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Pero… ¿Qué enseñan los maestros?

  • Juan Ávila Osornio

 

Ninguna sociedad podría avanzar sin la presencia de sus maestros, porque ellos trabajan lo que quisieran que fueran sus individuos y su comunidad, “ese quisiera ser”, que es el modelo de perfección y al que se refiere François Mauriac “el Yo bien logrado” y que hiciera mención Fernando Savater en el homenaje que se le brindó en la Feria del Libro de Guadalajara la semana pasada. Y es que “Yo quisiera ser” no es cualquier asunto, mucho depende de las condiciones formativas de los individuos, ese cómo lograrlo, ahí está el reto mayúsculo; sobre todo es un reto para los maestros porque son ellos los que tienen en parte esa responsabilidad.

El gran compromiso de los maestros es acercar-transferir y lograr el apropiamiento del conocimiento de los estudiantes, un conocer que se expresa en fórmulas, enunciados, categorías, conceptos, figuras, símbolos y lenguajes que explican la existencia de algo, ese algo que tiene que ver con la familia, la cultura, la religión, la tradición, con todos los usos y costumbres que la humanidad ha hecho a través de su historia, esa es la tarea del maestro; ah, pero llevar a comprender que ahí van también valores morales y éticos que tienen que ver con la formación del futuro ciudadano.

Para tal propósito, el maestro tiene que provocar las dudas, sobre todo las creadoras, aquellas que inquietan, que allanan los caminos para la búsqueda; pero no me refiero a las dudas que encierran a los individuos o los llevan por caminos inhóspitos. Las dudas bien planteadas abren posibilidades de vida, y cuando a los niños y jóvenes se les indican bien los caminos, más correctos éticamente, ellos triunfan.

Aunque a muchos “nos hubiera gustado” tener maestros que nos provocaran de verdad al desarrollo de la abstracción, esa capacidad para reducir los componentes fundamentales de información de un fenómeno para conservar sus rasgos más relevantes; en fin, el maestro que logra impulsar esto en sus alumnos está cumpliendo una extraordinaria tarea, como es el valor de educar al que se refiere Savater.

Aunque Savater dice que un buen maestro es aquel que se cree que es ignorante, con ello nos quiere decir que el brillante, ostentoso, vanidoso, prepotente, no puede enseñar, su actitud no le permite aflorar la humildad para entender la ignorancia de los demás, porque el problema para entender es lo que provoca el conflicto al tratar de aprender, el buen maestro se pregunta “¿cómo hago para hacer aprender este o aquello?”; es decir el buen maestro ignora cómo hacer el acto de enseñar, y reconocer esa ignorancia es un importante avance para enseñar, porque en ese acto también está aprendiendo.

Como se puede ver, el maestro tiene la función de “aclarar” las dudas que tienen los estudiantes al tratar de apropiarse de los conocimientos, en ese aclaramiento hay un sentido-actitud de humildad, de conocimiento, de ceder el lugar al otro para que pueda gozar el saber y entusiasmarse por la vida, y con ello entender los valores, la acción, los deberes conmigo mismo y con los demás. Por eso cuando el maestro pone barreras para que el estudiante pueda establecer una relación de comunicación… ¿Entonces cómo puede haber educación allí?, no hay aclaramiento de nada, más que sólo imposición.

Dice el Cid en voz de Savater… “la lengua sin manos no es de fiar”, porque el buen maestro pone en práctica su pensar bien, es decir en ese “querer ser”, en ese ser que sea libre, para que nunca se pregunte “que va a pasar”, el libre no se pregunta por esos motivos de la vida, porque nada se hace si no lo hacemos nosotros, el tiempo y el espacio resuelven tan poco como la nada.

Quien quiere ser maestro, debe hacer las cosas con alegría, que muestre el gusto por lo que hace cada día, porque cuando falta la alegría, se transmitirá a los estudiantes otra cosa: pesimismo, hipocresía, intolerancia, frustración, y es que el buen maestro suspende todo por acariciar la academia, así como lo hizo Voltaire en sus últimos años de vida, dijo… “Madame, he suspendido mi agonía para verla a usted, que es mi favorita”…los favoritos de los maestros, no son otros más que sus estudiantes. (–)