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X-MAS

  • Adriana Mier y Teràn

 

No existe la Navidad ideal, sólo la que usted decida crear como reflejo de sus valores, deseos, queridos y tradiciones.

Bill McKibben.

 

El frio apremiaba durante la alborada dominical. El termostato de la habitación marcaba 8 grados centígrados, en tanto mis meñiques se entumían entre guantes de franela, atinadamente enredados entre frazadas rebosadas con monitos de nieve, pingüinos y estrellitas danzarinas. El invierno comienza a mostrar aristas que impregnan de estípulas cristalinas las hojas de mi patio, mientras que una docena de flores de nochebuena brotan virtuosas al pie de la escalera.

Recorrí las persianas para descubrir el sutil encanto de la mañana aderezada por el ponche de frutas con canela, cuyo aroma me remontó hacia escenarios donde no había cabida para preocupaciones mundanas. Reminiscencia de aquella postrimería invernal en la cual, los primos nos reuníamos para fincar estrategias dignas de SWAT, con afán de pillar al escurridizo Papa Noel. Mismas que abortábamos tras el paso de las horas abatidos por el sueño.

Previniendo con ternura cada detalle que permitiera degustar la temporada decembrina, dedicando horas a la manufactura de adornos caseros, entre dedos pinchados y risas interminables. Al tiempo que buscábamos en terrenos aledaños piedras, ramas y piñitas de árbol para decorar las salas con belenes saturados con figuras de barro. Destacando nuestra capacidad de asombro, que precedía la cálida velada en compañía de aquellos que amábamos.

¡Ya huele a Navidad! Sin embargo, los costes se incrementan, la creatividad disminuye y la solidaridad se disipa. Vivimos en una cotidianidad que impide reparar en elementos esenciales, al destacar artilugios efímeros. Transmutando al espíritu navideño en trending topic que pareciera diseminar su autenticidad entre testaferros platinados.

Lo cual abre el debate ante aquello que debe perpetuarse a generaciones venideras. Incluyendo el acervo de añoranzas y esperanzas que no deben acotarse a una celebración de temporada. Sino adoptarte como estilo de vida. Cuyo efecto perdure más allá de jarrones navideños pletóricos de esferas. Diseñando ambientes familiares robustos y solidarios capaces de recrear navidades acordes a sus valores, ideologías, creencias y vivencias. Con afán de fortalecer el tejido social, por encima de mallas navideñas e intermitentes.

Mientras tanto, me permito saborear lentamente un pedazo de caña, dispuesta a redescubrir la magia de este amanecer. (L)