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Corrupción vs buen carácter

  • Alejandra Pimentel

Es lamentable que las noticias nacionales, y me atrevo a decir que también internacionales, giren sobre el tema de la corrupción. Para México éste es un tema bastante viejo, como si este país debiera resignarse a ello.

Pero resignarse está lejos de la verdad, pues la corrupción en el comportamiento humano, a diferencia de la corrupción o proceso de descomposición que sufre la materia orgánica, puede y debe revertirse.

El problema es que se ha visto desde fuera y no desde dentro, por lo tanto, se pretende resolverlo desde fuera y no desde dentro, es decir, señalamos la corrupción que se tiene en el gobierno, en las empresas, en las escuelas y en cada institución humana, sin considerar primero eliminar la corrupción personal.

Por ejemplo, reflexionemos sobre las siguientes palabras del que fue el 20º presidente de Estados Unidos de Norteamérica, James Abram Garfield, y que aplican a lo que estamos abordando sobre el problema de la corrupción:

“Ahora más que nunca, la gente es responsable del carácter de su Congreso. Si ese cuerpo es ignorante, imprudente y corrupto, es porque las personas toleran la ignorancia, la imprudencia y la corrupción. Si es inteligente, valiente y puro es porque el pueblo exige estas cualidades altas para que los representen en la Legislatura nacional… Si el centenario próximo no nos encuentra como una gran nación… será porque los que representan a la empresa, la cultura y la moral de la nación no ayudan en el control de las fuerzas políticas”.

Como mexicanos queremos que otros actúen en lo que es correcto, queremos que se elimine la corrupción en nuestros servidores públicos, en nuestras empresas y en todas nuestras instituciones, pero sin considerar en primer lugar si nuestro actuar es correcto.

Si a nuestro carácter no lo alimentamos continuamente de las virtudes para desarrollar un buen carácter, tales como la honestidad, la responsabilidad, la perseverancia, la integridad, la compasión, el trabajo, la benevolencia, la pureza, la puntualidad, la lealtad, la amistad, la disciplina, etcétera, entonces, la corrupción viene a tomar control de nuestro ser interno convirtiéndonos en células cancerosas dentro del tejido social, impidiéndonos ser influencia positiva para sanar a nuestra nación.

Por eso, el carácter de un pueblo es muy importante, pues el carácter de la gente determina el carácter de la nación y de sus gobernantes. Debemos cultivar el buen carácter empezando por nuestra persona, nuestra familia, nuestra profesión, nuestros centros de trabajo, en nuestras iglesias y en el gobierno civil, considerando que en este último, cuando los que aspiran a ser nuestros empleados como funcionarios electos, no deberíamos pasar por alto la importancia de elegir a individuos con un buen carácter comprobado, por encima de títulos académicos o lealtades partidarias.

Cuando el buen carácter basado en las virtudes es echado por la ventana, toda la sociedad sufre, pero cuando se convierte en el centro del desarrollo personal, familiar, profesional, de la Iglesia y del gobierno civil, es posible destruir la corrupción. No olvidemos, el carácter moral de la nación es el reflejo de sus ciudadanos. (L)

 

“Cuando predominan los justos, la gente se alegra;

cuando los malvados gobiernan, la gente sufre”. (Proverbios 29:2 DHH)

 

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Licenciada en Ciencias de la Familia.