/ miércoles 11 de mayo de 2022

La deuda de la izquierda hacia las mujeres: derecho a decidir.

México tiene una larga historia respecto a la organización de las mujeres desde diversos ámbitos y espacios, y en sus demandas siempre ha estado presente que la maternidad sea por elección más no por imposición.

Actualmente, la presión social y mediática sobre el día de las madres es apabullante, programas de televisión, anuncios, festivales, canciones, etc. que lejos de ser un espacio de respiro para muchas, es más bien un día que busca acallar los reclamos morales y los cargos de conciencia ante la explotación, la violencia y la indiferencia cotidiana hacia las madres de este país.

En diversos espacios de comunicación y redes sociales, hay una insistente adquisición enseres domésticos para que las mujeres “alivien su carga”, ahora es tan sencillo que hasta los hombres pueden hacerlo. Me resulta indescriptible ver innumerables videos que te dicen cómo debes hacer el trabajo doméstico, aunque más bien lo que en realidad están reforzando es la idea tradicional de subordinación en un orden social prestablecido el cual deben ocupar las mujeres, como “reinas” de su casa ni más ni menos.

Lo interesante es que nadie hace un video en donde se exponga toda la carga que implica la gestación, crianza y cuidados que esto requiere aunado al trabajo doméstico, casi siempre son videos posicionando la mitificación de la madre, que siempre es engañosa ya que resalta la abnegación de la madre más no su hartazgo y explotación.

Esta reflexión no se trata de desvalorizar a la madre, de ninguna manera, se trata de visibilizar las implicaciones de discriminación y violencia que muchas de ellas viven, madres jefas de familia, que han sido obligadas socialmente a quedarse en ese espacio y a truncar sus propios sueños. Y he atestiguado el cómo se les impone a las mujeres ser madres, pero lo más terrible de esto es que siendo niñas embarazadas producto de la violencia sexual se les obliga a serlo, cuando la maternidad debe ser elegida.

En realidad ser madre en este país, es una condición profundamente desigual, ya que se enaltece el discurso de la madre-sacrificada, más no el de derecho a decidir, desde el gobierno sólo existen este tipo de madres, pero en los hechos es todo lo contrario, cada día vemos como se desmantelan los apoyos para las mujeres, llámense estancias infantiles, escuelas de horario extendido, acceso a alimentos y despensas de apoyo, programas de alimentación en escuelas y comedores, espacios de atención integral para las mujeres en situación de riesgo como las migrantes, las jornaleras agrícolas, las trabajadoras de oficios nocturnos, etc.

A esta industrialización del ser madre, está detrás la mercantilización empresarial para poder serlo, clínicas de fertilidad que ofrecen paquetes que van desde los 15 mil hasta los 120 mil pesos, por cada intento. El alquiler de vientres, muy en boga, para parejas “que no pueden o no quieren”, pueden acceder a países como México o Ucrania, sí, efectivamente este país que está siendo masacrado por Rusia, en donde esto es un negocio empresarial legal, que va de los 30 mil a 40 mil euros.

En nuestro país, se de algunas mujeres que son llevadas a la frontera o a estados del occidente de nuestro país, para que subroguen sus vientres con contratos muchos de ellos leoninos, en donde van desde el control de la alimentación, medicamentos, etc. que son más bien de esclavitud.

Ante este panorama, ser madre, no sólo es una exigencia social, familiar y de pareja, sino también comercial, lo que perpetua la cosificación de los cuerpos, el condicionamiento a ser madres para ser aceptadas o perdonadas, principalmente las niñas y las adolescentes que dieron su “mal paso”. De ahí la importancia del derecho a decidir, de contar con todos los medios, mecanismos, programas y recursos posibles que permitan a las mujeres decidir cuántos hijos e hijas quieren y pueden tener, que no sea el costo su vida o sus libertades, a los que tenga que renunciar con tal de ser “completa”.

Las mujeres son y somos seres completos, dignificarnos como mujeres es decidir y regir sobre nuestros cuerpos. Sería bueno, tener un día por el derecho a decidir o un día por la maternidad elegida, eso es en lo que debería trabajar el Congreso del estado, si es que decide por una agenda progresista y protección a los derechos humanos de las mujeres, ya que como autonombrados de “izquierda” nos lo deben.

México tiene una larga historia respecto a la organización de las mujeres desde diversos ámbitos y espacios, y en sus demandas siempre ha estado presente que la maternidad sea por elección más no por imposición.

Actualmente, la presión social y mediática sobre el día de las madres es apabullante, programas de televisión, anuncios, festivales, canciones, etc. que lejos de ser un espacio de respiro para muchas, es más bien un día que busca acallar los reclamos morales y los cargos de conciencia ante la explotación, la violencia y la indiferencia cotidiana hacia las madres de este país.

En diversos espacios de comunicación y redes sociales, hay una insistente adquisición enseres domésticos para que las mujeres “alivien su carga”, ahora es tan sencillo que hasta los hombres pueden hacerlo. Me resulta indescriptible ver innumerables videos que te dicen cómo debes hacer el trabajo doméstico, aunque más bien lo que en realidad están reforzando es la idea tradicional de subordinación en un orden social prestablecido el cual deben ocupar las mujeres, como “reinas” de su casa ni más ni menos.

Lo interesante es que nadie hace un video en donde se exponga toda la carga que implica la gestación, crianza y cuidados que esto requiere aunado al trabajo doméstico, casi siempre son videos posicionando la mitificación de la madre, que siempre es engañosa ya que resalta la abnegación de la madre más no su hartazgo y explotación.

Esta reflexión no se trata de desvalorizar a la madre, de ninguna manera, se trata de visibilizar las implicaciones de discriminación y violencia que muchas de ellas viven, madres jefas de familia, que han sido obligadas socialmente a quedarse en ese espacio y a truncar sus propios sueños. Y he atestiguado el cómo se les impone a las mujeres ser madres, pero lo más terrible de esto es que siendo niñas embarazadas producto de la violencia sexual se les obliga a serlo, cuando la maternidad debe ser elegida.

En realidad ser madre en este país, es una condición profundamente desigual, ya que se enaltece el discurso de la madre-sacrificada, más no el de derecho a decidir, desde el gobierno sólo existen este tipo de madres, pero en los hechos es todo lo contrario, cada día vemos como se desmantelan los apoyos para las mujeres, llámense estancias infantiles, escuelas de horario extendido, acceso a alimentos y despensas de apoyo, programas de alimentación en escuelas y comedores, espacios de atención integral para las mujeres en situación de riesgo como las migrantes, las jornaleras agrícolas, las trabajadoras de oficios nocturnos, etc.

A esta industrialización del ser madre, está detrás la mercantilización empresarial para poder serlo, clínicas de fertilidad que ofrecen paquetes que van desde los 15 mil hasta los 120 mil pesos, por cada intento. El alquiler de vientres, muy en boga, para parejas “que no pueden o no quieren”, pueden acceder a países como México o Ucrania, sí, efectivamente este país que está siendo masacrado por Rusia, en donde esto es un negocio empresarial legal, que va de los 30 mil a 40 mil euros.

En nuestro país, se de algunas mujeres que son llevadas a la frontera o a estados del occidente de nuestro país, para que subroguen sus vientres con contratos muchos de ellos leoninos, en donde van desde el control de la alimentación, medicamentos, etc. que son más bien de esclavitud.

Ante este panorama, ser madre, no sólo es una exigencia social, familiar y de pareja, sino también comercial, lo que perpetua la cosificación de los cuerpos, el condicionamiento a ser madres para ser aceptadas o perdonadas, principalmente las niñas y las adolescentes que dieron su “mal paso”. De ahí la importancia del derecho a decidir, de contar con todos los medios, mecanismos, programas y recursos posibles que permitan a las mujeres decidir cuántos hijos e hijas quieren y pueden tener, que no sea el costo su vida o sus libertades, a los que tenga que renunciar con tal de ser “completa”.

Las mujeres son y somos seres completos, dignificarnos como mujeres es decidir y regir sobre nuestros cuerpos. Sería bueno, tener un día por el derecho a decidir o un día por la maternidad elegida, eso es en lo que debería trabajar el Congreso del estado, si es que decide por una agenda progresista y protección a los derechos humanos de las mujeres, ya que como autonombrados de “izquierda” nos lo deben.

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