imagotipo

Otra crisis que alcanzó a la educación

  • Juan Ávila Osornio

La sospecha es evidente, la educación está en crisis, como lo están otros ejes de la vida social: la economía, la religión, el campo, la familia, la política, la seguridad pública, etcétera, y es que es recurrente, aún no se resuelve un asunto, cuando salta otro problema en el mismo eje, ¿pero por qué ocurre esto?, recordemos que el año 47 del siglo pasado, uno de los historiadores más reconocidos de nuestra nación Daniel Cosío Villegas escribió un ensayo refiriéndose a la crisis en México, obvio, muchos se escandalizaron diciendo que quien se encontraba en crisis era la nación vecina y más otras naciones del mundo que venían de una guerra, y que habían perdido, en cambio los EUA sus campos agrícolas y fábricas fueron atendidos por mexicanos; pero México se podría decir estaba en proceso de definición, ya poco o nada decía el programa de la Revolución Mexicana para definir al nuevo México, había que pensar en otros referentes, el mundo se estaba construyendo en otro paradigma, casualmente aparecieron pensadores tan valiosos que predijeron esa crisis retratando al mexicano: Octavio Paz, Samuel Ramos y otros que siguieron escribiendo como Roger Bartra, Carlos Monsiváis.

En los 50 del siglo XX, la palabra de Octavio Paz señala que la Revolución había sido un inmenso estallido luego del cual estábamos extraviados en un laberinto entre tradición y modernidad, la etapa romántica de la revolución, cuya voluntad estaba en la justicia, la libertad y la democracia, que habían sido sustitutas del orden y progreso, poco se entendieron que se trataba no sólo de un movimiento social y político; sino también cultural, había que crear los cimientos de construcciones racionalistas y sistemáticos, incluso ya en estos pensadores se nota la duda que se pone en los principios del saber, tanto científico como filosófico, y se empieza a negar el fundamento mismo de todo conocimiento objetivo; pero contundente fue la expresión de Cosío Villegas “Sin exceptuar a ninguno -afirmó Cosío Villegas en La crisis de México-, todos sus hombres han resultado inferiores a las exigencias de la Revolución”, el problema central es que no queríamos ver que la crisis ya estaba.

Hoy parece que pasa lo mismo, no queremos ver que los problemas serios están presentes, las distintas corrientes de la acción política, llámense partidos, que es donde radica el poder y la definición de la nación, no ven este declive serio, incluso han caído en el primitivismo donde la razón sólo la tienen los lideres, dejando la ciudadanía sólo a la práctica de sus virtudes, como es el activismo electoral, en una palabra, han sepultado a la democracia; pero también lo están haciendo los sindicatos y otras organizaciones gremiales donde la toma de decisiones no la tiene el colectivo, la fuerza por desgracia la tiene el representante, sólo para que repita la historia.

Es de recordar que los políticos de aquellos años, como los de ahora ningunean los escritos que nos lleven a analizar lo que realmente es México, por un lado la ingenuidad del mexicano de pensar de que los lideres velarán por sus intereses, es decir un optimismo electoral que sólo se repetirá, por eso las voces críticas es más fácil llamarles traidores a la democracia.

La verdad es que estamos en la cuerda floja, la nueva crisis está en puerta, sus ejes principales -falta de justicia, la avanzada corrupción, desigualdad, la impunidad- son los mismos de 1947, los mismos de hace siglos, los mismos que hicieron temblar y depusieron a Porfirio Díaz. Sus rasgos principales: la pobreza y la impunidad criminal, es evidente por doquier. Somos un país injusto, desigual, corrupto y sin rumbo.

Las fuentes de legitimidad están ausentes, y el mecanismo para reactivarlas: la democracia está invadida por la corrupción y la injusticia. Muchos de los jóvenes se muestran escépticos, están cansados y desilusionados. Si no se depuran los hombres -escribió Cosío Villegas hace 70 años- no habrá en México autorregeneración “y el país perderá mucho de su existencia nacional”. Para superar la honda crisis de valores y de imaginación, hace falta fortalecer la educación superior para que todos los jóvenes tengan acceso, y no sólo la clase media alta y los hijos de los pudientes. (–)