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Triunfan los novilleros morelianos; cortaron 3 orejas

Mauricio Ruiz destacó con un estoconazo hasta los gavilanes de efectos inmediatos

Por Óscar Tapia Campos

Los novilleros morelianos Patricio Ochoa, Baruch Arreola y Mauricio Ruiz le ganaron la partida a los foráneos con tres estoconazos, gracias a los que cortaron el mismo número de orejas, una cada uno; por los no michoacanos destacó el zacatecano Andrés Suárez, quien realizó la faena más torera de la tarde. El hidrocálido Manuel Gutiérrez, el guanajuatense Francisco Martínez y el queretano Emiliano Saavedra se fueron silenciados y con avisos.

El novillero moreliano Mauricio Ruiz destacó y fue aplausido fuertemente por el público por un estoconazo hasta los gavilanes que hizo rodar sin puntilla al de Puerta Grande; prácticamente lo partió en dos.

Encierro

Malo en términos generales el encierro de Puerta Grande. Muy difícil el primero de la tarde, el segundo se dejaba meter mano, pero se aburrió; muy bueno el cuarto, pero no le fue aprovechada toda su bravura; bueno el cuarto; malísimo el quinto; bueno el sexto, con claridad en la embestida; muy malo el séptimo, nada para rescatarle.

Andrés Suárez

Vestido con un traje grana y oro, el zacatecano se paró con sabiduría en el redondel y ante un toro muy complicado al que había que poderle y enseñarlo; después de un buen puyazo de Rodolfo Carmona y un buen quite por Gaoneras de Manuel Gutiérrez, Andrés Suárez fue paciente ante un novillo rajado, pegado a piso, que regateaba la embestida, mas el diestro le dio el toreo que se ocupaba y poco a poco lo metió en su muleta hasta construirlo para una faena de oreja, mas falló feamente con el acero. Silencio.

Manuel Gutiérrez

Enfundado en un terno celeste y oro, el hidrocálido se fue a porta gayola y ante una embestida descompuesta del de Puerta Grande dudó, el novillo se paró, y pasó sobre el novillero, quien salió maltrecho del lance con una pisada en la rodilla. Después de breves minutos regresó al redondel, se engalló, y dibujó dos muy buenas tandas de verónicas excitantes. Con la muleta brilló en una ligazón con derechazos hondos, sin embargo después perdió la brújula, estuvo dubitativo, escuchó dos avisos y concluyó con pinchazo y media delantera y tendida. Silencio.

Francisco Martínez

Enfundado en un vino de burdeos y oro, el guanajuatense Francisco Martínez corrió con lo mejor del encierro, un negro entrepelado comodito y muy bravo. Francisco Martínez lo recibió pegado a tablas con una larga de rodillas que le fue jaleada, luego un capotazo de hinojos y se levantó para lucir por tafalleras. Cubrió los tres tercios: colocó un buen par al cuarteo, se lució con el par al violín y cerró con un tercero de poder a poder. El toro creció y con la muleta el chaval le esculpió una buena tanda de ayudados por alto y luego con otra de derechazos acompañados con la cintura, el toro iba a más y más, sin embargo al chaval le faltaron tablas y desaprovechó a un novillo que traía para la gran faena. Dos avisos, mal con el acero. Silencio.

Patricio Ochoa

Ajuarado con un azul rey y oro, el moreliano Patricio Ochoa saludó al de Puerta Grande con una serie de verónicas bien templadas que le fueron coreadas por el respetable y una revolera; con la muleta se despatarró toreramenteante el de Puerta Grande y dejó ver ganas de ser, hambre de triunfo ante un burel que se dejaba meter mano, aunque traía lo suyo, malas ideas, mas el coletudo estuvo atento. Lo mejor de él fue en la suerte suprema al lanzarse con determinación y dejar una estocada en buen sitio que hizo rodar sin puntilla al astado. Una oreja.

Baruch Arreola

Ataviado con un palo de rosa y oro, Baruch Arreola derrochó valor, entusiasmo y torerismo ante lo peor del encierro, un novillo burriciego descastado, manso, distraído y sin un pase, al que recibió en el centro del ruedo con tres capotazos poderosos. El novillero moreliano le aguantó eternidades, se metió en sus terrenos, se dejó sobar con la paleta de los cuernos, se jugó la vida en busca de un pase, pero era imposible hacer un manantial de una piedra del desierto. El público entendió al chaval y guardó un silencio respetuoso, admirativo. Había que abreviar con ese rajado, pero Baruch Arreola insistió, por eso cuando se dispuso para la estocada se antojaba que metiera un bajonazo, porque ese marrajo no iba a empujar y no se descubría. El chaval aprovechó un mínimo movimiento y le dejó media estocada en sitio, la que fue escupida; Baruch volvió a tomar la espada y en un santiamén le dio otra media ración mortal por necesidad, el de Puerta Grande rodó sin puntilla y el público le exigió una oreja al juez Víctor Alanís, quien la otorgó gustosamente por los merecimientos.

Mauricio Ruiz

Enfundado en un terno azul eléctrico y oro, el también moreliano Mauricio Ruiz saludó a la concurrencia con tafalleras muy lucidas que le fueron agradecidas por el público, lució con una buena tanda de verónicas muy ceñidas para escuchar aplausos. Con la muleta estampó una tanda por derechazos muy bien llevados y luego prendió con una tanda de naturales muy ceñidos. Tenía un toro al que había que comprender, porque traía resabios y gañafoneaba de fea manera, sin embargo el chaval se paraba con clase cuando había que hacerlo y luego ligó una tanda honda, profunda en la que se doblaba bonito y acompañaba las embestidas con la cintura. El burel se fue a menos, salía de las suertes con la cara arriba. Ruiz cerró con una serie de ayudados por alto que le fueron jaleados y  concluyó con gran estocada que partió en dos al de Puerta Grande, para cortar una oreja muy meritoria.

Emiliano Saavedra

Ataviado en un traje azul con pasamanerías en negro, el novillero queretano recibió al de Puerta Grande pegado a tablas con tres largas de rodillas para luego lucir por chicuelinas y una serie de navarras. El toro apuntaba para mucho, pero rápidamente se aplomó, el chamaco le buscó la condición, insistió, le echo valor y deseos de gustar, pero no tuvo contribución del de Puerta Grande. Falló con el acero y escuchó un aviso. Silencio.

En términos generales los novilleros, aunque algunos acusaron verdor, estuvieron por encima de los novillos; la ganadería tendría que revisar sus encastes, porque salen muy bien de los corrales, pero después del puyazo se van a menos. Así sea..