/ viernes 13 de mayo de 2022

Reconozcamos al normalismo

Mucha polémica ha generado la reciente entrega de la “Medalla Michoacán al Mérito Docente, reconocimiento que emite el Congreso del Estado para la Escuela Normal Rural “Vasco de Quiroga” (ENRVQ) ubicada en Tiripetío.

De acuerdo con el dictamen emitido por la Comisión de Educación de la LXXV legislatura, la convocatoria se emitió a fin de “recibir propuestas de docentes o instituciones educativas que se hayan distinguido por su labor magisterial y vocación de servicio en cualquier nivel educativo y/o instituciones educativas del Estado que se hayan distinguido por su labor educativa y científica, impulso a la cultura, deporte y actividades recreativas”.

Al no ser la labor magisterial ni la vocación atributos que puedan residir en una institución, ni tampoco estar enfocada la ENRVQ a impulsar directamente la cultura, el deporte ni las actividades recreativas, entonces las virtudes que le dieron la medalla, conforme a la convocatoria quedan circunscritas a su labor estrictamente educativa; la cual en su argumentación los diputados subrayan. Específicamente, se mencionó el centenario de su fundación por decreto y su trayectoria como formadora inicial de decenas de miles de docentes.

Los diputados sabían de las repercusiones de la decisión tomada. Ni duda cabe. El dictamen ya estaba elaborado desde el 2 de mayo, por lo que, para efectos de amortiguar el efecto mediático que podía tener se decidió hacer un manejo muy discreto de la información.

Es importante vislumbrar que, el costo de oportunidad de la decisión de la Comisión de Educación del Congreso del Estado fue altísimo: hubo cientos de maestras y maestros heroicos que durante la pandemia lograron salvaguardar el derecho a aprender de miles de niñas, niños y jóvenes michoacanos. Invirtieron recursos propios, arriesgaron su salud y la de sus familias, a contra turno y desafiaron las disposiciones oficiales en materia sanitaria. Ellos no merecieron medalla.

Más aún: por qué se les entregaron diversas preseas como máximo reconocimiento a los trabajadores de la salud por su invaluable labor durante la pandemia y, la única presea oficial michoacana de reconocimiento docente no se le entregó al magisterio michoacano que siguió sosteniendo los alfileres de un sistema educativo estatal, el cual no ha colapsado por la noble y virtuosísima labor de los auténticos trabajadores de la educación. Veámoslo así: de esa magnitud es la bofetada con guante blanco que se les asestó a todos los miembros de la comunidad normalista de Tiripetío que han abandonado la reputación, pisoteado el legado histórico y deshonrado la imagen del normalismo rural.

Los peores denostadores de la ENRVQ no se encuentran en el Foro Económico Mundial, ni liderando partidos políticos de ultraderecha, ni siquiera son empresarios, ni conservadores. Dolorosamente, han sido egresados, estudiantes e integrantes de su plantilla de personal quienes se han esmerado en arruinar la reputación de la centenaria formadora de docentes.

Por encima y a pesar de ellos la presea llega a tiempo, merecida y como el anuncio de una nueva etapa. Es una acción afirmativa porque impulsa al desarrollo próximo de la institución y su comunidad escolar.

Su entrega es también reivindicatoria, porque insufla aliento a los ideales fundantes del normalismo rural y de su extraordinario compromiso con las generaciones en formación, especialmente con los más vulnerables y marginados. Les cimbra su zona de confort a quienes creían era un bastión político, económico y hasta delincuencial. Pero ello no basta, es preciso dar pasos para recuperar la dignidad, asumir la identidad y emprender acciones para cumplir la misión institucional.

Reconocer compromete. Más allá de entregar una medalla, un trozo de metal con mucho significado y simbolismo, lo verdaderamente importante es generar cambios al interior de la ENRVQ y, por extensión, de todas las escuelas normales públicas de Michoacán, las cuales merecen que el estado mexicano les dote de un marco normativo y administrativo funcional, de una presupuestación digna y decorosa, de recuperar la centralidad de las actividades académicas en su vida interna y ser saneadas de la influencia perversa de los grupos fácticos que intentaron hacer de ellas un coto de poder, de corrupción y de desestabilización.

Michoacán merece un normalismo digno, extraordinario y que deje huella, que trascienda su tiempo y que forje profesores lo suficientemente vocacionados y visionarios como para generar el cambio social que anhelamos, para que construyan el Michoacán posible partiendo de la misión más noble y evolutiva que puede haber: la formación integral de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes que conformarán la sociedad de las próximas décadas.

Mucha polémica ha generado la reciente entrega de la “Medalla Michoacán al Mérito Docente, reconocimiento que emite el Congreso del Estado para la Escuela Normal Rural “Vasco de Quiroga” (ENRVQ) ubicada en Tiripetío.

De acuerdo con el dictamen emitido por la Comisión de Educación de la LXXV legislatura, la convocatoria se emitió a fin de “recibir propuestas de docentes o instituciones educativas que se hayan distinguido por su labor magisterial y vocación de servicio en cualquier nivel educativo y/o instituciones educativas del Estado que se hayan distinguido por su labor educativa y científica, impulso a la cultura, deporte y actividades recreativas”.

Al no ser la labor magisterial ni la vocación atributos que puedan residir en una institución, ni tampoco estar enfocada la ENRVQ a impulsar directamente la cultura, el deporte ni las actividades recreativas, entonces las virtudes que le dieron la medalla, conforme a la convocatoria quedan circunscritas a su labor estrictamente educativa; la cual en su argumentación los diputados subrayan. Específicamente, se mencionó el centenario de su fundación por decreto y su trayectoria como formadora inicial de decenas de miles de docentes.

Los diputados sabían de las repercusiones de la decisión tomada. Ni duda cabe. El dictamen ya estaba elaborado desde el 2 de mayo, por lo que, para efectos de amortiguar el efecto mediático que podía tener se decidió hacer un manejo muy discreto de la información.

Es importante vislumbrar que, el costo de oportunidad de la decisión de la Comisión de Educación del Congreso del Estado fue altísimo: hubo cientos de maestras y maestros heroicos que durante la pandemia lograron salvaguardar el derecho a aprender de miles de niñas, niños y jóvenes michoacanos. Invirtieron recursos propios, arriesgaron su salud y la de sus familias, a contra turno y desafiaron las disposiciones oficiales en materia sanitaria. Ellos no merecieron medalla.

Más aún: por qué se les entregaron diversas preseas como máximo reconocimiento a los trabajadores de la salud por su invaluable labor durante la pandemia y, la única presea oficial michoacana de reconocimiento docente no se le entregó al magisterio michoacano que siguió sosteniendo los alfileres de un sistema educativo estatal, el cual no ha colapsado por la noble y virtuosísima labor de los auténticos trabajadores de la educación. Veámoslo así: de esa magnitud es la bofetada con guante blanco que se les asestó a todos los miembros de la comunidad normalista de Tiripetío que han abandonado la reputación, pisoteado el legado histórico y deshonrado la imagen del normalismo rural.

Los peores denostadores de la ENRVQ no se encuentran en el Foro Económico Mundial, ni liderando partidos políticos de ultraderecha, ni siquiera son empresarios, ni conservadores. Dolorosamente, han sido egresados, estudiantes e integrantes de su plantilla de personal quienes se han esmerado en arruinar la reputación de la centenaria formadora de docentes.

Por encima y a pesar de ellos la presea llega a tiempo, merecida y como el anuncio de una nueva etapa. Es una acción afirmativa porque impulsa al desarrollo próximo de la institución y su comunidad escolar.

Su entrega es también reivindicatoria, porque insufla aliento a los ideales fundantes del normalismo rural y de su extraordinario compromiso con las generaciones en formación, especialmente con los más vulnerables y marginados. Les cimbra su zona de confort a quienes creían era un bastión político, económico y hasta delincuencial. Pero ello no basta, es preciso dar pasos para recuperar la dignidad, asumir la identidad y emprender acciones para cumplir la misión institucional.

Reconocer compromete. Más allá de entregar una medalla, un trozo de metal con mucho significado y simbolismo, lo verdaderamente importante es generar cambios al interior de la ENRVQ y, por extensión, de todas las escuelas normales públicas de Michoacán, las cuales merecen que el estado mexicano les dote de un marco normativo y administrativo funcional, de una presupuestación digna y decorosa, de recuperar la centralidad de las actividades académicas en su vida interna y ser saneadas de la influencia perversa de los grupos fácticos que intentaron hacer de ellas un coto de poder, de corrupción y de desestabilización.

Michoacán merece un normalismo digno, extraordinario y que deje huella, que trascienda su tiempo y que forje profesores lo suficientemente vocacionados y visionarios como para generar el cambio social que anhelamos, para que construyan el Michoacán posible partiendo de la misión más noble y evolutiva que puede haber: la formación integral de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes que conformarán la sociedad de las próximas décadas.

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