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Formación integral

  • Jesús Vázquez Estupiñán

 

LUZ COMPARTIDA

En el mundo educativo se acuña de manera constante y a veces irresponsable la promesa de ofrecer a los estudiantes “la formación integral”.

El término en sí suena atractivo y acorde a lo que el mundo de hoy demanda; particularmente en lo referente al fomento de los valores en la niñez y en la juventud.

Resulta muy comprometedor el respaldar esta oferta, porque la formación integral es toda una filosofía que requiere de muchos factores para ser realmente efectiva. Por ello habría que definir algunos parámetros que nos permitan hacerla factible.

La formación integral es un proceso de atención a los distintos perfiles del ser humano: la dimensión espiritual, la dimensión social, la dimensión física, la dimensión intelectual y académica, entre otras.

Esta cruzada por la formación también llamada holística, supone conocimiento profundo de esta tarea, los recursos humanos y físicos para llevarla a cabo y el respaldo de un ideario, de una misión y visión institucionales que den solidez al concepto.

Los modelos educativos habrán de incluir todo un sentido pedagógico al respecto para dar respuesta a lo que las familias esperan de las instituciones educativas de manera corresponsable, pues es en el núcleo familiar en donde se inicia este proyecto.

Qué bueno que el cometido sea formar integralmente a los estudiantes. Animemos pues que este postulado encuentre compromiso real en los directivos, docentes y padres de familia para que la sociedad cuente con seres humanos de bien, capaces de transformar la sociedad, acaso deteriorada y en inminente riesgo de las seducciones y perversiones que la maldad, la injusticia y la corrupción imponen a las generaciones de nuestro tiempo. (L)