/ viernes 25 de enero de 2019

LUZ COMPARTIDA

“Vivimos en una época en la que ciertas cosas innecesarias

son nuestras únicas necesidades”

Oscar Wilde


La globalización de la indiferencia es uno de los desafíos más urgentes. A este llamado se han sumado los líderes espirituales y de opinión señalando que la actitud egoísta y la superficialidad, han alcanzado una dimensión global.

Se trata de un desafío urgente que debemos afrontar, pues a partir de sentirnos bien y "a gusto" nos olvidamos de los demás, mostramos desinterés por los problemas e injusticias que padece el prójimo.

Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano. Al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir.

Es necesario entonces apelar a la solidaridad y a la cercanía con los más necesitados. Para ello es preciso fortalecer los corazones. La educación integral, sin duda, abona a la sensibilización y práctica de esta tarea.

José Luis Larrea señala que: “La trampa de la superficialidad, en la que como sociedad hemos caído, se ha visto alimentada por tres tendencias fundamentales: la globalización (que añade diversidad), el desarrollo tecnológico (que añade conectividad) y la rapidez con la que se desarrolla el tiempo en el espacio (que añade velocidad). Estas tendencias generales suponen un incremento de la complejidad y de la incertidumbre y tienen un peligro: la búsqueda de lo inmediato (rápido), lo concreto (simple) y lo fácil (gratis). El peligro de la superficialidad en la que hemos caído nos lleva a apostar por el gratis total; esto es, que no nos cueste tiempo, ni reflexión, ni esfuerzo”

¿Qué hacemos ante esta preocupante realidad? “Frente a la superficialidad, la profundidad y el rigor. Volver a recuperar la importancia de los detalles, de los matices. Por otra parte, frente al “encanto embriagador de las burbujas” no nos queda sino la perseverancia, la consistencia y el trabajo duro. Y frente a la estupidez necesitamos la inteligencia. Necesitamos escuchar a los mejores y darles campo de juego.

Para abordar la nueva situación y los nuevos compromisos, la clave está en activar el liderazgo de los hacedores. Ellos son capaces de poner en valor, la diversidad, activando la cooperación entre diferentes. Es el tipo de liderazgo que necesita una sociedad caracterizada por un contexto de creciente complejidad. Necesitamos menos palabras y más hechos”

El fenómeno de la globalización actual, en su afán de unificar los mercados, está poniendo en peligro las variedades culturales y su identidad, además de deteriorar su capacidad creativa y su sensibilidad” Ko Un


“Vivimos en una época en la que ciertas cosas innecesarias

son nuestras únicas necesidades”

Oscar Wilde


La globalización de la indiferencia es uno de los desafíos más urgentes. A este llamado se han sumado los líderes espirituales y de opinión señalando que la actitud egoísta y la superficialidad, han alcanzado una dimensión global.

Se trata de un desafío urgente que debemos afrontar, pues a partir de sentirnos bien y "a gusto" nos olvidamos de los demás, mostramos desinterés por los problemas e injusticias que padece el prójimo.

Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano. Al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir.

Es necesario entonces apelar a la solidaridad y a la cercanía con los más necesitados. Para ello es preciso fortalecer los corazones. La educación integral, sin duda, abona a la sensibilización y práctica de esta tarea.

José Luis Larrea señala que: “La trampa de la superficialidad, en la que como sociedad hemos caído, se ha visto alimentada por tres tendencias fundamentales: la globalización (que añade diversidad), el desarrollo tecnológico (que añade conectividad) y la rapidez con la que se desarrolla el tiempo en el espacio (que añade velocidad). Estas tendencias generales suponen un incremento de la complejidad y de la incertidumbre y tienen un peligro: la búsqueda de lo inmediato (rápido), lo concreto (simple) y lo fácil (gratis). El peligro de la superficialidad en la que hemos caído nos lleva a apostar por el gratis total; esto es, que no nos cueste tiempo, ni reflexión, ni esfuerzo”

¿Qué hacemos ante esta preocupante realidad? “Frente a la superficialidad, la profundidad y el rigor. Volver a recuperar la importancia de los detalles, de los matices. Por otra parte, frente al “encanto embriagador de las burbujas” no nos queda sino la perseverancia, la consistencia y el trabajo duro. Y frente a la estupidez necesitamos la inteligencia. Necesitamos escuchar a los mejores y darles campo de juego.

Para abordar la nueva situación y los nuevos compromisos, la clave está en activar el liderazgo de los hacedores. Ellos son capaces de poner en valor, la diversidad, activando la cooperación entre diferentes. Es el tipo de liderazgo que necesita una sociedad caracterizada por un contexto de creciente complejidad. Necesitamos menos palabras y más hechos”

El fenómeno de la globalización actual, en su afán de unificar los mercados, está poniendo en peligro las variedades culturales y su identidad, además de deteriorar su capacidad creativa y su sensibilidad” Ko Un


viernes 05 de abril de 2019

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