/ jueves 30 de julio de 2020

Ricardo Robles: el empresario detrás del Woodstock Morelia

En 1994, un joven emprendedor soñó con organizar un concierto de Pearl Jam en la capital michoacana; la experiencia final fue muy distinta.

Morelia, Mich. (OEM-Infomex).- El pasado 28 de diciembre, El Sol de Morelia publicó una entrevista con Salvador Munguía, uno de los personajes que participó en la organización del festival bautizado como Woodstock Morelia en 1994. Sin embargo, el empresario que puso en riesgo gran parte de su capital económico e hizo las gestiones para que el evento saliera a flote fue Ricardo Robles, quien, confiesa en una charla exclusiva, jamás perdió tanto dinero en un evento público de este tipo.

A 26 años de distancia, el ahora copastor evangélico recuerda cómo fue que el sueño de hacer un concierto con Pearl Jam terminó en algo completamente distinto: un festival de rock con figuras retiradas como Ray Manzarek, Robby Krieger y John Densmore (los tres sobrevivientes de The Doors), además de Leon Russell, Eric Burdon, Edgar Winter, Carmine Appice y Papa John Creach.

Para entender cómo fue que Robles se convirtió en un promotor de conciertos, hay que remitirse a referencias políticas. Hijo de Roberto Robles Garnica, fundador del Partido de la Revolución Democrática, Ricardo se inmiscuyó desde muy joven en la producción de espectáculos públicos como una forma de generar recursos para el Frente Democrático Nacional, encabezado por figuras como Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo. “Teníamos que buscar recursos y así fue que conocí a varios promotores, por lo que comencé a abrirme camino en ese ámbito”, señala.

La escalada de conciertos organizados por Ricardo lo llevaron a montar su propia oficina, donde se producían conciertos de todo tipo, desde pequeños shows hasta magnos festivales, como uno encabezado por Los Temerarios que reunieron a más de 100 mil personas.

Foto: Cortesía | Ricardo Robles

Ya en esas esferas, Robles quiso complacer a sus gustos personales por encima del interés económico. Pensó en Pearl Jam, la banda de grunge que emergía como relevo de Nirvana en plena ebullición de la llamada Generación X. Así viajó a Beverly Hills para entrar a la oficina central de William Morris, donde puso los pies en la tierra: era imposible que esa banda llegara a México, no había forma de hacerlo, tenía que “sumar puntos” como promotor internacional. Pero no lo iban a dejar ir con las manos vacías.

Un hombre, de quien prefiere omitir la identidad, le ofreció organizar un concierto con los antiguos integrantes de The Doors, el cuarteto encumbrado por Jim Morrison, fallecido en 1971. “Y pensé, ya estoy aquí, ni modo de decir que no, pero me fueron poniendo muchas condiciones: si quería a Manzarek, tenía que contratar a Jefferson Airplane; quería a Johnny Winter pero solo estaba Edgar Winter; Leon Russel y Papa John Creach ya eran bastante mayores... No sé ni cómo llegó Carmine Appice, quién sabe por qué lo contratamos o quién lo contrató”.

Foto: Cortesía | Ricardo Robles

El joven empresario estaba consciente de que Morelia no era la ciudad ideal para un festival de este tipo, pero aun así no desistió en organizar el Woodstock Morelia, “Tributo al Rey Lagarto”, como se anunciaba en los carteles, en el estadio Venustiano Carranza. Esperaba un lleno, a miles de fanáticos del viejo rock and roll, pero a la cita no llegaron ni tres mil personas con boleto pagado.

Durante la charla, Ricardo mezcla gestos de tristeza, nostalgia y orgullo. No se arrepiente de la experiencia, pero acepta que tal osadía le costó pérdidas impensadas. A la entrevista se suma Juan Bosco Vega, que en 1994 era un comunicador bien posicionado con su programa NotiMafalda. “El problema con ese festival es que nadie pensó que fuera real y era muy riesgoso, solo a Ricardo se le pudo ocurrir”, añade con un tono de sorpresa que no se diluye con el tiempo. Acepta que desde entonces no se ha organizado un festival de esa altura en la capital michoacana: “Han venido figuras como Toto, o como el baterista de Chicago, pero tantas estrellas juntas, nunca, ni en los tiempos más recientes”.

Foto: Cortesía | Ricardo Robles

El concierto se llevó a cabo no solo en Morelia, sino en Guadalajara y en la Ciudad de México, donde Robles recuerda que llegaron inspectores de la Secretaría de Hacienda “para auditarnos todo, todo”. Acostumbrado al éxito empresarial, el entrevistado acepta el singular tropiezo: “En Morelia no me quedó nada, ni un peso, ni para un refresco; había una persona de Estados Unidos que llegó al festival para decirnos que no podíamos usar el nombre de The Doors, amenazó con demandar y no nos quedó más remedio que entregarle todo el ingreso de taquilla y ventas de alimentos. No quería problemas, no quería que mi familia se perjudicara, así que acepté para que los demás estuvieran tranquilos”.

Ante el quebranto, Ricardo encontró ciertos gestos de solidaridad, como la condonación por el servicio de proveedores, sin lo cual la ruina habría sido peor. Fueron 25 años de dedicarse a producir espectáculos y jamás perdió tantos recursos.

Foto: Cortesía | Ricardo Robles

Lo que sí aclara es que él y solo él estuvo al frente de la organización, “los demás que se lo atribuyan no tienen idea de cuánto costó y qué implicó”. Respaldado por Bosco Vega, afirma que ese peculiar oficio, el de organizar conciertos o espectáculos, es estresante, riesgoso, pero vale la pena porque tiene que ver con los gustos personales, “el que es empresario tiene adrenalina, sin eso no se puede”, concluye.


Morelia, Mich. (OEM-Infomex).- El pasado 28 de diciembre, El Sol de Morelia publicó una entrevista con Salvador Munguía, uno de los personajes que participó en la organización del festival bautizado como Woodstock Morelia en 1994. Sin embargo, el empresario que puso en riesgo gran parte de su capital económico e hizo las gestiones para que el evento saliera a flote fue Ricardo Robles, quien, confiesa en una charla exclusiva, jamás perdió tanto dinero en un evento público de este tipo.

A 26 años de distancia, el ahora copastor evangélico recuerda cómo fue que el sueño de hacer un concierto con Pearl Jam terminó en algo completamente distinto: un festival de rock con figuras retiradas como Ray Manzarek, Robby Krieger y John Densmore (los tres sobrevivientes de The Doors), además de Leon Russell, Eric Burdon, Edgar Winter, Carmine Appice y Papa John Creach.

Para entender cómo fue que Robles se convirtió en un promotor de conciertos, hay que remitirse a referencias políticas. Hijo de Roberto Robles Garnica, fundador del Partido de la Revolución Democrática, Ricardo se inmiscuyó desde muy joven en la producción de espectáculos públicos como una forma de generar recursos para el Frente Democrático Nacional, encabezado por figuras como Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo. “Teníamos que buscar recursos y así fue que conocí a varios promotores, por lo que comencé a abrirme camino en ese ámbito”, señala.

La escalada de conciertos organizados por Ricardo lo llevaron a montar su propia oficina, donde se producían conciertos de todo tipo, desde pequeños shows hasta magnos festivales, como uno encabezado por Los Temerarios que reunieron a más de 100 mil personas.

Foto: Cortesía | Ricardo Robles

Ya en esas esferas, Robles quiso complacer a sus gustos personales por encima del interés económico. Pensó en Pearl Jam, la banda de grunge que emergía como relevo de Nirvana en plena ebullición de la llamada Generación X. Así viajó a Beverly Hills para entrar a la oficina central de William Morris, donde puso los pies en la tierra: era imposible que esa banda llegara a México, no había forma de hacerlo, tenía que “sumar puntos” como promotor internacional. Pero no lo iban a dejar ir con las manos vacías.

Un hombre, de quien prefiere omitir la identidad, le ofreció organizar un concierto con los antiguos integrantes de The Doors, el cuarteto encumbrado por Jim Morrison, fallecido en 1971. “Y pensé, ya estoy aquí, ni modo de decir que no, pero me fueron poniendo muchas condiciones: si quería a Manzarek, tenía que contratar a Jefferson Airplane; quería a Johnny Winter pero solo estaba Edgar Winter; Leon Russel y Papa John Creach ya eran bastante mayores... No sé ni cómo llegó Carmine Appice, quién sabe por qué lo contratamos o quién lo contrató”.

Foto: Cortesía | Ricardo Robles

El joven empresario estaba consciente de que Morelia no era la ciudad ideal para un festival de este tipo, pero aun así no desistió en organizar el Woodstock Morelia, “Tributo al Rey Lagarto”, como se anunciaba en los carteles, en el estadio Venustiano Carranza. Esperaba un lleno, a miles de fanáticos del viejo rock and roll, pero a la cita no llegaron ni tres mil personas con boleto pagado.

Durante la charla, Ricardo mezcla gestos de tristeza, nostalgia y orgullo. No se arrepiente de la experiencia, pero acepta que tal osadía le costó pérdidas impensadas. A la entrevista se suma Juan Bosco Vega, que en 1994 era un comunicador bien posicionado con su programa NotiMafalda. “El problema con ese festival es que nadie pensó que fuera real y era muy riesgoso, solo a Ricardo se le pudo ocurrir”, añade con un tono de sorpresa que no se diluye con el tiempo. Acepta que desde entonces no se ha organizado un festival de esa altura en la capital michoacana: “Han venido figuras como Toto, o como el baterista de Chicago, pero tantas estrellas juntas, nunca, ni en los tiempos más recientes”.

Foto: Cortesía | Ricardo Robles

El concierto se llevó a cabo no solo en Morelia, sino en Guadalajara y en la Ciudad de México, donde Robles recuerda que llegaron inspectores de la Secretaría de Hacienda “para auditarnos todo, todo”. Acostumbrado al éxito empresarial, el entrevistado acepta el singular tropiezo: “En Morelia no me quedó nada, ni un peso, ni para un refresco; había una persona de Estados Unidos que llegó al festival para decirnos que no podíamos usar el nombre de The Doors, amenazó con demandar y no nos quedó más remedio que entregarle todo el ingreso de taquilla y ventas de alimentos. No quería problemas, no quería que mi familia se perjudicara, así que acepté para que los demás estuvieran tranquilos”.

Ante el quebranto, Ricardo encontró ciertos gestos de solidaridad, como la condonación por el servicio de proveedores, sin lo cual la ruina habría sido peor. Fueron 25 años de dedicarse a producir espectáculos y jamás perdió tantos recursos.

Foto: Cortesía | Ricardo Robles

Lo que sí aclara es que él y solo él estuvo al frente de la organización, “los demás que se lo atribuyan no tienen idea de cuánto costó y qué implicó”. Respaldado por Bosco Vega, afirma que ese peculiar oficio, el de organizar conciertos o espectáculos, es estresante, riesgoso, pero vale la pena porque tiene que ver con los gustos personales, “el que es empresario tiene adrenalina, sin eso no se puede”, concluye.


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