/ miércoles 17 de noviembre de 2021

¿La tercera será la vencida?

Consecuencia de la incapacidad de las autoridades locales Michoacán ha sobrevivido ya dos estrategias distintas para contener la violencia e inseguridad que hemos vivido durante los últimos 15 años y, sin embargo, ninguna ha eliminado el problema de fondo, lo que nos deja atorados con este nuevo plan.

En diciembre de 2016 el gobierno federal comandado por Felipe Calderón, desplegó sobre Michoacán 7000 elementos militares en lo que fue llamado Operación Conjunta Michoacán. Años más tarde, el 15 de enero de 2014 el gobierno federal de Peña Nieto nombró a Alfredo Castillo como comisionado de Seguridad y Desarrollo Integral para Michoacán, otorgándole facultades extraordinarias para coordinar a los 3 niveles de gobierno en acciones contra el narcotráfico, y por último, hace poco más de un mes el gobierno federal del Presidente López Obrador anunció el Plan de Apoyo para Michoacán, que considera la presencia de más de 17 mil efectivos, entre militares, Guardia Nacional y policía y 400 infantes de marina.

Todos estos movimientos y decisiones estratégicas del gobierno federal han tenido como objetivo, según sus palabras, "lograr regresar la paz, la tranquilidad y la confianza" al pueblo michoacano y por lo menos los primeros dos han sido rotundos y sangrientos fracasos.

En los dos primeros planes de apoyo hubo un notorio e inmediato descenso en los hechos delictivos, consecuencia simple de los despliegues policíacos y militares, sin embargo, a más 30 días de que anunciaran el plan de la 4T no se ha visto una disminución y por el contrario si hemos visto un aumento en los hechos violentos

De más estaría hacer un recuento de todos los sucesos criminales ocurridos en la entidad, sin embargo, entre los más notorios han sido las masacres de Morelia, Tarecuato y la ocurrida en el municipio de Hidalgo.

También vimos el desfile de poder ocurrido hace una semana en Ziracuaretiro por el grupo autodenominado Pueblos Unidos y apenas hace dos días la reaparición fuertemente armada de grupos de civiles en el municipio de San Juan Nuevo. Sin embargo, no han sido las únicas, pues del 9 de octubre al 9 de noviembre han sido asesinadas 272 personas en el estado, cifra muy cercana a la registrada en el mismo período del año pasado.

Desde que la federación anunció este tercer plan estratégico de seguridad, la violencia en Michoacán sólo ha ido en aumento y parece ser que así seguirá, pues si no aprendemos de los errores del pasado, seguiremos condenados a repetir la misma historia.

En mi pueblo dicen mucho que la tercera es la vencida, y no sé si es cierto, pero hoy espero con mucha ansía que sea verdad.

El pueblo michoacano está cansado de vivir con miedo, de las olas de violencia, de los niveles de inseguridad, de nunca saber cuándo le va a tocar a uno, de la impunidad. Los y las michoacanas votamos por la esperanza, les dimos el voto de confianza y ahora nos deben responder.

Reconocer el problema y la magnitud del mismo es el primer paso, pero que no quede en eso. Que las palabras del nuevo gobernador no se queden en un vano reconocimiento que pueda tomarse como confesión de incapacidad, si no que sea una declaración de que el primer paso ya fue dado y que en esta ocasión si lograrán regresar la paz y la tranquilidad al estado.

Consecuencia de la incapacidad de las autoridades locales Michoacán ha sobrevivido ya dos estrategias distintas para contener la violencia e inseguridad que hemos vivido durante los últimos 15 años y, sin embargo, ninguna ha eliminado el problema de fondo, lo que nos deja atorados con este nuevo plan.

En diciembre de 2016 el gobierno federal comandado por Felipe Calderón, desplegó sobre Michoacán 7000 elementos militares en lo que fue llamado Operación Conjunta Michoacán. Años más tarde, el 15 de enero de 2014 el gobierno federal de Peña Nieto nombró a Alfredo Castillo como comisionado de Seguridad y Desarrollo Integral para Michoacán, otorgándole facultades extraordinarias para coordinar a los 3 niveles de gobierno en acciones contra el narcotráfico, y por último, hace poco más de un mes el gobierno federal del Presidente López Obrador anunció el Plan de Apoyo para Michoacán, que considera la presencia de más de 17 mil efectivos, entre militares, Guardia Nacional y policía y 400 infantes de marina.

Todos estos movimientos y decisiones estratégicas del gobierno federal han tenido como objetivo, según sus palabras, "lograr regresar la paz, la tranquilidad y la confianza" al pueblo michoacano y por lo menos los primeros dos han sido rotundos y sangrientos fracasos.

En los dos primeros planes de apoyo hubo un notorio e inmediato descenso en los hechos delictivos, consecuencia simple de los despliegues policíacos y militares, sin embargo, a más 30 días de que anunciaran el plan de la 4T no se ha visto una disminución y por el contrario si hemos visto un aumento en los hechos violentos

De más estaría hacer un recuento de todos los sucesos criminales ocurridos en la entidad, sin embargo, entre los más notorios han sido las masacres de Morelia, Tarecuato y la ocurrida en el municipio de Hidalgo.

También vimos el desfile de poder ocurrido hace una semana en Ziracuaretiro por el grupo autodenominado Pueblos Unidos y apenas hace dos días la reaparición fuertemente armada de grupos de civiles en el municipio de San Juan Nuevo. Sin embargo, no han sido las únicas, pues del 9 de octubre al 9 de noviembre han sido asesinadas 272 personas en el estado, cifra muy cercana a la registrada en el mismo período del año pasado.

Desde que la federación anunció este tercer plan estratégico de seguridad, la violencia en Michoacán sólo ha ido en aumento y parece ser que así seguirá, pues si no aprendemos de los errores del pasado, seguiremos condenados a repetir la misma historia.

En mi pueblo dicen mucho que la tercera es la vencida, y no sé si es cierto, pero hoy espero con mucha ansía que sea verdad.

El pueblo michoacano está cansado de vivir con miedo, de las olas de violencia, de los niveles de inseguridad, de nunca saber cuándo le va a tocar a uno, de la impunidad. Los y las michoacanas votamos por la esperanza, les dimos el voto de confianza y ahora nos deben responder.

Reconocer el problema y la magnitud del mismo es el primer paso, pero que no quede en eso. Que las palabras del nuevo gobernador no se queden en un vano reconocimiento que pueda tomarse como confesión de incapacidad, si no que sea una declaración de que el primer paso ya fue dado y que en esta ocasión si lograrán regresar la paz y la tranquilidad al estado.