/ jueves 18 de octubre de 2018

Pod ¿la vaina? (continuación)

Estefanía Riveros Figueroa

El “pod” (especie de catarina gigante donde uno se sumerge a descansar) se relaciona con una terapia cuyo nombre en inglés es REST (descanso) y atiende a las siglas: Restricted Environmental Stimulation Therapy, lo cual indica que el ambiente que rodea al usuario es modificado de tal forma que los estímulos que le llegan están controlados hasta el punto de llevarlo a la relajación, por medio de una meditación inducida que sea natural y fácil de alcanzar.

Esto vendría bien para las personas que no están acostumbradas al rigor que requiere practicar la meditación. Veámoslo de esta forma lector, si alguna vez has intentado estar solo con tus pensamientos para “dejar tu mente en blanco”, se requiere una considerable cantidad de esfuerzo para lograrlo de manera satisfactoria, lo que muchas veces no es posible ya sea porque no tienes suficiente tiempo o demasiadas cosas pasan por tu mente y ese “ruido mental” no lo puedes callar.

Pod es la alternativa ante esto, ya que en lugar de indicarte que “dejes tu mente en blanco” te invita a que dejes las ideas fluir, que permitas que todo ese ruido interior salga mientras flotas en agua salada. Lo anterior, según dicen sus adeptos, permite que el usuario tenga momentos de inspiración inusitados, como los que veíamos en Arquímedes.

Para las personas que tienen disciplina meditando, ya sea a través del yoga, la meditación zen, pronunciando mantras o que estén acostumbradas a rezar el rosario, el hecho de sólo sumergirse y entrar en un nivel elevado tal vez podrá parecerles superficial porque el esfuerzo y la dedicación es mínima, pero en la realidad la ley del mínimo esfuerzo es la ley de los tiempos modernos.

El único inconveniente que encuentro en el pod, además de su elevado costo, es la situación de la energía eléctrica, porque requiere estar enchufado a la corriente para generar la terapia de luces, aromaterapia y sonidos relajantes además de controlar la temperatura de la minialberca que posee en su interior (sin mencionar la vaina de tener que bañarse antes de ingresar en el pod para eliminar los aceites naturales del cuerpo, que de otro modo inhiben que la solución salina realmente te permita flotar).

Por eso yo recomendaría terapias alternativas. Estoy enterada de una técnica ancestral mexicana para resolver todos esos problemas de ansiedad, sobrepeso, vagancia y depresión y se llama: azadón. La técnica consiste en levantarse bien tempranito por la mañana, cuando el viento corta las mejillas. Desayunar algo ligero (esa es la dieta) y apurarse a “terapearse” antes de que salga al sol.

Se va uno al campo, agarra uno un pedacito de tierra, se apoya con las piernas equidistantes al tronco, toma con ambas manos el artefacto milagroso (el azadón) y empieza uno con afán a hacer surcos en la tierra. Conforme avanza el tiempo, si no es que para ese entonces le tiemblen a uno los brazos y el sudor le pique los ojos, el sol ya habrá salido y la terapia curativa aún no termina… porque hay que agacharse y hacer agujeritos con el dedo en la tierra para plantar semillitas en cada uno. Técnica efectiva, casi gratuita para desestresarse, 100% garantizada ante notario público. No requiere enchufes ni baterías de ningún tipo.

En el mismo rubro se encuentra otra técnica que tristemente está cayendo en desuso que se llama “barrer el frente de tu casa”. Necesitarás una escoba, un recogedor y un bote de basura. La técnica igual se realiza a primera hora del día y con el mejor esmero posible para que todas las hojas y botellas de refresco vacías que los inconscientes arrojan a la vía pública sean retiradas de la misma para evitar que las coladeras se tapen. Ahí se matan dos pájaros de un tiro: se libera uno del estrés y se hace un bien social. Existe una variante de esta técnica que se llama “lavando el patio”, ahí se requiere jabón, varias cubetas con agua y un cepillo. Primero se humedece con agua jabonosa el patio y posteriormente se procede a cepillarlo bien y bonito, como si se le fuera a uno la vida en ello. Aquí puede pensarse en todos los enemigos que se hayan acumulado por la vida y en cada cepillada sacar esos corajillos enquistados. Si tienes los medios, adelante lector, puedes comprar un pod, si no, ya sabes de técnicas alternativas. Te las garantizo. (F)

Estefanía Riveros Figueroa

El “pod” (especie de catarina gigante donde uno se sumerge a descansar) se relaciona con una terapia cuyo nombre en inglés es REST (descanso) y atiende a las siglas: Restricted Environmental Stimulation Therapy, lo cual indica que el ambiente que rodea al usuario es modificado de tal forma que los estímulos que le llegan están controlados hasta el punto de llevarlo a la relajación, por medio de una meditación inducida que sea natural y fácil de alcanzar.

Esto vendría bien para las personas que no están acostumbradas al rigor que requiere practicar la meditación. Veámoslo de esta forma lector, si alguna vez has intentado estar solo con tus pensamientos para “dejar tu mente en blanco”, se requiere una considerable cantidad de esfuerzo para lograrlo de manera satisfactoria, lo que muchas veces no es posible ya sea porque no tienes suficiente tiempo o demasiadas cosas pasan por tu mente y ese “ruido mental” no lo puedes callar.

Pod es la alternativa ante esto, ya que en lugar de indicarte que “dejes tu mente en blanco” te invita a que dejes las ideas fluir, que permitas que todo ese ruido interior salga mientras flotas en agua salada. Lo anterior, según dicen sus adeptos, permite que el usuario tenga momentos de inspiración inusitados, como los que veíamos en Arquímedes.

Para las personas que tienen disciplina meditando, ya sea a través del yoga, la meditación zen, pronunciando mantras o que estén acostumbradas a rezar el rosario, el hecho de sólo sumergirse y entrar en un nivel elevado tal vez podrá parecerles superficial porque el esfuerzo y la dedicación es mínima, pero en la realidad la ley del mínimo esfuerzo es la ley de los tiempos modernos.

El único inconveniente que encuentro en el pod, además de su elevado costo, es la situación de la energía eléctrica, porque requiere estar enchufado a la corriente para generar la terapia de luces, aromaterapia y sonidos relajantes además de controlar la temperatura de la minialberca que posee en su interior (sin mencionar la vaina de tener que bañarse antes de ingresar en el pod para eliminar los aceites naturales del cuerpo, que de otro modo inhiben que la solución salina realmente te permita flotar).

Por eso yo recomendaría terapias alternativas. Estoy enterada de una técnica ancestral mexicana para resolver todos esos problemas de ansiedad, sobrepeso, vagancia y depresión y se llama: azadón. La técnica consiste en levantarse bien tempranito por la mañana, cuando el viento corta las mejillas. Desayunar algo ligero (esa es la dieta) y apurarse a “terapearse” antes de que salga al sol.

Se va uno al campo, agarra uno un pedacito de tierra, se apoya con las piernas equidistantes al tronco, toma con ambas manos el artefacto milagroso (el azadón) y empieza uno con afán a hacer surcos en la tierra. Conforme avanza el tiempo, si no es que para ese entonces le tiemblen a uno los brazos y el sudor le pique los ojos, el sol ya habrá salido y la terapia curativa aún no termina… porque hay que agacharse y hacer agujeritos con el dedo en la tierra para plantar semillitas en cada uno. Técnica efectiva, casi gratuita para desestresarse, 100% garantizada ante notario público. No requiere enchufes ni baterías de ningún tipo.

En el mismo rubro se encuentra otra técnica que tristemente está cayendo en desuso que se llama “barrer el frente de tu casa”. Necesitarás una escoba, un recogedor y un bote de basura. La técnica igual se realiza a primera hora del día y con el mejor esmero posible para que todas las hojas y botellas de refresco vacías que los inconscientes arrojan a la vía pública sean retiradas de la misma para evitar que las coladeras se tapen. Ahí se matan dos pájaros de un tiro: se libera uno del estrés y se hace un bien social. Existe una variante de esta técnica que se llama “lavando el patio”, ahí se requiere jabón, varias cubetas con agua y un cepillo. Primero se humedece con agua jabonosa el patio y posteriormente se procede a cepillarlo bien y bonito, como si se le fuera a uno la vida en ello. Aquí puede pensarse en todos los enemigos que se hayan acumulado por la vida y en cada cepillada sacar esos corajillos enquistados. Si tienes los medios, adelante lector, puedes comprar un pod, si no, ya sabes de técnicas alternativas. Te las garantizo. (F)

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