctor en ciencias en desarrollo regional y director general de Mexicanos Primero capítulo Michoacán.


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