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Morelia Colonial. Mi segunda casa

  • Rafael Rosales Coria

 

El lugar donde yo nací es un pueblo pequeño ubicado en una zona de transición de clima frío a caliente y se llama Taretan, Michoacán, donde existe un ingenio azucarero y la gente es noble, sencilla y de buen trato.

Hace poco más de 40 años arribé a la ciudad de Morelia y me encontré con un lugar agradable, con muchos sitios imponentes e históricos que te invitan a investigar nuestro pasado para conocer nuestro origen, comprender mejor el presente para entender el deber social y planear mejor lo que queremos hacer en el futuro y mejorar el estilo de vida.

Estamos celebrando un aniversario más de la fundación de nuestra ciudad que inicialmente fue Guayangareo, luego Valladolid y después Morelia, lugar que por su importancia es la capital del Estado de Michoacán de Ocampo, hermoso valle que cada día crece al ritmo de una población trabajadora, emprendedora y estudiosa porque en este lugar se asienta la más antigua institución de educación superior del Continente Americano y que es la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Morelia es una ciudad agradable para vivir, donde sus majestuosas iglesias se observan desde lejos y sus bonitos jardines te invitan a reposar el rato, las grandes plazas te contagian para recorrerlas y sentarte en una banca a leer el periódico y observar a la gente ir y venir de un lado para otro durante todo el día.

Morelia es un escaparate atractivo para todos los gustos y todas las edades en muchos aspectos. Se puede tomar un aromático café en los portales del centro, ir a los gazpachos de La Merced, disfrutar una bebida fresca allá por el Jardín de Las Rosas o cenar algo típico en San Agustín o en la Inmaculada.

Visitar Morelia obliga a acudir y conocer los murales del Palacio de Gobierno, la Casa Natal de Don José María Morelos y Pavón y la casa donde vivió, las cuales son museos sobre la vida y obra del héroe, el Palacio Clavijero y la Casa de la Cultura que hace varios siglos fueron conventos y ahora son espacio para el arte y la cultura; el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, que constituye el Alma Máter de los universitarios y de México porque allí se formaron Hidalgo y Morelos, forjadores de nuestra patria libre e independiente, y muchos otros que se distinguieron en las etapas históricas de México.

Morelia ofrece espacios para los novios y las parejas románticas como el Callejón del Romance, la Calzada de San Diego o la Plaza de Armas. El hacer ejercicio en el Bosque Cuauhtémoc, en el Estadio Venustiano Carranza, allá por el Planetario o subir las escaleras de Santa María.

Morelia no es sólo su medio urbano, pues también le corresponden tenencias y comunidades dignas de visitar como los talleres de alfarería de Capula, las ruinas arqueológicas de Teremendo, el Exconvento de Tiripetío, el Lago de Umécuaro, entre otros lugares de interés.

Como todas las ciudades, Morelia tiene problemas cotidianos pero frente a eso son muchas más las bondades que tiene y que la presentan como un lugar bueno para vivir, trabajar, estudiar o cuando menos para descansar algunos días y salir de lo común.

Morelia es una ciudad colonial por excelencia y muchos hemos llegado aquí y vivimos en ella porque nos abrió sus puertas y permitió nuestro desarrollo personal y familiar, lo cual nos convierte en morelianos por adopción y la consideramos como nuestra segunda casa.

Sin olvidar el origen y procedencia, debemos comprometernos a hacer de Morelia una ciudad placentera, con seguridad y tranquilidad para que la armonía sea característica de nuestra convivencia. (L)