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Ahora y después de las elecciones

  • Carlos Ceja Silva

Nos tocó vivir en México, donde nacimos, estudiamos, trabajamos y seguiremos viviendo, con la oportunidad de conocer otros países más desarrollados, con mucha diferencia en cuanto a las condiciones en las que viven.

Tenemos familiares en Estados Unidos, nuestro país vecino que ahora tiene un presidente aferrado a hacer notar a México como un vecino malintencionado, con toda la aceptación de los que votaron por él y el rechazo de quienes no están de acuerdo con la forma de gobernar; por lo pronto, nosotros recurrimos a los datos históricos, encontrando sobre las relaciones no agradables, porque nunca han sido particularmente fluidas, puesto que hasta hubo una guerra entre México y Estados Unidos a mediados del siglo XIX, con una gran tensión por pelear con el país grande y rico del norte que comparte una larga frontera con una nación pobre, perennemente corrupta y en dificultades, hacia el sur. Así estamos, lamentándonos, hasta recordamos frases “pobre México, tan lejos de Dios, tan cerca de los Estados Unidos”.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo en su campaña presidencial que el gobierno mexicano enviaba “indeseables” hacia los Estados Unidos. Los trabajadores mexicanos que temporalmente emigran no son los indeseables, también se encuentran los arraigados en su tierra que sacrifican comodidades allá por ahorrar el producto del trabajo para hacer envío de remesas que sirven mucho a sus familias; así, si tenemos muchos problemas de pobreza, detectados en la Cruzada contra el Hambre, concluimos que se ha exportado el problema de pobreza a Estados Unidos al menos en una generación. También es cierto que las drogas fabricadas o enviadas a través de México se han abierto paso en las comunidades estadounidenses a un ritmo alarmante.

A pesar de las declaraciones, cada día con un sentido distinto, de Donald Trump, las relaciones han permanecido relativamente apacibles durante este año, porque aún no ha construido el muro a lo largo de la frontera ni Estados Unidos se ha retirado del Tratado trilateral, o ya no es un santuario para quienes cruzan la frontera.

Después de las elecciones, las cosas se ven un poco más inciertas, porque parece cada vez más probable que un izquierdista que se decía antinorteamericano ascienda a la Presidencia mexicana luego de que la referencia inmediata anterior nos recuerda que  organizó una serie interminable de protestas masivas en la Ciudad de México. Las encuestas de opinión pública ahora lo muestran muy por delante de sus rivales para las elecciones del próximo 1 de julio. El partido en el gobierno sufre de una sucesión de escándalos de corrupción y una guerra contra las drogas cada vez más violenta.

Las similitudes del puntero en las encuestas se hacen con los fallecidos Fidel Castro y Hugo Chávez, y ahora Nicolás Maduro, que resultó ser un demagogo con retórica incendiaria, movilizando a sus partidarios en las calles y con ganas de gastar el dinero del gobierno, como un funcionario corrupto como los que se dan en México.

Si gana López Obrador y es un desastre para México, también sería un desastre hacia la economía mexicana, como fue la fantasía económica del socialismo en Cuba y la República Bolivariana de Venezuela, y la posible liberación de algunas personas con antecedentes delincuenciales, y hasta las bandas de narcotraficantes más violentas, y más drogas, sin que se limite con el siguiente Presidente de la República.

Esperamos, ahora, encontrar al mejor; después, más desarrollo con menos corrupción. (–)