imagotipo

La educación en las campañas

  • Juan Ávila Osornio

Poco o casi nada se ha hablado del tema educativo en las campañas, algunos de los candidatos se han limitado sólo a mencionar el reforzar la llamada Reforma Educativa, aunque no han dicho cómo; otra alternativa definitiva es deshacerse de ella; pero una propuesta clara que haga sentir un cambio significativo, no hay. Incluso en el debate fue pobre el tema, la educación fue asunto ausente; se podría decir que los temas de empleo y seguridad deberían ser los asuntos centrales de la campaña, pues son el centro de la crisis.

Sin lugar a dudas que de las políticas públicas, la educativa debiera privilegiarse, pero trazándola desde ya en la campaña mediante un proyecto de plan de gobierno de la nación, con propósitos, estrategias e instrumentos políticos e institucionales, donde establecieran compromisos concretos para avanzar de la idea al hecho.

Algunas propuestas aisladas suenan interesantes como la “que ningún joven se quede sin ingreso a la educación”, y claro que el rechazo debe ser cosa del pasado; sin embargo hay que verlo en la realidad, porque se requiere de cierto perfil para inscribirse y mantenerse en una carrera universitaria y de otro nivel. Aunque en educación básica se debería cubrir todas las problemáticas existentes, desde cobertura, reprobación, infraestructura, mejorar el salario del maestro y su actualización, sin descuidar el nombramiento de los funcionarios, que hasta hoy no sólo no cubren el perfil sino que no muestran interés en atender la educación pública.

El maestro tiene una misión en su dimensión histórica, por eso debe pensarse en ese término denominado evaluación, no sólo del proceso del quehacer, sino en el enfoque cualitativo. México necesita ya pensar en constituir mentes brillantes que sean capaces de desarrollar el pensamiento para la innovación en todo el quehacer científico, técnico y humano. El próximo Presidente debe sentar las bases para que el país pueda desarrollarse como lo han hecho otras naciones, empezando por desterrar la corrupción en áreas administrativas de las instituciones educativas, incluyendo desde luego a los sindicatos del magisterio (SNTE y CNTE), con quienes debe dialogar sin pretender el corporativismo o bien su rechazo, por el contrario, tiene que actuar con inteligencia y conforme a la condición histórica y social del momento.

Hoy se requiere reinventar los valores que ayuden a sustentar el modelo de país que se necesita, porque no dejan desarrollar la educación necesaria para lograr el México de paz que tanto es anhelado, que se constituye desde el orden y la libertad en libertad en el aula, para eso hay que dejar de pensar en la escuela como instrumento de mercantilización, donde el negocio es el acto más acabado.

Por otro lado hay que dar respuesta a los malestares de la sociedad y en la educación hay algunos, como el reconocer la carrera sindical como atributo de la gestión y desarrollo del sistema educativo, en otras palabras, no se debe mantener una lista abultada de comisionados al SNTE y CNTE con cargo al presupuesto público en algunas entidades como Michoacán. No se puede, ni se debe proteger o negociar la mezquindad de los intereses políticos o electorales por lo más preciado del futuro de una nación como es la educación. Tampoco se debe caer en la decisión de las mayorías tasándolas en nombre del apoyo social, y claro que habrá críticos y adversarios que se atreverán a decir que eso no es suficiente ni necesario, pero si se hace lo justo para satisfacer nuestras necesidades y para mantener el nivel y armonía con el mundo exterior y con los deberes morales y éticos, podremos sentirnos orgullosos de nosotros mismos.

Desviar la atención hacia el placer, el ego, la envidia, la ventaja y otras formas que terminan con el sentido humano de la educación, es deshacerla, por hoy no conviene que esta sea moneda de cambio, mucho menos se convierta en un trazo estratégico para negar la libertad o la justicia, columnas fundamentales de la formación para el conocimiento. Y es que a partir de ahora, no tendrá vigencia aquella ideología, la que no procure una educación al hombre por medio del conocimiento de sí mismo, logrado en la reflexión sobre su conciencia, el mundo y desde luego con respeto a los ecosistemas. (A)