/ jueves 13 de diciembre de 2018

Tequatlasupe

El misterio más evidente que rodea a la imagen de la Virgen de Guadalupe se pregunta cómo es que ha podido conservarse una fibra vegetal (el ixtle) del ayate de más de 400 años de antigüedad en perfectas condiciones y sobre todo, cuantos símbolos encierra la imagen.

Sucede que la imagen de la Virgen de Guadalupe está llena de símbolos de gran significado, podríamos compararlo con un códice, es decir, con la manera en que los antiguos mexicanos conservaban los relatos históricos de suma importancia. Los códices no estaban escritos con un alfabeto, sino que los conceptos se expresaban con dibujos denominados pictogramas, y por cada dibujo se podía “leer” en conjunto el mensaje expresado.

De tal suerte que lo que podemos observar en la imagen de La Guadalupana plasmada en el rugoso ixtle del ayate de Juan Diego, son conceptos muy simbólicos y profundos que explican su origen divino y su papel de madre, ¿y cómo se da uno cuenta de ello? Porque aparece la Virgen ataviada con un ceñidor que indica su estado de gravidez, el color de su piel y su cabello son semejantes a los de los mexicanos y el Sol, la Luna y las estrellas, junto a sus manos suplicantes y sus ojos viendo hacia abajo, denotan su origen divino.

En efecto, la Virgen de Guadalupe posee en su vestimenta una especie de listón color negro que termina en un moño alto (un ceñidor) arriba del vientre, lo cual simboliza que se trata de una mujer embarazada que se encuentra a poco tiempo de dar a luz. El hecho de que esté encinta tiene sentido, ya que su aparición es el 12 de diciembre, lo cual si reflexionamos se trata de 12 días antes del nacimiento de Jesús (quien nace el día 24 de dicho mes).

A lo anterior se añade que el tono de piel de la Virgen es moreno y su cabello negro, tal como lo es la fisonomía de los mexicanos, lo que llevó a exclamar al Papa Benedicto XIV la frase en latín “Non fecit taliter omni nationi” que traducido dice: “No hizo cosa igual con ninguna otra nación”, frase que suele aparecer en los cuadros que la retratan, haciendo referencia a que de entre todas las advocaciones marianas, solamente en la de la Virgen de Guadalupe se observa a una virgen que “toma” los rasgos de un pueblo en específico.

También destaca el significado de su peinado, ya que el cabello es un símbolo de gran importancia para las culturas indígenas, pues es el cabello el que simboliza la extensión de los pensamientos y el hecho de que tenga una raya recta en medio representa la alineación del pensamiento.

Con respecto de los astros, recordemos que en la cosmogonía indígena, las estrellas, la Luna y el Sol eran considerados mágicos y poderosos, por lo que al observar detenidamente la postura de la Virgen con respecto de éstos, es evidente el mensaje de superioridad que expresa, pues da a entender que su persona está por encima de todos ellos. Específicamente, la Virgen pisa la Luna y tapa al Sol con su cuerpo entero, pues eclipsa al Sol. Por su parte, las estrellas que adornan su manto corresponden a la constelación que se pudo observar en el cielo el día en que ella se apareció a Juan Diego. Es decir que la Virgen se encumbra por encima de cualquier astro.

Por su parte, sus ojos y manos están en gesto suplicante, es decir que no se presenta con la actitud de una diosa, sino como una sierva, la cual está en actitud reverente hacia el fruto de sus entrañas. Ella viene a destronar a Tonantzin, la diosa de la naturaleza, que de acuerdo a los aztecas es madre de Huitzilopochtli, dios de la guerra. La Virgen en cambio es Tequatlasupe, “la que pisa a la serpiente”, la que destruye al maligno, la madre de un Dios de paz y amor. Como los españoles no pudieron pronunciar Tequatlasupe, la llamaron erróneamente Guadalupe, pero desde hace casi 500 años ella se ha convertido en la reina de México y la emperatriz de América, con la misión de proteger maternalmente a todo aquel que suplique su ayuda. Todo eso y aún más es lo que podemos “leer” en su hermosa imagen. (F)

El misterio más evidente que rodea a la imagen de la Virgen de Guadalupe se pregunta cómo es que ha podido conservarse una fibra vegetal (el ixtle) del ayate de más de 400 años de antigüedad en perfectas condiciones y sobre todo, cuantos símbolos encierra la imagen.

Sucede que la imagen de la Virgen de Guadalupe está llena de símbolos de gran significado, podríamos compararlo con un códice, es decir, con la manera en que los antiguos mexicanos conservaban los relatos históricos de suma importancia. Los códices no estaban escritos con un alfabeto, sino que los conceptos se expresaban con dibujos denominados pictogramas, y por cada dibujo se podía “leer” en conjunto el mensaje expresado.

De tal suerte que lo que podemos observar en la imagen de La Guadalupana plasmada en el rugoso ixtle del ayate de Juan Diego, son conceptos muy simbólicos y profundos que explican su origen divino y su papel de madre, ¿y cómo se da uno cuenta de ello? Porque aparece la Virgen ataviada con un ceñidor que indica su estado de gravidez, el color de su piel y su cabello son semejantes a los de los mexicanos y el Sol, la Luna y las estrellas, junto a sus manos suplicantes y sus ojos viendo hacia abajo, denotan su origen divino.

En efecto, la Virgen de Guadalupe posee en su vestimenta una especie de listón color negro que termina en un moño alto (un ceñidor) arriba del vientre, lo cual simboliza que se trata de una mujer embarazada que se encuentra a poco tiempo de dar a luz. El hecho de que esté encinta tiene sentido, ya que su aparición es el 12 de diciembre, lo cual si reflexionamos se trata de 12 días antes del nacimiento de Jesús (quien nace el día 24 de dicho mes).

A lo anterior se añade que el tono de piel de la Virgen es moreno y su cabello negro, tal como lo es la fisonomía de los mexicanos, lo que llevó a exclamar al Papa Benedicto XIV la frase en latín “Non fecit taliter omni nationi” que traducido dice: “No hizo cosa igual con ninguna otra nación”, frase que suele aparecer en los cuadros que la retratan, haciendo referencia a que de entre todas las advocaciones marianas, solamente en la de la Virgen de Guadalupe se observa a una virgen que “toma” los rasgos de un pueblo en específico.

También destaca el significado de su peinado, ya que el cabello es un símbolo de gran importancia para las culturas indígenas, pues es el cabello el que simboliza la extensión de los pensamientos y el hecho de que tenga una raya recta en medio representa la alineación del pensamiento.

Con respecto de los astros, recordemos que en la cosmogonía indígena, las estrellas, la Luna y el Sol eran considerados mágicos y poderosos, por lo que al observar detenidamente la postura de la Virgen con respecto de éstos, es evidente el mensaje de superioridad que expresa, pues da a entender que su persona está por encima de todos ellos. Específicamente, la Virgen pisa la Luna y tapa al Sol con su cuerpo entero, pues eclipsa al Sol. Por su parte, las estrellas que adornan su manto corresponden a la constelación que se pudo observar en el cielo el día en que ella se apareció a Juan Diego. Es decir que la Virgen se encumbra por encima de cualquier astro.

Por su parte, sus ojos y manos están en gesto suplicante, es decir que no se presenta con la actitud de una diosa, sino como una sierva, la cual está en actitud reverente hacia el fruto de sus entrañas. Ella viene a destronar a Tonantzin, la diosa de la naturaleza, que de acuerdo a los aztecas es madre de Huitzilopochtli, dios de la guerra. La Virgen en cambio es Tequatlasupe, “la que pisa a la serpiente”, la que destruye al maligno, la madre de un Dios de paz y amor. Como los españoles no pudieron pronunciar Tequatlasupe, la llamaron erróneamente Guadalupe, pero desde hace casi 500 años ella se ha convertido en la reina de México y la emperatriz de América, con la misión de proteger maternalmente a todo aquel que suplique su ayuda. Todo eso y aún más es lo que podemos “leer” en su hermosa imagen. (F)

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