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En cada ruedo cargamos la muerte en ancas: Piojo Santillán

Figura en México y Estados Unidos, nuestro personaje piensa en el retiro

El jaripeo bravo cada vez tiene más seguidores de este y del otro lado del Río Bravo, y Michoacán es cuna de los pioneros en esa materia, lo mismo en el ámbito de las ganaderías que en el de toreadores y lazadores, díganlo si no los nombres de Encaste Bravo, San Maximiano y Rodrigo Tapia, así como El Piojo Santillán, La Chispa y El Chambón, respectivamente.

De entre ellos tiene un lugar especialísimo Wilmer Santillán, aquel jinete de jaripeos de los tiempos idos que se distinguió por su pundonor y coraje, el mismo que ahora es reconocido en toda la República Mexicana y gran parte de los Estados Unidos como el mejor poste de los jaripeos bravos, determinó retirarse del ámbito profesional.

Ese gran toreador a caballo y lazador moreliano entró en un análisis profundo de lo que ha hecho  durante 12 años y su respuesta final es que ya no quiere vivir con tanto riesgo, “no por miedo, porque miedo no tengo, sino porque ya son muchos años de andar entre los toros y tengo que llevar una vida más tranquila”.

A nuestro entrevistado se le conoce más como El Piojo Santillán, distintivo que suena muy fuerte en cualquier lugar donde se hable de jaripeo bravo, porque siempre destacó en cualquiera de las cuatro posicione fundamentales de las cuadrillas de toreadores y  lazadores, sea como puntero, orillero (derecho e izquierdo) y, ahora, como poste.

Muy bueno en los cabezales y los piales, por eso su presencia en un redondel ha sido factor tranquilizante para sus compañeros. Líder indiscutible de la famosa cuadrilla La No Me Sé Rajar, con la que ha triunfado entre los toros más peligrosos y sanguinarios de todo el país.

Tiene el récord de que ningún burel lo ha dejado sin cabalgadura, ninguno le ha matado un caballo echo a su rienda, y se ha dado el gusto de meterle el lazo cabecero a los más reconocidos de la República Mexicana, por eso actualmente su cuadrilla La No Me Sé Rajar está ubicada entre las tres mejores del país.

Para una entrevista de perfil lo visitamos en su Rancho El Alegre, no lo encontramos allí, pero finalmente dimos con él en amena convivencia con unos amigos, compadres de él, que también son buenos lazadores. Una vez que entramos en materia, le insistí en que los toreadores a caballo y lazadores como ellos que enfrentan toros de lidia muy toreados (es decir que han desarrollado mucho sentido, lo que los hace letales) deberían prepararse al igual que lo hacen los rejoneadores como Pablo Hermoso de Mendoza, Rodrigo Santos, Diego Ventura y Emiliano Gamero, por ejemplo.

Su respuesta fue rápida: “No, Óscar, eso no sirve aquí. Ellos son excelentes, pero ante toros que no han sido toreados; los que nosotros enfrentamos saben qué es lo que deben hacer, cómo deben hacerlo y lo hacen. Olvídate que Pablo Hermoso de Mendoza pudiera torearlos como lo hace en las plazas, le matarían sus caballos”.

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El Piojo Santillán, hombre de baja estatura, muy garrudo, recio y rudo, pero muy amistoso, noble y amiguero, pensó más de dos veces su respuesta antes de dármela a conocer con respecto a su determinación de abandonar su profesión de toreador a caballo.

“Para diciembre, Óscar, para diciembre, si Dios me da licencia. Ya entro poco a las plazas, pero como tengo algunos compromisos que me eché desde antes, no puedo retirarme sin cumplirlos. Pero en diciembre se acaba mi cuadrilla La No Me Sé Rajar del Piojo Santillán.

Nuestro personaje de hoy es un campirano güero, de cara afilada, ojos vivaces y un afilamiento singular en la nariz, la boca y el mentón, por lo que le surgió el apodo de Piojo. Ah, y en las toreadas a caballo pica preciso y veloz, quien nos confió lo siguiente:

“Hace poco estuve enfermo, fui al médico y me salió con que ando mal de la presión, me dijo que debo bajarle a las tensiones. Y en esta profesión, mi maestro, es imposible andar sin presión, porque cada que entramos a un ruedo a torear y a lazar cargamos a la muerte montada en ancas. Así que para estar bien, decidí ya retirarme en diciembre de este año”.

-Bueno, acoté, ¿y sí te vas a retirar; estás seguro que no te va a ganar la espinita de la toreada a caballo y la lazada?

Wilmer se quitó el sombrero de ala de media anchura, iluminó sus ojos piojiclaros, y sonrió: “Definitivo, en diciembre se acaba La No Me Sé Rajar del Piojo Santillán, pero mis compadres Armado y Arturo, los de la cuadrilla Los Locos de Quinceo, me hicieron una invitación y por ahí los acompañaré en algunos jaripeos”.

Total que Wilmer por prescripción médica le bajará a las tensiones, sin embargo se echará sus palomazos con Los Locos de Quinceo, pero sin calendarios tan apretados como los tenía con La No Me Sé Rajar del Piojo Santillán.

Y en realidad, jamás le mataron ni un caballo durante los 12 años de toreador y lazador de jaripeos bravos. “Una vez, en la Plaza de Toros La Salud, en Puruándiro, El Pavito mató la montura con la que entré, pero esa no era mía, nunca la había montado, pero me insistieron que entrara al ruedo, me prestaron la cabalgadura y el toro me alcanzó y la mató, pero no era mía”. Así sea.