/ viernes 15 de febrero de 2019

TORRE DE BABEL

"Estamos habituados a que los hombres hagan burla de lo que no entienden, y murmuren a la vista de lo bueno y lo bello, que a menudo, les causa enojo"

Goethe, en Fausto

A setenta y tantos días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se cuentan aciertos y desaciertos, loas y críticas, en suma: claroscuros.

Lo cierto es que su popularidad -apuntalada por su lucha contra la corrupción, apoyada por la instauración de un código ético de la vida pública-sigue “in crescendo”.

Sin duda AMLO sigue tocando los sentimientos de una población enferma,harta del desdén con el que hemos sido tratados, su popularidad a pesar de los distintos "baches", que han significado la inicial lucha contra el robo de combustible, contra la permisividad ante el bloqueo de las vías ferroviarias en Michoacán, contra la propuesta de la Guardia Nacional, el accidente de los Moreno Valle, la cancelación del NAIM, las peleas contra los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, las peleas contra funcionarios del INE, del INAI, y del INEE, y la firme defensa de los principios constitucionales de la política exterior, usando el inamovible estandarte de la #nointervención ante la desdibujada oposición, organismos internacionales, y de forma diplomática y harto contundente, ante el presidente del Reino de España -como nadie lo hubiese imaginado en los círculos políticos,y como ningún presidente, ningún jefe del Ejecutivo lo ha hecho en los últimos30 años.

Andrés Manuel tiene una imagen de legitimidad nacionalista, un nacionalismo pragmático de diaria presencia ante medios, que impacta más allá de los mercados, que no es fácil digerir en algunos sectores pero que pese a su aversión no tienen otra que esperar su momento, especialmente algunos que fueron funcionarios de alto nivel; y especialmente algunos expresidentes.

Previsiblemente, la corrupción seguirá siendo bandera de lucha del mandatario, a la par de la instrumentación de los programas sociales. Él ya ha sido suficientemente claro que lo que le importa es un poder que sirva a los ideales constitucionales, y a la población mexicana en su conjunto, por eso su creciente aceptación en ciertos sectores.

Y no es que el Presidente no se equivoque -que se equivoca-pero está dando muestras de una bizarra manera de ejercer el poder presidencial. Está renunciando -motivado por un olvidado esquema de valores- a las frivolidades y al boato del poder, tan presente en todas las capas de la sociedad mexicana,que exalta el poder, en especial el otrora "poder de los poderes".

Esos parecen ser algunos de los elementos de la hoja de ruta del actual mandatario; la oposición tendrá que reagruparse en torno a argumentos certeros, precisos, para evitar fracasos electorales en Aguascalientes Baja California,Durango, Puebla, Quintana Roo y Tamaulipas, si es que se quiere preservar el sano juego político con contrapesos válidos.

Hombres de una argamasa distinta a la del político común existen: en laIndia, Mahatma Gandhi (gran alma) uno de los iconos de la modificación política e ideológica del mundo; no sé si AMLO vaya a serlo, es muy pronto para decirlo.Y sin embargo, da luces de haber leído, cuando menos, a Cervantes y a Tolstoi, cosa que otros demostraron desde antes de ser presidentes: su desprecio por la lectura y la incomprensión de la realidad de un país rico; ese que año con año genera más ciudadanos sin oportunidades. #gr (L)

"Estamos habituados a que los hombres hagan burla de lo que no entienden, y murmuren a la vista de lo bueno y lo bello, que a menudo, les causa enojo"

Goethe, en Fausto

A setenta y tantos días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se cuentan aciertos y desaciertos, loas y críticas, en suma: claroscuros.

Lo cierto es que su popularidad -apuntalada por su lucha contra la corrupción, apoyada por la instauración de un código ético de la vida pública-sigue “in crescendo”.

Sin duda AMLO sigue tocando los sentimientos de una población enferma,harta del desdén con el que hemos sido tratados, su popularidad a pesar de los distintos "baches", que han significado la inicial lucha contra el robo de combustible, contra la permisividad ante el bloqueo de las vías ferroviarias en Michoacán, contra la propuesta de la Guardia Nacional, el accidente de los Moreno Valle, la cancelación del NAIM, las peleas contra los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, las peleas contra funcionarios del INE, del INAI, y del INEE, y la firme defensa de los principios constitucionales de la política exterior, usando el inamovible estandarte de la #nointervención ante la desdibujada oposición, organismos internacionales, y de forma diplomática y harto contundente, ante el presidente del Reino de España -como nadie lo hubiese imaginado en los círculos políticos,y como ningún presidente, ningún jefe del Ejecutivo lo ha hecho en los últimos30 años.

Andrés Manuel tiene una imagen de legitimidad nacionalista, un nacionalismo pragmático de diaria presencia ante medios, que impacta más allá de los mercados, que no es fácil digerir en algunos sectores pero que pese a su aversión no tienen otra que esperar su momento, especialmente algunos que fueron funcionarios de alto nivel; y especialmente algunos expresidentes.

Previsiblemente, la corrupción seguirá siendo bandera de lucha del mandatario, a la par de la instrumentación de los programas sociales. Él ya ha sido suficientemente claro que lo que le importa es un poder que sirva a los ideales constitucionales, y a la población mexicana en su conjunto, por eso su creciente aceptación en ciertos sectores.

Y no es que el Presidente no se equivoque -que se equivoca-pero está dando muestras de una bizarra manera de ejercer el poder presidencial. Está renunciando -motivado por un olvidado esquema de valores- a las frivolidades y al boato del poder, tan presente en todas las capas de la sociedad mexicana,que exalta el poder, en especial el otrora "poder de los poderes".

Esos parecen ser algunos de los elementos de la hoja de ruta del actual mandatario; la oposición tendrá que reagruparse en torno a argumentos certeros, precisos, para evitar fracasos electorales en Aguascalientes Baja California,Durango, Puebla, Quintana Roo y Tamaulipas, si es que se quiere preservar el sano juego político con contrapesos válidos.

Hombres de una argamasa distinta a la del político común existen: en laIndia, Mahatma Gandhi (gran alma) uno de los iconos de la modificación política e ideológica del mundo; no sé si AMLO vaya a serlo, es muy pronto para decirlo.Y sin embargo, da luces de haber leído, cuando menos, a Cervantes y a Tolstoi, cosa que otros demostraron desde antes de ser presidentes: su desprecio por la lectura y la incomprensión de la realidad de un país rico; ese que año con año genera más ciudadanos sin oportunidades. #gr (L)

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