/ martes 24 de mayo de 2022

Morelia

Morelia celebró el pasado 18 de mayo su aniversario 481, la antigua Valladolid tiene una evidente densidad histórica que se conecta con el génesis de nuestro país, el centro de la ilustración se radicó en el antiguo Colegio de San Nicolás, sitio en el que desfilaron personajes como Miguel Hidalgo y Costilla, quien fuera rector, además del más grande hijo moreliano y arquitecto del Estado mexicano, Don José María Morelos y Pavón.

Muchas cosas se pueden decir y escribir de la capital michoacana, su trayecto histórico y su significación para alcanzar, en su momento, la independencia nacional. Su pasado y presente que perfilan porvenir.

En otra razón de ideas, el programa de vacunación anticovid avanza no con la velocidad deseada pero continúa para con ello tener certidumbre ante los daños que la enfermedad ha provocado en nuestro país y el mundo.

Ante tales circunstancias no está por demás abrir las ventanas de la cultura para fortalecernos, tras dos años de pandemia y ante la violencia desmedida que se registra cotidianamente en la ciudad de las canteras rosas que define un cuadro patético en el que las autoridades no atinan a resolver dicha situación porque dicen los discursos predecibles y huecos de los últimos tiempos.

En la sesión de cabildo del 18 de mayo pasado se confirió la Presea Generalísimo Morelos a un distinguido nicolaita moreliano, nos referimos al ius filósofo Marco Antonio Aguilar Cortés, quien ha sido presidente municipal de Morelia, rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, diputado federal y local, así como magistrado presidente del Poder Judicial de nuestra entidad, entre muchos cargos de alta responsabilidad.

Honrar honra expresó alguna vez el brillante cubano José Martí, se trató de un reconocimiento aprobado por unanimidad del cabildo moreliano, un merecido reconocimiento para Marco Antonio Aguilar Cortés maestro de muchas generaciones en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de nuestra máxima casa de estudios.

Nuestra realidad, por otra parte, nos indica que la pandemia va a la baja según reportes de las autoridades sanitarias aunque prevalece y al no estar extinta los riesgos persisten con menos intensidad pero no tiene punto final.

Mientras tanto siempre será una opción el arte y la cultura para agregar más motivos a la vida diaria, hace unos días fue aniversario del natalicio de un genio de nuestras letras como lo es Juan Rulfo y siempre será oportuno regresar a sus obras, la más festejada es sin duda Pedro Páramo; de igual manera también se reconoció públicamente a Elena Poniatowska por sus 90 años, la escritora de origen europeo ha dejado muchas novelas, la más conocida es La noche de Tlatelolco.

La literatura es balsámica, máxime en estos tiempos en los que cabalgan los absurdos.

Los libros nos permiten la franca posibilidad de quitar los frenos a la imaginación, encender una luz para disipar la oscuridad de la soledad, combatir el aburrimiento y renovar la capacidad de asombro porque son diversos los temas e infinitas las historias que se tejen alrededor de la tinta y el papel.

Releer libros aporta nuevos datos y nos ayuda a ejercer un criterio hermenéutico para glosar e interpretar contenidos, el confinamiento motivado por la pandemia motivó la opción siempre válida de regresar por el camino de las letras.


Morelia celebró el pasado 18 de mayo su aniversario 481, la antigua Valladolid tiene una evidente densidad histórica que se conecta con el génesis de nuestro país, el centro de la ilustración se radicó en el antiguo Colegio de San Nicolás, sitio en el que desfilaron personajes como Miguel Hidalgo y Costilla, quien fuera rector, además del más grande hijo moreliano y arquitecto del Estado mexicano, Don José María Morelos y Pavón.

Muchas cosas se pueden decir y escribir de la capital michoacana, su trayecto histórico y su significación para alcanzar, en su momento, la independencia nacional. Su pasado y presente que perfilan porvenir.

En otra razón de ideas, el programa de vacunación anticovid avanza no con la velocidad deseada pero continúa para con ello tener certidumbre ante los daños que la enfermedad ha provocado en nuestro país y el mundo.

Ante tales circunstancias no está por demás abrir las ventanas de la cultura para fortalecernos, tras dos años de pandemia y ante la violencia desmedida que se registra cotidianamente en la ciudad de las canteras rosas que define un cuadro patético en el que las autoridades no atinan a resolver dicha situación porque dicen los discursos predecibles y huecos de los últimos tiempos.

En la sesión de cabildo del 18 de mayo pasado se confirió la Presea Generalísimo Morelos a un distinguido nicolaita moreliano, nos referimos al ius filósofo Marco Antonio Aguilar Cortés, quien ha sido presidente municipal de Morelia, rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, diputado federal y local, así como magistrado presidente del Poder Judicial de nuestra entidad, entre muchos cargos de alta responsabilidad.

Honrar honra expresó alguna vez el brillante cubano José Martí, se trató de un reconocimiento aprobado por unanimidad del cabildo moreliano, un merecido reconocimiento para Marco Antonio Aguilar Cortés maestro de muchas generaciones en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de nuestra máxima casa de estudios.

Nuestra realidad, por otra parte, nos indica que la pandemia va a la baja según reportes de las autoridades sanitarias aunque prevalece y al no estar extinta los riesgos persisten con menos intensidad pero no tiene punto final.

Mientras tanto siempre será una opción el arte y la cultura para agregar más motivos a la vida diaria, hace unos días fue aniversario del natalicio de un genio de nuestras letras como lo es Juan Rulfo y siempre será oportuno regresar a sus obras, la más festejada es sin duda Pedro Páramo; de igual manera también se reconoció públicamente a Elena Poniatowska por sus 90 años, la escritora de origen europeo ha dejado muchas novelas, la más conocida es La noche de Tlatelolco.

La literatura es balsámica, máxime en estos tiempos en los que cabalgan los absurdos.

Los libros nos permiten la franca posibilidad de quitar los frenos a la imaginación, encender una luz para disipar la oscuridad de la soledad, combatir el aburrimiento y renovar la capacidad de asombro porque son diversos los temas e infinitas las historias que se tejen alrededor de la tinta y el papel.

Releer libros aporta nuevos datos y nos ayuda a ejercer un criterio hermenéutico para glosar e interpretar contenidos, el confinamiento motivado por la pandemia motivó la opción siempre válida de regresar por el camino de las letras.


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