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¿España o las Españas?: Un ramito de violetas para Catalunya

  • Gerardo Rodríguez

 

Torre de Babel

 

“Los hombres somos de un lugar. Es muy importante que tengamos

las raíces en un lugar, pero lo ideal es que nuestros brazos

lleguen a todo el mundo, que nos valgan las ideas de cualquier cultura”.

Tomado de Jesús Silva Herzog, en homenaje al profesor de la

Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Leopoldo Zea.

La frase es del escultor Chillida

 

Resultaría interesantísimo, conmovedor, nostálgico, impresionante y, sin duda, también emocionante, poder presenciar desde algún punto iconográfico -sea desde la antigua ciudad romana de Itálica, delante de la gran Puerta de la Bisagra, esa que te da la bienvenida frente a la otrora capital del imperio, y anterior asiento del reino de Taifa, o desde la muralla romana de Barcino- el devenir de Iberia: ¿España o Españas?

Afortunadamente, ni las batallas, ni los textos eruditos, ni las canciones, ni las saetas, ni los poemas, ni el cante jondo, ni las grandes obras te explican de una sola manera o de forma definitiva. Siempre te reinventas, a veces madre, a veces madrastra… “España camisa blanca de mi esperanza”.

En parte, y sólo en parte, te explican tus regionalismos, tus antagonismos, tus batallas, tus secretos, tus hazañas, tu diversa geografía humana, tu particular manera de acercarte a una fresquita o un zurito, al café con leche o un mitad, transitar por una calle, una kalea o un carrer, celebrar con patxarán o cava, ir al mercat de la Boquería o a las Atarazanas… “Mi querida España; esta España mía, esta España nuestra”.

Salir de Miramar y pasear por la Bahía de La Concha, rozar los peines de Chillida, y recorrer con Arantxa -la salmantina- y Pablo -el gallego- el borde del Cantábrico en el Euskotren; hermanarse con Eli y Cesarión, en pleno corazón de Andalucía, viajar en un Panda, allá donde se cruzan los caminos mirando los despeñaderos donde se anidan los encalados pueblos blancos, beber vinos dulces y cantar hasta la afonía, soy minero; bailar rumbita catalana en la Plaza Sant Jaume, durante las fiestas de la Mercé … “Mi querida España; Esta España mía, esta España nuestra”.

Dejarse acariciar los sentidos por la Sagrada Familia, o visitar la Casa de Gaudí, el Thyssen o el Guggenheim, o vivir la alegría de la Feria de Sevilla, o el frenesí de los San Fermines; acercarse con la gaditana Maricarmen y la sevillana María Cristina, para descubrir con cariño y sorpresa, La Rábida, y encontrarse al paso con La Niña, La Pinta y La Santa María (la gallega), las primeras, de construcción onubense y la última, gallega … “Mi querida España; esta España mía, esta España nuestra”.

Meterse al túnel del tiempo cuando en el salón del Almirantazgo, de los Reales Alcázares, te encuentras con la fantasmal presencia de Colón y la mismísima Isabel La Católica; aventura completa compartida con Estrellita, Piloca, Jorge, Fernando… y María, la de Málaga; salir a la capitalina Toledo, tan imperial como quijotesca… alguna vez diversa e incluyente… “Mi querida España; esta España mía, esta España nuestra”. (L)