/ lunes 4 de julio de 2022

Filosofía como periodismo radical

Todavía no sabemos con exactitud el impacto que ha tenido en México el trabajo realizado por el pensador francés Michel Foucault, lo que sí sabemos es que ha tenido una amplia recepción entre estudiantes, profesores e investigadores de disciplinas como la filosofía, la historia, la sociología, la psicología, la antropología y, por supuesto, en el periodismo.

Desde su muerte, acaecida el 25 de junio de 1984, en París, Francia, cada año en alguna universidad de América o de Europa, se desarrollan uno o varios congresos en los que participan profesionales de la filosofía o especialistas de las áreas de humanidades para discutir la vigencia de su pensamiento.

Acerca de su obras podríamos enunciar las que más impacto mediático han tenido o si se prefiere las que han generado más interés entre investigadores de las más variadas disciplinas, incluido, por supuesto, el periodismo, Vigilar y castigar (Surveiller et Punir, de 1975), y el primer tomo -de cuatro publicados- de la Historia de la Sexualidad (La Volunté de Savoir, de 1976), aunque también se encuentran los cursos ofrecidos en Le Collège de France que se publicaron bajo los títulos de Defender la Sociedad y Nacimiento de la Biopolítica.

En general, su obra constituye una mirada hacia un horizonte filosófico que permite hacer un diagnóstico de nuestro presente. Y es precisamente en este presente, según Foucault, donde la filosofía como periodismo radical se pone de relieve.

Si el periodismo se interesa por la actualidad, lo que pasa en nuestro entorno, lo que somos, o lo que sucede en el mundo, entonces no solamente es periodismo sino una filosofía radical. Así lo planteaba Foucault en las páginas de Le monde est un grand asile al afirmar que para él la filosofía es una especie de periodismo radical, un periodismo que nos conduce a preguntarnos qué está ocurriendo hoy, en la actualidad.

El periodismo radical se entiende como la apuesta por librar una batalla aquí y ahora desde nuestra experiencia para sacar a la luz las condiciones de posibilidad y para transgredir y deshacer. Se trata, en general, de una tarea incansable de búsqueda y apertura de nuevos problemas y perspectivas -atrévete a pensar de otra manera, diría Foucault-.

Todavía es muy pronto para tener ideas concluyentes acerca de los principales postulados de la obra de Foucault, recientemente conocimos la publicación del cuarto volumen de la Historia de la Sexualidad. Las confesiones de la carne, el cual había permanecido inédito durante 34 años.

A unos días de su aniversario luctuoso recordamos a Michel Foucault no solo como uno de los filósofos más influyentes del siglo XX y lo que va del XXI, sino como pensador –el pensador por excelencia de nuestro de tiempo– al que “no hay nada que renovar ni que corregir”, como diría Antonio Negri.

Todavía no sabemos con exactitud el impacto que ha tenido en México el trabajo realizado por el pensador francés Michel Foucault, lo que sí sabemos es que ha tenido una amplia recepción entre estudiantes, profesores e investigadores de disciplinas como la filosofía, la historia, la sociología, la psicología, la antropología y, por supuesto, en el periodismo.

Desde su muerte, acaecida el 25 de junio de 1984, en París, Francia, cada año en alguna universidad de América o de Europa, se desarrollan uno o varios congresos en los que participan profesionales de la filosofía o especialistas de las áreas de humanidades para discutir la vigencia de su pensamiento.

Acerca de su obras podríamos enunciar las que más impacto mediático han tenido o si se prefiere las que han generado más interés entre investigadores de las más variadas disciplinas, incluido, por supuesto, el periodismo, Vigilar y castigar (Surveiller et Punir, de 1975), y el primer tomo -de cuatro publicados- de la Historia de la Sexualidad (La Volunté de Savoir, de 1976), aunque también se encuentran los cursos ofrecidos en Le Collège de France que se publicaron bajo los títulos de Defender la Sociedad y Nacimiento de la Biopolítica.

En general, su obra constituye una mirada hacia un horizonte filosófico que permite hacer un diagnóstico de nuestro presente. Y es precisamente en este presente, según Foucault, donde la filosofía como periodismo radical se pone de relieve.

Si el periodismo se interesa por la actualidad, lo que pasa en nuestro entorno, lo que somos, o lo que sucede en el mundo, entonces no solamente es periodismo sino una filosofía radical. Así lo planteaba Foucault en las páginas de Le monde est un grand asile al afirmar que para él la filosofía es una especie de periodismo radical, un periodismo que nos conduce a preguntarnos qué está ocurriendo hoy, en la actualidad.

El periodismo radical se entiende como la apuesta por librar una batalla aquí y ahora desde nuestra experiencia para sacar a la luz las condiciones de posibilidad y para transgredir y deshacer. Se trata, en general, de una tarea incansable de búsqueda y apertura de nuevos problemas y perspectivas -atrévete a pensar de otra manera, diría Foucault-.

Todavía es muy pronto para tener ideas concluyentes acerca de los principales postulados de la obra de Foucault, recientemente conocimos la publicación del cuarto volumen de la Historia de la Sexualidad. Las confesiones de la carne, el cual había permanecido inédito durante 34 años.

A unos días de su aniversario luctuoso recordamos a Michel Foucault no solo como uno de los filósofos más influyentes del siglo XX y lo que va del XXI, sino como pensador –el pensador por excelencia de nuestro de tiempo– al que “no hay nada que renovar ni que corregir”, como diría Antonio Negri.

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