imagotipo

Golpe de Timón

  • Teodoro Barajas

Presidente electo

No se ha dejado de especular ni debatir respecto al próximo inicio de la administración que habrá de encabezar Andrés Manuel López Obrador, muchos no han parado en emitir expresiones laudatorias hacia el tabasqueño, otros son tan predecibles al imputar una larga cantidad de presuntos defectos del próximo presidente constitucional. Lo cierto es que no pasa un día en que la agenda política nacional no se desprenda de los dichos o hechos del mandatario en ciernes.

Algunos de los anuncios que López Obrador ha realizado han sido bien recibidos en términos generales, por ejemplo la austeridad en los salarios de la alta burocracia porque nuestro país es campeón en materia de la desigualdad social, aquí abundan los contrastes ofensivos: la elite de algunos de los más ricos del planeta y una millonaria cantidad de parias que sobreviven al día.

Andrés Manuel López Obrador ha sido persistente, se propuso ser presidente y dice ser admirador de Benito Juárez el presidente del siglo XIX que enarboló el discurso y praxis de la austeridad republicana, el mismo que diseñó junto a la generación de la Reforma al Estado laico. También fue don Benito un apegado al poder y se reeligió cuanto pudo que si no muere en 1872 probablemente sería recordado como un dictador.

El primero de julio se registró la alternancia electoral para dejar un saldo de terror para el Partido Revolucionario Institucional que ahora puede perder sus edificios históricos por los débitos que arrastra tras la errática gestión de Enrique Ochoa Reza, mal y de malas.

El PAN está lejos de aquella organización originaria fundada por Manuel Gómez Morín, es un partido del montón desprovisto de ideología. El primero de julio López Obrador arrasó, tiene una legitimidad de origen rubricada por los votos, eso nadie lo discute ni siquiera sus más acendrados enemigos de otros partidos o de diversos medios de comunicación que solían satanizarlo hasta caer en lo frívolo y simplista.

Tendrá un amplio margen de maniobra el próximo presidente con todo y las contradicciones que se desprenden de algunos de sus nombramientos como el de Manuel Bartlett, muchos diputados y senadores que entrarán en funciones el próximo mes de septiembre deben su ingreso al Poder Legislativo no a los publicistas ni a sus discursos sino a López Obrador que pidió el voto lineal.

Lo deseable es que no se ancle la próxima administración en la soberbia, ningún gobierno es perfecto y la política es de los hombres porque tiene un estrecho vínculo con el poder temporal. La crítica a un gobierno producto de un proceso democrático es positiva porque somos un país multicultural, no existe la unanimidad, no hay una sola voz sino una verdadera polifonía.

Para muchos es importante no un cambio cosmético sino a fondo. No basta un cambio en la nomenclatura sino a profundidad para que el proceso de transición no quede en un intento como sucedió en los gobiernos de Vicente Fox o Felipe Calderón, se exige un cambio de régimen  no uno epidérmico.

En fin, la política es el arte de lo posible aunque suene como un lugar común, que finalmente lo es. (M)