/ miércoles 5 de diciembre de 2018

La cuarta transformación es con todos

Ha llegado el momento en que debemos mantenernos dentro de una firme disciplina ciudadana -de la que no esté excluida la sana crítica- que nos permita, sin injustificadas agitaciones, movidos todos con un amplio espíritu de trabajo, entregarnos por entero a la inmensa labor de construcción que estamos comprometidos a realizar.

General Lázaro Cárdenas del Río.


Varias afirmaciones que el Presidente Andrés Manuel López Obrador enuncio en sus discursos del día primero de diciembre nos hacen notar la gran pertinencia y similitud de las palabras pronunciadas por el General Lázaro Cárdenas del Río cuando asumió el Poder Ejecutivo nacional el primero de diciembre de 1934; pues si algo debemos tener en claro con relación a lo que significa y representa la llamada cuarta transformación de la vida pública de México, es que no es una tarea que habrá de realizar un solo hombre.

El pasado sábado, en la sesión del Congreso de la Unión, donde Andrés Manuel López Obrador rindió protesta como Presidente Constitucional de la nación, anunció el inicio de la cuarta transformación y el comienzo, no tan solo de un nuevo gobierno, sino de un nuevo régimen. Más tarde, ya en el Zócalo capitalino y ante cerca de 160 mil mexicanos -hecho inédito-, reiteró la importancia de la participación del pueblo para lograr el renacimiento de la nación. Invitó a discutir y analizar en las casas, en las calles y en las plazas el avance del proyecto que propone y a no dejar de encontrarnos, sociedad y gobierno; con el pueblo todo, sin el pueblo nada, sentenció recordando a Juárez.

Considero que justo en eso estriba la transformación a la que hoy asistimos, en romper los moldes de un viejo régimen que gobernaba a oídos sordos y desde suntuosos palacios a puerta cerrada en donde la política pública era delineada por una élite tecnócrata de lenguaje técnico y abstracto que se ufanaba de su privilegiada sapiencia y desconocía la capacidad del pueblo para decidir sobre su futuro.

Hoy, luego de la voluntad popular que se hizo patente el pasado primero de julio y que visibilizó sin lugar a dudas la intención del pueblo por cambiar el rumbo de la nación, no es momento de regresar a nuestras casas y desentendernos de las cuestiones públicas, tenemos que asumir que todos y cada uno de nosotros, el pueblo organizado, somos el principal actor político del país; somos la fuerza que habrá de reactivar la producción nacional; somos los responsables del devenir y el ejemplo de las generaciones futuras. Quiero decir que esta cuarta transformación nos requiere a todos participando constantemente, pues la plena democracia exige responsabilidad y ésta significa entender que la ciudadanía implica algo más que marcar una papeleta cada tres años.

Los retos que como nación habremos de enfrentar son grandes y a la hora de afrontarlos necesariamente aparecerán contradicciones; éstas no deberán desalentarnos, pues de hecho su existencia indica la vigencia de la democracia, ya que el consenso sin disenso suele ser simulación.

Pugno porque mantengamos y fortalezcamos la confianza que como pueblo hemos redescubierto a lo largo de esta transición; confiemos en el poder que juntos constituimos y seamos conscientes de que la victoria que hoy celebramos no fue más que de una batalla. Nuevos adversarios se avizoran en el horizonte, hoy vencimos sólo a una clase política, pero hay otras oligarquías que siguen pretendiendo mantener la injusta desigualdad en el país.

Mis mejores deseos para Andrés Manuel López Obrador, desde el Senado de la República estaré acompañándolo a lo largo de este sexenio tal como lo he venido haciendo desde hace más de 10 años. (F)



Ha llegado el momento en que debemos mantenernos dentro de una firme disciplina ciudadana -de la que no esté excluida la sana crítica- que nos permita, sin injustificadas agitaciones, movidos todos con un amplio espíritu de trabajo, entregarnos por entero a la inmensa labor de construcción que estamos comprometidos a realizar.

General Lázaro Cárdenas del Río.


Varias afirmaciones que el Presidente Andrés Manuel López Obrador enuncio en sus discursos del día primero de diciembre nos hacen notar la gran pertinencia y similitud de las palabras pronunciadas por el General Lázaro Cárdenas del Río cuando asumió el Poder Ejecutivo nacional el primero de diciembre de 1934; pues si algo debemos tener en claro con relación a lo que significa y representa la llamada cuarta transformación de la vida pública de México, es que no es una tarea que habrá de realizar un solo hombre.

El pasado sábado, en la sesión del Congreso de la Unión, donde Andrés Manuel López Obrador rindió protesta como Presidente Constitucional de la nación, anunció el inicio de la cuarta transformación y el comienzo, no tan solo de un nuevo gobierno, sino de un nuevo régimen. Más tarde, ya en el Zócalo capitalino y ante cerca de 160 mil mexicanos -hecho inédito-, reiteró la importancia de la participación del pueblo para lograr el renacimiento de la nación. Invitó a discutir y analizar en las casas, en las calles y en las plazas el avance del proyecto que propone y a no dejar de encontrarnos, sociedad y gobierno; con el pueblo todo, sin el pueblo nada, sentenció recordando a Juárez.

Considero que justo en eso estriba la transformación a la que hoy asistimos, en romper los moldes de un viejo régimen que gobernaba a oídos sordos y desde suntuosos palacios a puerta cerrada en donde la política pública era delineada por una élite tecnócrata de lenguaje técnico y abstracto que se ufanaba de su privilegiada sapiencia y desconocía la capacidad del pueblo para decidir sobre su futuro.

Hoy, luego de la voluntad popular que se hizo patente el pasado primero de julio y que visibilizó sin lugar a dudas la intención del pueblo por cambiar el rumbo de la nación, no es momento de regresar a nuestras casas y desentendernos de las cuestiones públicas, tenemos que asumir que todos y cada uno de nosotros, el pueblo organizado, somos el principal actor político del país; somos la fuerza que habrá de reactivar la producción nacional; somos los responsables del devenir y el ejemplo de las generaciones futuras. Quiero decir que esta cuarta transformación nos requiere a todos participando constantemente, pues la plena democracia exige responsabilidad y ésta significa entender que la ciudadanía implica algo más que marcar una papeleta cada tres años.

Los retos que como nación habremos de enfrentar son grandes y a la hora de afrontarlos necesariamente aparecerán contradicciones; éstas no deberán desalentarnos, pues de hecho su existencia indica la vigencia de la democracia, ya que el consenso sin disenso suele ser simulación.

Pugno porque mantengamos y fortalezcamos la confianza que como pueblo hemos redescubierto a lo largo de esta transición; confiemos en el poder que juntos constituimos y seamos conscientes de que la victoria que hoy celebramos no fue más que de una batalla. Nuevos adversarios se avizoran en el horizonte, hoy vencimos sólo a una clase política, pero hay otras oligarquías que siguen pretendiendo mantener la injusta desigualdad en el país.

Mis mejores deseos para Andrés Manuel López Obrador, desde el Senado de la República estaré acompañándolo a lo largo de este sexenio tal como lo he venido haciendo desde hace más de 10 años. (F)