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Normalistas explosivos

  • Eva E. Arreola

Del dominio público

Para nadie es un secreto que al interior de las Escuelas Normales de Michoacán existen grupos que adiestran a los alumnos en tácticas de movilización y resistencia, pero no pacífica. Y por eso el adiestramiento incluye la fabricación de artefactos explosivos e incendiarios.

Varios episodios a lo largo de los últimos años dan cuenta de eso, como el ocurrido el 15 de octubre de 2012, cuando los estudiantes atacaron con petardos y bombas molotov a elementos de la Policía Federal que ingresaron a las Normales de Tiripetío, Arteaga y Cherán para recuperar más de 100 vehículos de empresas y del gobierno que habían tomado por la fuerza para exigir atención a sus demandas.

El operativo, que derivó en la captura de 176 alumnos, dejó varios oficiales heridos por el uso de bombas incendiarias con las que los jóvenes calcinaron una veintena de unidades. Uno de los agentes perdió un ojo debido a que uno de esos artefactos le estalló cerca.

En otro momento, en diciembre de 2016, 52 normalistas, 30 hombres y 22 mujeres, fueron detenidos sobre la Autopista Siglo XXI en posesión de dos autobuses que tenían reporte de robo. Las unidades serían utilizadas para bloquear la carretera como medida de presión del movimiento estudiantil para acceder a beneficios del gobierno.

La Policía Michoacán les aseguró en esa ocasión 25 granadas explosivas de fabricación casera, elaboradas con latas de aluminio, pólvora, clavos y trozos de metales.

De acuerdo al reporte que dieron las autoridades, este tipo de artefactos pueden ser mortales en un radio de cinco metros, y los estudiantes los llevaban consigo listos para usarse contra la Policía o cualquiera otra fuerza que tratara de impedir su objetivo de atacar las vías generales de comunicación.

Los detenidos fueron acusados de violaciones a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos y llevados a penales fuera de Michoacán, donde después quedaron en libertad por decisión del juez que conoció el caso.

Pero ni así los normalistas han renunciado a estas prácticas ilícitas. La semana pasada, un alumno de la Normal de Tiripetío prácticamente sufrió la amputación de uno de sus brazos cuando al estar manipulando uno de esos artefactos le estalló accidentalmente. Las fotografías que circularon en redes sociales sobre las lesiones que el explosivo le causó eran simplemente impresionantes.

El joven fue trasladado en una camioneta del plantel hacia la ciudad de Morelia para ser atendido. La unidad fue interceptada por paramédicos a la altura de Ciudad Universitaria y de ahí fue canalizado a un hospital, pues además de que su brazo quedó deformado también tenía diversas lesiones a nivel de tórax.

Aquí es donde, además de la intervención de las autoridades, cabe preguntarse dónde están los padres de familia que solamente aparecen cuando sus hijos ya han sido detenidos por cometer actos ilícitos (bloqueo en carreteras, bloqueo de vías ferroviarias, saqueo de vehículos repartidores, robo de autobuses y otros) y exigir su liberación.

¿Dónde están aquellos grupos magisteriales que han hecho de las Normales un instrumento de presión con fines completamente apartados de la educación? ¿Cuándo van a salir a explicar ante la sociedad y ante esos padres de familia el motivo de seguir alentando el adiestramiento de los alumnos para elaborar y manipular explosivos? ¿Debe pasar una tragedia mayor para que los líderes de estos grupos entiendan que esas tácticas están formando todo, menos docentes?

Hace pocos días apareció un video en redes sociales que mostraba a integrantes del crimen organizado bloqueando vialidades y quemando vehículos, utilizando bombas caseras llamadas molotov para infundir pánico y zozobra. Tristemente, los normalistas parecen estar copiando esas malas prácticas. (–)