/ martes 3 de agosto de 2021

Partidos e ideología

El crepúsculo ideológico parece haber tocado a las organizaciones partidarias que se han decantado por el pragmatismo para dejar de lado, ignorar, su doctrina política que les distinguía y caracterizaba a través de la declaración de principios, estatutos e historia. En la actualidad los partidos lucen más como franquicias alistadas para arribar al poder, si bien es el objetivo de estas organizaciones ya no se distinguen tanto las diferencias de fondo.

El Partido Revolucionario Institucional es una clara muestra de ello, otrora disciplinado y ortodoxo al practicar su liturgia originada en 1929 por el fundador Plutarco Elías Calles, actualmente enfrenta fisuras al interior que arrojan como resultado la próxima expulsión de sus filas del ex gobernador de Oaxaca Ulises Ruiz, quien encabezó la ocupación de los accesos de la sede del priismo hace algunas semanas. Se aprecia un relevo generacional en el tricolor que perdió varias gubernaturas en los comicios anteriores.

Antiguamente al Revolucionario Institucional le distinguía una disciplina ortodoxa, aún se recuerda lo que expresó uno de sus militantes conspicuos, Fidel Velázquez, “quien se mueve no sale en la foto”, en estos tiempos dicha expresión es anacrónica porque parece que lo actual es forzar escenarios, los paradigmas en política también se renuevan.

La forma es fondo expresaría Jesús Reyes Heroles, acaso el último ideólogo destacado del priismo. En la actualidad el Revolucionario Institucional parece tener más historia que futuro, tejió alianzas con el Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática, algo impensable hace unos años porque el origen de sus ahora aliados fue más bien contrario al tricolor, máxime si hacemos memoria de algunos de los fundadores de ambas organizaciones que pugnaron por combatir al priismo.

Durante décadas el PRI presumía una línea ideológica a la que llamaban nacionalismo-revolucionario, que nuca terminaron de explicar, porque en todo caso fue un brazo electoral del antiguo régimen y se acoplaba a las modas sexenales impuestas por los presidentes de la república de turno emanados de dicha formación partidista.

Cada mandatario federal fue durante seis años el jefe máximo al interior del tricolor, su voluntad y decisión definieron escenarios sin oposición interna.

Las oposiciones en nuestro país no se han articulado, más allá de la coyuntura electoral reciente, los dirigentes de los partidos contrarios a Morena han manifestado que su alianza será más allá del asunto de los comicios, aunque no queda claro bajo qué condiciones.

Bien lo expuso en su momento el sociólogo Max Weber, a las organizaciones políticas les marca su origen y el PRI nació de las encumbradas elites de procedencia revolucionaria, siempre participó en las contiendas electorales con ventaja evidente, la equidad no se registraba en aquellos tiempos de las facciones que con la misma procedencia participaron en la repartición del poder para dar paso a los cacicazgos. Rigen otros tiempos, aún se espera una oposición consistente que de momento no existe en el país.

Habrá que esperar los rumbos que determinen los próximos tiempos en medio de circunstancias impredecibles en muchos sentidos. Lo cierto es que la falta de consistencia ideológica se percibe enseguida, ello desdibuja a los partidos que encuentran en el pragmatismo un medio y, pareciera, una finalidad.

Lo cierto es que el PRI enfrenta su propia crisis que le hace evocar un pasado lejano que le hace replantear su futuro.

El crepúsculo ideológico parece haber tocado a las organizaciones partidarias que se han decantado por el pragmatismo para dejar de lado, ignorar, su doctrina política que les distinguía y caracterizaba a través de la declaración de principios, estatutos e historia. En la actualidad los partidos lucen más como franquicias alistadas para arribar al poder, si bien es el objetivo de estas organizaciones ya no se distinguen tanto las diferencias de fondo.

El Partido Revolucionario Institucional es una clara muestra de ello, otrora disciplinado y ortodoxo al practicar su liturgia originada en 1929 por el fundador Plutarco Elías Calles, actualmente enfrenta fisuras al interior que arrojan como resultado la próxima expulsión de sus filas del ex gobernador de Oaxaca Ulises Ruiz, quien encabezó la ocupación de los accesos de la sede del priismo hace algunas semanas. Se aprecia un relevo generacional en el tricolor que perdió varias gubernaturas en los comicios anteriores.

Antiguamente al Revolucionario Institucional le distinguía una disciplina ortodoxa, aún se recuerda lo que expresó uno de sus militantes conspicuos, Fidel Velázquez, “quien se mueve no sale en la foto”, en estos tiempos dicha expresión es anacrónica porque parece que lo actual es forzar escenarios, los paradigmas en política también se renuevan.

La forma es fondo expresaría Jesús Reyes Heroles, acaso el último ideólogo destacado del priismo. En la actualidad el Revolucionario Institucional parece tener más historia que futuro, tejió alianzas con el Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática, algo impensable hace unos años porque el origen de sus ahora aliados fue más bien contrario al tricolor, máxime si hacemos memoria de algunos de los fundadores de ambas organizaciones que pugnaron por combatir al priismo.

Durante décadas el PRI presumía una línea ideológica a la que llamaban nacionalismo-revolucionario, que nuca terminaron de explicar, porque en todo caso fue un brazo electoral del antiguo régimen y se acoplaba a las modas sexenales impuestas por los presidentes de la república de turno emanados de dicha formación partidista.

Cada mandatario federal fue durante seis años el jefe máximo al interior del tricolor, su voluntad y decisión definieron escenarios sin oposición interna.

Las oposiciones en nuestro país no se han articulado, más allá de la coyuntura electoral reciente, los dirigentes de los partidos contrarios a Morena han manifestado que su alianza será más allá del asunto de los comicios, aunque no queda claro bajo qué condiciones.

Bien lo expuso en su momento el sociólogo Max Weber, a las organizaciones políticas les marca su origen y el PRI nació de las encumbradas elites de procedencia revolucionaria, siempre participó en las contiendas electorales con ventaja evidente, la equidad no se registraba en aquellos tiempos de las facciones que con la misma procedencia participaron en la repartición del poder para dar paso a los cacicazgos. Rigen otros tiempos, aún se espera una oposición consistente que de momento no existe en el país.

Habrá que esperar los rumbos que determinen los próximos tiempos en medio de circunstancias impredecibles en muchos sentidos. Lo cierto es que la falta de consistencia ideológica se percibe enseguida, ello desdibuja a los partidos que encuentran en el pragmatismo un medio y, pareciera, una finalidad.

Lo cierto es que el PRI enfrenta su propia crisis que le hace evocar un pasado lejano que le hace replantear su futuro.

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