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¿Es la escuela el escenario de la pregunta?

  • Juan Ávila Osornio

Para que el estudiante de educación básica logre el conocimiento integral, lo sabemos los padres de familia y los maestros, es necesario que el estudiante logre comprender el mundo que lo rodea, claro, de una manera científica; más allá de las creencias, opiniones, comentarios, tiene que ir a las teorías y las leyes que rigen ese existir. Y bueno, el sustento científico tiene que ver con la explicación reconocida como válida por las comunidades científicas estudiosas del tema.

Hoy se habla de aprendizajes clave, conceptualizados estos como “un conjunto de conocimientos, prácticas, habilidades, actitudes y valores fundamentales que contribuyen sustancialmente al crecimiento integral del estudiante, los cuales se desarrollan específicamente en la escuela” (SEP-2017); sin embargo, es un concepto en construcción aún; aunque oficial, no deja de preocupar que cubrir este requisito formativo no es fácil, se requiere de todo un complejo armónico de decisiones, acciones, teorías, métodos y procedimientos que, orientados por un diseño curricular y operado bien por un docente con los recursos didácticos sustentados en una pedagogía, esto puede ser posible aunque complicado.

Y claro que en este escenario la pregunta es la emperatriz del proceso, porque saber preguntar es tener una base, es decir, un aprendizaje previo de los temas, por consiguiente, mucha lectura se ocupa, lo que hoy enfrenta la educación es que es escasa la lectura, no sólo del estudiante, sino del propio profesor y de los padres de familia. No hay duda, desde la SEP hay todo un planteamiento pedagógico; sin embargo, el cómo siempre es inadecuado, insuficiente y a veces ausente, por lo que el docente tiene que ingeniarse con el apoyo de los padres de familia cómo hacer para lograr esos aprendizajes que se les ha denominado claves. El gran maestro Sócrates decía que el aprendizaje está en la pregunta, no en la respuesta, porque la pregunta tiene un efecto en el diálogo, que Sócrates en su método de la mayéutica señala como “partera de ideas” que lleva al “concepto” universal, enseñándonos a descubrir la verdad (aléthia) por nosotros mismos; a través del constante preguntar se alcanza la finalidad de formar al ciudadano ético, resultado de buscar en sí mismo.

Y es que la pregunta enseña, despierta del letargo del poco pensar que provoca malestar, envidia e irritación, como lo mostraron Anito, Meleto y Likón, que acusaron a Sócrates de pervertir a los jóvenes con eso que enseñaba… ¿A qué enseñaba? A preguntar. Hoy la educación ha perdido ese espíritu; la pregunta no nace en el entorno, se construye en lo ajeno, las preguntas ya vienen en los exámenes, más cuando estos se hacen al grupo amplio, como los exámenes de admisión, las pruebas PISA o los exámenes a los maestros.

Y es que tenemos que descubrir que hay un significado en el silencio; el no preguntar, hoy lo viven los mayores tan común que toman una actitud que no debe lleva a reflexionar ¿Por qué no preguntamos? ¿Por qué no hablan los niños? ¿Cuál es la raíz de ese miedo a expresar puntos de vista? Al revisar la pregunta, ésta tiene una condición histórica, se ha enraizado en nuestra conciencia social e individual que ya no deja que la palabra brote y, entonces, la pregunta no puede emerger, en gran parte porque el modelo educativo no alentó hace años a que los niños se expresaran y aquel que lo hacia fuera del código disciplinario sencillamente era castigado.

El enfoque conductista fue otro de los males que participaron para callar, pues sólo la voz del maestro tenía validez; luego vino la eliminación de materias y contenidos que trajeron graves lagunas en la formación del estudiantado. Recientemente, en el bachillerato se vio amenazada la filosofía al alentar a hacer preguntas incómodas a la propia autoridad, preguntas sumamente necesarias como ¿qué es la justicia?, ¿qué es la verdad?, ¿qué es lo bello?, ¿qué es el bien?, ¿qué debo hacer?, ¿qué es la ciencia?, etcétera.

Y es que no se puede llevar a los jóvenes a pensar porque para ello se requiere de libertad de pensamiento y de opinión, algo muy importante para la formación del pensamiento crítico en una sociedad democrática. (H)