/ sábado 24 de octubre de 2020

Biblioteca Pública, el edificio ignorado durante Covid-19

El descuido de todo lo que rodea al inmueble no es del que se asemeja al deterioro, se trata más bien de un sitio que en pandemia se ha convertido casi invisible

Morelia, Michoacán (OEM-Infomex).- Es verdad que nunca fue el lugar más concurrido. Ignorado por casi todos los transeúntes, la Biblioteca Pública de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) siempre ha figurado más como un edificio de adorno para el turismo que como un punto de reunión estudiantil.

Pero al día de hoy, Covid-19 hace que todavía parezca más desolado. A las afueras del lugar, un indigente ha hecho de este espacio su guarida. Se acomoda justo en la entrada principal para contemplar las horas, pero si el sol lo llega a incomodar, camina hacia otra zona, siempre en el mismo circuito.

Nadie lo molesta, es como si no existiera. En la fuente que se asoma en contraesquina del Colegio de San Nicolás, algunas parejas toman asiento, pero no duran mucho. Buscan mejores opciones en el centro de la ciudad.

Foto: Carmen Hernández | El Sol de Morelia



El descuido de todo lo que rodea a la biblioteca no es del que se asemeja al deterioro, se trata más bien de un sitio que en pandemia se ha convertido casi invisible. Está, pero nadie lo mira. Los ojos de los que caminan se enfocan hacia el frente y si a algún lado hay que mirar, optan por la preparatoria Melchor Ocampo y por el Mercado de Dulces.

Un niño, con más capacidad de atención, se atreve a observar las jardineras que dan la bienvenida a la biblioteca. Detecta algo y de inmediato alardea a su madre el descubrimiento: se trata de una dentadura que fue olvidada y que váyase a saber cuánto tiempo llevaba ahí.

El rato pasa y el indigente parece contento. La pandemia le ha venido bien. La sombra ha vuelto a pegar en la puerta principal. Se acomoda plenamente en esta crisis y disfruta que los libros, aparentemente, sigan importando muy poco.

Bibliotecas, templos del saber o reliquias de otra época.

Confinamiento y sobretodo presupuestos reducidos, son algunos de los factores que se experimenta o escucha con demasiada frecuencia, especialmente a partir de la crisis económica derivada por la pandemia de Covid-19, para dejar de consumir libros o ir a donde están para su consulta: las bibliotecas.

La discusión es la misma: si la lectura de libros desaparecerá, incluso si es que las bibliotecas en unos años sólo serán recordadas como ese lugar a donde las personas recurrían para informarse, estudiar o pasar un buen rato con alguna historia.

Según archivos de la dirección de bibliotecas de la Secretaría de Cultura Federal, en Michoacán existen 237 bibliotecas de las que por lo menos 30 están abandonadas, olvidadas y no cuentan con los acervos requeridos por la población en dichas ubicaciones, aunque no se especificó en cuáles.

Puede interesarte: Venta de libros por internet, nicho para coleccionistas

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

La institución menciona que en el caso de las sedes más alejadas se hace lo posible para reactivarlas y llevar colecciones de interés general para los niños, jóvenes y adultos".

Las bibliotecas enfrentarán cambios drásticos debido a la revolución digital y a la pandemia, puesto que el virus provocará grandes modificaciones en este tipo de espacios.

Mientras que muchas siguen ofreciendo libros como han hecho siempre, también, algunas muy poco a poco se han ido convirtiendo en centros tecnológicos.

Por otro lado, el cambio de todo, el cual ha llegado rápido y constante, factores centrales en los tiempos que se viven, las tendencias siempre cambiantes, significan que el desarrollo profesional continuo y el aprendizaje de por vida nunca han sido más importantes.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

La tecnología ha acelerado la extinción de servicios y espacios que no responden a las necesidades sociales de los nuevos tiempos.

En los últimos años, la introducción del teléfono inteligente y de las aplicaciones ha sido testigo de las sugerencias realizadas; normalmente por medios mal informados, de que las bibliotecas físicas y el acceso a los libros impresos ya no son necesarios porque todo está en Internet.

Sin embargo, frente a la biblioteca del pasado basada en un modelo transaccional, teniendo en cuenta aspectos como cuántos libros se prestaron y cuántas personas entraron físicamente a la biblioteca, en el que el conteo y las estadísticas de préstamos no mostraban el valor que las bibliotecas agregaban a sus comunidades.

Pese a ello, las bibliotecas de este siglo se están reinventando para alinearse con las nuevas tecnologías y la sociedad, teniendo en cuenta su lado relacional, valorando otras cuestiones como el espacio, los servicios y la experiencia del usuario en igual medida.

Sigue leyendo: El Traspatio abre taller de libros ilustrados

Foto: Carmen Hernández | El Sol de Morelia

De este modo pasamos de pensar en las bibliotecas como edificios que compilan y almacenan contenidos para facilitar el consumo de conocimientos, a edificios con espacios en los que tienen cabida casi todas las propuestas posibles.

Las bibliotecas públicas resurgen a partir de 1983 al establecerse el Plan Nacional de Bibliotecas Públicas que ha permitido abrir mas de cuatro mil bibliotecas en todo el país.

De todas estas importantes manifestaciones bibliotecarias, únicamente las bibliotecas públicas cuentan con un proyecto de investigación histórica. Ni las universitarias, ni las especializadas se han preocupado por estudiar su pasado.

CON INFORMACIÓN DE PERCY LÓPEZ

Morelia, Michoacán (OEM-Infomex).- Es verdad que nunca fue el lugar más concurrido. Ignorado por casi todos los transeúntes, la Biblioteca Pública de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) siempre ha figurado más como un edificio de adorno para el turismo que como un punto de reunión estudiantil.

Pero al día de hoy, Covid-19 hace que todavía parezca más desolado. A las afueras del lugar, un indigente ha hecho de este espacio su guarida. Se acomoda justo en la entrada principal para contemplar las horas, pero si el sol lo llega a incomodar, camina hacia otra zona, siempre en el mismo circuito.

Nadie lo molesta, es como si no existiera. En la fuente que se asoma en contraesquina del Colegio de San Nicolás, algunas parejas toman asiento, pero no duran mucho. Buscan mejores opciones en el centro de la ciudad.

Foto: Carmen Hernández | El Sol de Morelia



El descuido de todo lo que rodea a la biblioteca no es del que se asemeja al deterioro, se trata más bien de un sitio que en pandemia se ha convertido casi invisible. Está, pero nadie lo mira. Los ojos de los que caminan se enfocan hacia el frente y si a algún lado hay que mirar, optan por la preparatoria Melchor Ocampo y por el Mercado de Dulces.

Un niño, con más capacidad de atención, se atreve a observar las jardineras que dan la bienvenida a la biblioteca. Detecta algo y de inmediato alardea a su madre el descubrimiento: se trata de una dentadura que fue olvidada y que váyase a saber cuánto tiempo llevaba ahí.

El rato pasa y el indigente parece contento. La pandemia le ha venido bien. La sombra ha vuelto a pegar en la puerta principal. Se acomoda plenamente en esta crisis y disfruta que los libros, aparentemente, sigan importando muy poco.

Bibliotecas, templos del saber o reliquias de otra época.

Confinamiento y sobretodo presupuestos reducidos, son algunos de los factores que se experimenta o escucha con demasiada frecuencia, especialmente a partir de la crisis económica derivada por la pandemia de Covid-19, para dejar de consumir libros o ir a donde están para su consulta: las bibliotecas.

La discusión es la misma: si la lectura de libros desaparecerá, incluso si es que las bibliotecas en unos años sólo serán recordadas como ese lugar a donde las personas recurrían para informarse, estudiar o pasar un buen rato con alguna historia.

Según archivos de la dirección de bibliotecas de la Secretaría de Cultura Federal, en Michoacán existen 237 bibliotecas de las que por lo menos 30 están abandonadas, olvidadas y no cuentan con los acervos requeridos por la población en dichas ubicaciones, aunque no se especificó en cuáles.

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Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

La institución menciona que en el caso de las sedes más alejadas se hace lo posible para reactivarlas y llevar colecciones de interés general para los niños, jóvenes y adultos".

Las bibliotecas enfrentarán cambios drásticos debido a la revolución digital y a la pandemia, puesto que el virus provocará grandes modificaciones en este tipo de espacios.

Mientras que muchas siguen ofreciendo libros como han hecho siempre, también, algunas muy poco a poco se han ido convirtiendo en centros tecnológicos.

Por otro lado, el cambio de todo, el cual ha llegado rápido y constante, factores centrales en los tiempos que se viven, las tendencias siempre cambiantes, significan que el desarrollo profesional continuo y el aprendizaje de por vida nunca han sido más importantes.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

La tecnología ha acelerado la extinción de servicios y espacios que no responden a las necesidades sociales de los nuevos tiempos.

En los últimos años, la introducción del teléfono inteligente y de las aplicaciones ha sido testigo de las sugerencias realizadas; normalmente por medios mal informados, de que las bibliotecas físicas y el acceso a los libros impresos ya no son necesarios porque todo está en Internet.

Sin embargo, frente a la biblioteca del pasado basada en un modelo transaccional, teniendo en cuenta aspectos como cuántos libros se prestaron y cuántas personas entraron físicamente a la biblioteca, en el que el conteo y las estadísticas de préstamos no mostraban el valor que las bibliotecas agregaban a sus comunidades.

Pese a ello, las bibliotecas de este siglo se están reinventando para alinearse con las nuevas tecnologías y la sociedad, teniendo en cuenta su lado relacional, valorando otras cuestiones como el espacio, los servicios y la experiencia del usuario en igual medida.

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Foto: Carmen Hernández | El Sol de Morelia

De este modo pasamos de pensar en las bibliotecas como edificios que compilan y almacenan contenidos para facilitar el consumo de conocimientos, a edificios con espacios en los que tienen cabida casi todas las propuestas posibles.

Las bibliotecas públicas resurgen a partir de 1983 al establecerse el Plan Nacional de Bibliotecas Públicas que ha permitido abrir mas de cuatro mil bibliotecas en todo el país.

De todas estas importantes manifestaciones bibliotecarias, únicamente las bibliotecas públicas cuentan con un proyecto de investigación histórica. Ni las universitarias, ni las especializadas se han preocupado por estudiar su pasado.

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