/ lunes 12 de junio de 2023

Soledad, la boxeadora con la voz de las desaparecidas desde el ring

Desde su trinchera, la deportista visibiliza las desapariciones de mujeres en Michoacán

Morelia, Mich (OEM-Infomex).- Cuando escucha el nombre de Emilia, a Soledad Vargas se le corta la voz. Mientras su hija de apenas unos meses de nacida gatea por el gimnasio, la originaria del municipio de Apatzingán reconoce que se llena de temor solo de pensar que puede vivir una situación similar.

Para su regreso al boxeo profesional, la deportista decidió portar un uniforme color morado con el que no solo recuerda a Emilia, sino que visibiliza que la historia de ella puede llegar a ser la de tantas mujeres michoacanas que siguen sin ser nombradas.

“La historia de Emilia es la de una niña que fue arrebatada de los brazos de su madre. Caminaban por la calle para dirigirse a ver a su papá, cuando desconocidos se la quitaron y lo que siguió fue la incertidumbre de no saber si estaba secuestrada, hasta que le devolvieron el cuerpo ya sin vida”.

Al conocer el relato, se animó a acercarse a la madre de Emilia para solicitar su autorización de llevar el nombre de su hija en su uniforme y también para comprometerse a entregar la indumentaria a la familia luego de la pelea.

Por medio del deporte y su carrera busca levantar la voz y exigir justicia, pero también decirle a la sociedad que se detenga a pensar que no es válido que a una niña se le prive de su vida sin más.

El trágico episodio no le es ajeno a Sol Vargas, pues recuerda que a los 15 años experimentó uno de los momentos de mayor temor que ha tenido en su vida, cuando sujetos alcoholizados pretendieron subirla a un vehículo en contra de su voluntad.

“Volver a desbloquear ese recuerdo fue difícil. Una vez fuimos a comer con mi mamá y en algún momento cruzamos por una calle que está muy solitaria en Apatzingán, entonces se nos emparejó un vehículo donde venían hombres ebrios y se bajaron con la intención de ir por mí”.

Soledad Vargas, boxeadora / Foto: Adid Jiménez | El Sol de Morelia

Ante el peligro y la desesperación, la madre de Sol ordenó a su hija que corriera lo más rápido que le fuera posible y gracias a que contaba con una buena condición física, consiguió resguardarse en un taller mecánico.

“Mi mamá llorando me decía que por poco y me iba de sus brazos, entonces no quiero ni imaginar lo que sintió la madre de Emilia cuando observaba cómo se la llevaban. Yo soy mamá de dos niños y no me gustaría pasar por algo así, por todo ese dolor que ellos sintieron”.

El problema social de las desapariciones forzadas es algo que en su momento también alcanzó a la hermana de la pugilista, quien desapareció junto a sus dos hijas, pero que por fortuna fueron localizadas. Un final que no todos pueden contar en este país.

La combinación del deporte con el activismo no es algo nuevo para Soledad Vargas, ya que en su última pelea, antes de tomarse una pausa, diseñó un uniforme en el que rendía homenaje a 80 mujeres michoacanas que fueron víctimas de feminicidio.


“Tengo que decirlo: en su momento critiqué y juzgué al feminismo, pero tras hacer consciencia, me di cuenta que no era válido que yo las señalara, entendí que las mujeres se expresan como ellas desean y como mejor les parezca con tal de que las escuchen”.

Al reflexionar esta parte, la michoacana vio una posibilidad de apoyar arriba del ring, dado que comparte que conoce historia de boxeadoras que han sufrido acoso sexual por parte de entrenadores y hasta de los compañeros de profesión.

Foto: Fernando Maldonado | El Sol de Morelia

El gesto de Sol ya ha tenido una respuesta favorable en el gremio, puesto que otras boxeadoras de Nuevo León, Yucatán, Jalisco y Ciudad de México han comenzado a replicar la acción y en sus uniformes expresan su afinidad por todas esas causas sociales que se pretenden silenciar.

“Creo que podríamos organizarnos entre todas, solo es cosa de comunicarnos. El otro uniforme no sabía qué hacer con él, entonces tuve la oportunidad y el honor de hacérselo llegar a la mamá de Jessica González Villaseñor”.

Para Soledad Vargas el deporte también cumple con una función social y en este sentido, refiere que cuando las personas la vean arriba del ring quiere que escuchen su voz, una que le está pidiendo a la sociedad que entienda el dolor ajeno y que tome consciencia de que ninguna mujer ni ningún niño de Michoacán y del país merecen un trato indigno ni tampoco ser olvidados.

Morelia, Mich (OEM-Infomex).- Cuando escucha el nombre de Emilia, a Soledad Vargas se le corta la voz. Mientras su hija de apenas unos meses de nacida gatea por el gimnasio, la originaria del municipio de Apatzingán reconoce que se llena de temor solo de pensar que puede vivir una situación similar.

Para su regreso al boxeo profesional, la deportista decidió portar un uniforme color morado con el que no solo recuerda a Emilia, sino que visibiliza que la historia de ella puede llegar a ser la de tantas mujeres michoacanas que siguen sin ser nombradas.

“La historia de Emilia es la de una niña que fue arrebatada de los brazos de su madre. Caminaban por la calle para dirigirse a ver a su papá, cuando desconocidos se la quitaron y lo que siguió fue la incertidumbre de no saber si estaba secuestrada, hasta que le devolvieron el cuerpo ya sin vida”.

Al conocer el relato, se animó a acercarse a la madre de Emilia para solicitar su autorización de llevar el nombre de su hija en su uniforme y también para comprometerse a entregar la indumentaria a la familia luego de la pelea.

Por medio del deporte y su carrera busca levantar la voz y exigir justicia, pero también decirle a la sociedad que se detenga a pensar que no es válido que a una niña se le prive de su vida sin más.

El trágico episodio no le es ajeno a Sol Vargas, pues recuerda que a los 15 años experimentó uno de los momentos de mayor temor que ha tenido en su vida, cuando sujetos alcoholizados pretendieron subirla a un vehículo en contra de su voluntad.

“Volver a desbloquear ese recuerdo fue difícil. Una vez fuimos a comer con mi mamá y en algún momento cruzamos por una calle que está muy solitaria en Apatzingán, entonces se nos emparejó un vehículo donde venían hombres ebrios y se bajaron con la intención de ir por mí”.

Soledad Vargas, boxeadora / Foto: Adid Jiménez | El Sol de Morelia

Ante el peligro y la desesperación, la madre de Sol ordenó a su hija que corriera lo más rápido que le fuera posible y gracias a que contaba con una buena condición física, consiguió resguardarse en un taller mecánico.

“Mi mamá llorando me decía que por poco y me iba de sus brazos, entonces no quiero ni imaginar lo que sintió la madre de Emilia cuando observaba cómo se la llevaban. Yo soy mamá de dos niños y no me gustaría pasar por algo así, por todo ese dolor que ellos sintieron”.

El problema social de las desapariciones forzadas es algo que en su momento también alcanzó a la hermana de la pugilista, quien desapareció junto a sus dos hijas, pero que por fortuna fueron localizadas. Un final que no todos pueden contar en este país.

La combinación del deporte con el activismo no es algo nuevo para Soledad Vargas, ya que en su última pelea, antes de tomarse una pausa, diseñó un uniforme en el que rendía homenaje a 80 mujeres michoacanas que fueron víctimas de feminicidio.


“Tengo que decirlo: en su momento critiqué y juzgué al feminismo, pero tras hacer consciencia, me di cuenta que no era válido que yo las señalara, entendí que las mujeres se expresan como ellas desean y como mejor les parezca con tal de que las escuchen”.

Al reflexionar esta parte, la michoacana vio una posibilidad de apoyar arriba del ring, dado que comparte que conoce historia de boxeadoras que han sufrido acoso sexual por parte de entrenadores y hasta de los compañeros de profesión.

Foto: Fernando Maldonado | El Sol de Morelia

El gesto de Sol ya ha tenido una respuesta favorable en el gremio, puesto que otras boxeadoras de Nuevo León, Yucatán, Jalisco y Ciudad de México han comenzado a replicar la acción y en sus uniformes expresan su afinidad por todas esas causas sociales que se pretenden silenciar.

“Creo que podríamos organizarnos entre todas, solo es cosa de comunicarnos. El otro uniforme no sabía qué hacer con él, entonces tuve la oportunidad y el honor de hacérselo llegar a la mamá de Jessica González Villaseñor”.

Para Soledad Vargas el deporte también cumple con una función social y en este sentido, refiere que cuando las personas la vean arriba del ring quiere que escuchen su voz, una que le está pidiendo a la sociedad que entienda el dolor ajeno y que tome consciencia de que ninguna mujer ni ningún niño de Michoacán y del país merecen un trato indigno ni tampoco ser olvidados.

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