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El bullying o acoso educativo ¿ya desapareció?

  • Juan Ávila Osornio

Para revisar la violencia en la escuela es conveniente verlo a través del conflicto, son cientos de adolescentes y niños que sufren maltrato en la escuela, a pesar de que se ha legislado al respecto (Ley para la Atención de la Violencia Escolar en el Estado de Michoacán, publicada el 17 de agosto de 2012) la realidad nos dice que el bullying (concepto introducido por el psiquiatra Dan Olweus) crece en las instituciones educativas. Esta semana me di a la tarea de recorrer varias escuelas secundarias de Morelia (Secundaria Federal 6; Secundaria Técnica 119; Secundaria Federal 2; Tenencia Morelos) y al preguntar a los estudiantes sobre el tema, inmediatamente me señalaron que son muchos los estudiantes que padecen el acoso provocado por sus compañeros de los grados superiores.

Algunas de las denuncias son: “Se burlan de mí porque estoy chaparro”, “me golpean en la cabeza cuando pasan”, “me molestan aventándome la mochila”, “me dicen que gorda, y me persiguen para repetir esa palabra”, “cuando salimos de clase me esperan para gritarme tontería y media”, entre otras muchas expresiones de hartazgo por parte de los que sufren esas malas acciones de sus compañeros.

Y claro que pasar esta prueba en la secundaria es un buen reto, porque si día a día esta violencia física y psicológica persiste, muchos estudiantes prefieren no acudir a clases o solicitar su cambio a otra escuela, aunque esa no es la solución, ya que también padecen bullying pues son perseguidos por la Internet.

Ahora el acoso y hostigamiento más frecuente es el colectivo, donde varios estudiantes se juntan para molestar a uno o a varios, haciéndoles la vida imposible, ya en el aula, el taller, el patio o la hora de salida, haciendo esto “una vida casi imposible”, como dijo una estudiante. Es más frecuente en hombres que en mujeres.

Pero la pregunta es ¿qué se ha hecho a nivel de escuela, ante esa situación de superioridad o de indefensión del estudiante afectado, que provoca maltrato, humillación o fundado temor de verse expuesto a un mal de carácter grave, ya sea por medios tecnológicos o cualquier otro medio, tomando en cuenta su edad y condición? En la mayoría de las escuelas, si bien tienen un reglamento interno, poco se aplica. Muchos maestros reciben la queja, pero sólo queda en eso, “el dejar pasar, dejar hacer”.

Aunque recuérdese que no sólo los estudiantes pueden cometer acoso: también puede venir de adultos pertenecientes a la comunidad educativa, siendo aún más grave en el caso de los profesores y directores que tienen una posición de autoridad.

Tal vez no sólo se trate de remediar por la vía de las sanciones aplicadas con rigor, también se debería tener un programa de buenas prácticas orientadas a la convivencia escolar, pero revisar mediante la investigación educativa y con el apoyo del orientador el origen del conflicto.

Muchos padres de familia al preguntarles sobre este asunto, la respuesta es que no les hacen caso en la escuela, a pesar de que han puesto queja al prefecto y directivos, la cuestión es que la autoridad educativa en el Estado implemente acciones de intervención socioeducativa para que reduzcan los conflictos en la escuela, además de acciones que sirvan de reforzamiento pedagógico, actualizando a los encargados de los centros educativos contra la discriminación y la violencia en la escuela.

¿Qué se debe hacer en lo inmediato para detener este fenómeno? lo primero es que los responsables de prevenir el acoso y promover la buena convivencia, son los directivos, maestros y padres de familia; pero se requiere de otros apoyos profesionales como los orientadores, psicólogos, prefectos, así como los colectivos docentes de los establecimientos educacionales.

Hoy que la escuela tiene el último viernes de cada mes para revisar, planear, evaluar y promover acciones educativas en pro de la calidad de su plantel, ahí se puede dejar un espacio para tratar en Consejo Escolar este fenómeno y buscar salidas, con apoyo profesional para reducir la violencia en su centro educativo, y para ello se puede crear en cada plantel un comité de buena convivencia escolar, quizá sea una función adicional, pero se puede evitar cualquier tipo de agresión, hostigamiento y violencia física o psicológica hacia y entre los alumnos. No esperemos desgracias mayores. (–)