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#SíMerezcoVivir

  • Adriana Mier y Teràn

“Las mujeres somos violadas de cien maneras distintas cada día. Nos despojan de nuestra dignidad, empañan nuestro valor, se niega nuestra personalidad desde temprana edad, de modo que podemos ser violentadas a lo largo de nuestras vidas sin que haya ninguna consecuencia”. Neema Namadmu…

Las voces se exaltan al tiempo que cientos de almas se tornan visibles, destacando entre siluetas trémulas, que cobran aliento de vida emanado de lágrimas que disipan huellas perpetuas; tatuadas en el cuerpo y alma de aquellas que sufren en silencio constantes vejaciones para destacar el fulgor de la valía femenina que trasciende las cifras y discursos, que lejos de propiciar parcelas de paz, evidencian una realidad que pareciera desbordar a un sistema anquilosado y paralizado por retórica cosmética. Que con afán de maquilar encabezados amarillistas y tremendistas, denotan ignorancia supina, indiferencia y enajenación. Reflejando el rostro de un Estado fisurado. Donde cientos de féminas permanecen sitiadas por la ignominia persistente en callejones, hogares, sitios públicos, centros estudiantiles e instituciones.

De nueva cuenta, el espectro de misoginia recubre aparatos rebasados por premisas contradictorias y clichés sexistas. A través de los cuales se trata inútilmente de matizar los hechos de sangre y violencia que trastocan la vida de miles de mexicanas. Quienes se encuentran en riesgo de ser anuladas al disipar, entre estadísticas, sus nombres, motivaciones e ideario.

Para muestra basta un hashtag. Los hechos ocurridos a inicio del mes de mayo en las inmediaciones de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México evidenciaron la precaria estrategia dirigida hacia la prevención del delito. Conferida en una nación que ha tomado por costumbre ocultar y maquillar cifras. Achacando éste y otros al proceder y manera de vestir de la víctima. Aunado a la develación de datos e información personal, que resulta en una clara re victimización de la mujer.

Dicha indignación generalizada logró ser tangible, a través de líneas de plasma, con objeto de visibilizar y denunciar el sentir femenino. Ante la incertidumbre de la violencia generalizada su tratamiento a través de los aparatos de impartición de justicia. Mientras miles de voces femeninas rotulan epitafios virtuales en los cuales evidencian su derecho a la vida. (L)