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Urge apoyar el talento de los jóvenes

  • Juan Ávila Osornio

Hace unos días asistí a una clausura de cursos donde, además del acto cívico y entrega de documentos que acreditan la terminación de su formación, los alumnos presentaron evidencias de su obra; en ella pudieron mostrar el talento de los jóvenes, se nota una buena conducción de los aprendizajes por parte de los docentes del Instituto Moreliano de Moda y Arte Contemporáneo, que por más de 30 años ininterrumpidos ha venido capacitando, aunque diría formando, a mujeres y varones en una de las expresiones más revolucionadas en los últimos años: el vestir.

No hay duda, es un instituto que se caracteriza por la exigencia académica, donde el hacer se sustenta con el pensar; no en el pensar del momento, sino de lo que viene, que es una razón natural del ser, que, se podría decir, es una concepción divina del individuo, que al provocar esa actividad reflexiva sin duda surge el poder de la creación, como lo pudimos admirar, porque el arte se admira y lo que vimos en cada una de las 99 piezas fueron creaciones para el hoy y el mañana, donde la jovialidad de los chicos se puede proyectar más allá de la palabra.

Este instituto es sólo un ejemplo para ver que la capacidad de creación de los jóvenes está diseminada por todos los espacios; no importa su origen social, cultural, económico, el que quiere mostrar su vocación simplemente lo hace, y para esto se necesitan espacios donde puedan expresar lo que hacen con amor, pues confeccionar es pensar, ver, procesar, utilizar todas las herramientas posibles al máximo y ver un futuro social que no está en el contexto, pero cuya razón de existencia constituye la unión de cuerpo y gusto, que es la parte mental donde surgen y crean las emociones, y así es el vestido, la prenda para hombre o mujer, provoca la emoción.

Son Elisa Ortega Corona y Maximino Gómez Sosa los iniciadores de este proyecto, hoy consolidado; han llevado a muchos jóvenes a conocer-se y descubrirse en una vocación en la que algunos ya están en lo universal; por ello, muchos egresados no sólo son pilares de las fábricas de ropa en la vecina ciudad de Moroleón, en Guadalajara o la Ciudad de México, sino que sus exalumnos ahora están ya en las ciudades de exposición del arte del vestir, como Los Ángeles, California, y otros, aunque pocos han tenido la fortuna de ser captados por grandes firmas como Christian Dior, tal como sucedió con el joven talento en diseño Alejandro Gómez Ortega, quien ya se desplaza por el mundo de la moda.

El ejemplo de Inmodart, institución moreliana, es sólo una muestra del deseo que tienen los jóvenes de centro educativo con la apariencia de carecer de formación de docencia profesional; sin embargo, los maestros han sabido despertar vocaciones y animar el espíritu rebelde para que con libertad se exprese; y bueno, la obra ahí está, cada año hacen una muestra casi tradicional (la pasarela), por eso, su actividad extraordinaria de servicio a la comunidad me lleva a pensar en aquella cita de Émile Michel Cioran: “Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estar abocados por lo que nos falta por inventar”. Y es que el problema no es hoy sólo entender, sino contestar con argumento y acción, y después de admirar el trabajo de los estudiantes de verdad sostengo que si instituciones públicas y privadas trabajaran con ese deseo de recuperar y orientar hacia el bien a través de la educación, muchos jóvenes michoacanos serían sólidos talentos en nuestro país.

Esta institución ayuda también a que jóvenes de escasos recursos con necesidad de trabajar pronto se incorporen a talleres y fábricas, o bien abran su propio negocio; pero ahora, con la gran novedad, pueden estudiar una licenciatura en diseño de alta costura y con ello convertirse en impulsores de novedades, pues ahora, con la ayuda de las TICs, el diseño de moda se ve influenciada por las latitudes culturales y sociales, que varían con el tiempo y el lugar, de ahí la importancia de interactuar con las grandes firmas de estos negocios. (–)