/ lunes 20 de junio de 2022

Los cuatro principios del periodismo

La nueva columna que hoy se publica pretende enfocar su mirada hacia la relación entre periodismo y filosofía. Su autor, reportero de medios impresos y profesor de filosofía y estudios culturales, se ha colocado justo en el centro y ahora con Líbero busca llevar, a través de reseñas de textos y autores contemporáneos, el tema al debate público.


Actualmente, casi todas las cosas que generan interés se encuentran en crisis, la economía, la política, la filosofía y, en general, cada una de las manifestaciones sociales y culturales.

El periodismo no es la excepción, pero si está en crisis es porque ha perdido el foco. Su lugar, está siendo ocupado por la propaganda y las fake news, se ha dejado llevar por la inercia mecánica que rige Google y las redes sociales, así como por la técnica del clickbait.

Para replantear el papel que juega el periodismo -o mejor dicho, el oficio de periodista- en nuestra sociedad debemos partir de las reflexiones que realiza Albert Lladó en su obra La mirada lúcida. El periodismo más allá de la opinión y la información.

En esta pequeña obra, Lladó retoma el artículo de Albert Camus, un manifiesto en favor de la libertad de prensa que fue censurado por las autoridades francesas y que no sería publicado sino hasta medio siglo después, tras ser descubierto en los Archivos de Ultramar de Aix en Provence. En este ensayo Camus subraya que para dar contenido al ejercicio periodístico se requiere que éste esté basado en la lucidez, la desobediencia, la ironía y la obstinación.

Ciertamente, el periodismo actual no enfrenta censura alguna similar a la del siglo pasado, lo que tenemos ahora es este “mundo digital” que alimenta, según Lladó, nuestros prejuicios y lo hace todo el tiempo.

Lladó no plantea una lucha cuerpo a cuerpo con la tecnología, el periodismo -nos dice- pierde su valor porque actúa y piensa en función del impacto -y los likes- que generan sus noticias en las redes sociales, por ello, rescata la lucidez, la desobediencia, la ironía y la obstinación, cuatro principios sin los cuales no estamos en condiciones de acceder a un periodismo libre.

La lucidez nace de la voluntad de mirar la realidad activamente, de recordar que la credibilidad del periodista se basa no en la objetividad sino en su honestidad; el periodismo debe desobedecer y dudar del relato impuesto, creando y defendiendo una agenda propia; la ironía es también la mejor forma de escapar al algoritmo; la obstinación en cambio es la mejor herramienta para no dejarse llevar por la inercia.

En La mirada lúcida, Albert Lladó asegura que el reto actual del periodismo sería evitar que después de leer un reportaje, entrevista o crónica, “no ocurra nada, que las palabras ni nos incomoden ni nos estremezcan”. Esta sería, pues, la apuesta principal del ejercicio periodístico.

La nueva columna que hoy se publica pretende enfocar su mirada hacia la relación entre periodismo y filosofía. Su autor, reportero de medios impresos y profesor de filosofía y estudios culturales, se ha colocado justo en el centro y ahora con Líbero busca llevar, a través de reseñas de textos y autores contemporáneos, el tema al debate público.


Actualmente, casi todas las cosas que generan interés se encuentran en crisis, la economía, la política, la filosofía y, en general, cada una de las manifestaciones sociales y culturales.

El periodismo no es la excepción, pero si está en crisis es porque ha perdido el foco. Su lugar, está siendo ocupado por la propaganda y las fake news, se ha dejado llevar por la inercia mecánica que rige Google y las redes sociales, así como por la técnica del clickbait.

Para replantear el papel que juega el periodismo -o mejor dicho, el oficio de periodista- en nuestra sociedad debemos partir de las reflexiones que realiza Albert Lladó en su obra La mirada lúcida. El periodismo más allá de la opinión y la información.

En esta pequeña obra, Lladó retoma el artículo de Albert Camus, un manifiesto en favor de la libertad de prensa que fue censurado por las autoridades francesas y que no sería publicado sino hasta medio siglo después, tras ser descubierto en los Archivos de Ultramar de Aix en Provence. En este ensayo Camus subraya que para dar contenido al ejercicio periodístico se requiere que éste esté basado en la lucidez, la desobediencia, la ironía y la obstinación.

Ciertamente, el periodismo actual no enfrenta censura alguna similar a la del siglo pasado, lo que tenemos ahora es este “mundo digital” que alimenta, según Lladó, nuestros prejuicios y lo hace todo el tiempo.

Lladó no plantea una lucha cuerpo a cuerpo con la tecnología, el periodismo -nos dice- pierde su valor porque actúa y piensa en función del impacto -y los likes- que generan sus noticias en las redes sociales, por ello, rescata la lucidez, la desobediencia, la ironía y la obstinación, cuatro principios sin los cuales no estamos en condiciones de acceder a un periodismo libre.

La lucidez nace de la voluntad de mirar la realidad activamente, de recordar que la credibilidad del periodista se basa no en la objetividad sino en su honestidad; el periodismo debe desobedecer y dudar del relato impuesto, creando y defendiendo una agenda propia; la ironía es también la mejor forma de escapar al algoritmo; la obstinación en cambio es la mejor herramienta para no dejarse llevar por la inercia.

En La mirada lúcida, Albert Lladó asegura que el reto actual del periodismo sería evitar que después de leer un reportaje, entrevista o crónica, “no ocurra nada, que las palabras ni nos incomoden ni nos estremezcan”. Esta sería, pues, la apuesta principal del ejercicio periodístico.

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