/ miércoles 24 de abril de 2019

Trabajo doméstico, un tema pendiente de justicia laboral

El año pasado fue publicada la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi (2018), en la cual, entre otros datos, llamaron la atención las cifras relativas al sector del trabajo doméstico. Tal encuesta reveló que actualmente existen cerca de dos millones y medio de personas dedicadas a las labores del hogar, lo cual representa 4.8% del total de los mexicanos laboralmente activos, y además dio a conocer que dentro de ese gremio 90% son mujeres.

No hace falta hacer una reflexión profunda para darnos cuenta del gran desamparo, en cuanto a derechos laborales y sociales, en el que se ha encontrado históricamente este sector de trabajadores. Uno de sus principales lastres: la discriminación. En efecto, como bien refiere la encuesta antes citada, y es por todos conocido, han sido las mujeres las que mayoritariamente han desempeñado esta labor, llevando consigo una carga de prejuicios que les ha impedido el reconocimiento de su actividad como un trabajo pleno y formal, además de la discriminación por el salario y en gran medida por el origen étnico.

Hasta hoy en día, el trabajo doméstico está regulado en un régimen especial de la Ley Federal del Trabajo, lo cual resulta en un evidente acto de discriminación laboral; además, no se les reconoce un horario laboral fijo; no se establecen criterios claros para el pago de horas extras; y más aún, por si fuera poco, no se contempla obligatorio que dicha relación laboral quede establecida mediante la firma de un contrato laboral. Tal apartado, además de discriminatorio, tampoco dispone nada relativo a la seguridad, higiene, riesgos o accidentes de trabajo, vacaciones ni aguinaldo.

Es pues un tema pendiente que merece ser abordado en la pretensión de brindar justicia laboral a quienes se ganan la vida y proveen a sus familias mediante este tipo de actividades. Asimismo, la bancada de Morena en el Senado ha mostrado su conformidad con la ratificación del Convenio 189 de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), que versa, justamente, sobre el trabajo decente de las trabajadoras domésticas, el cual confió será ratificado en próximos meses. En esta tesitura, en la Comisión del Trabajo y Previsión Social del Senado de la República, de la cual formo parte, recientemente hemos aprobado un dictamen que busca atender esta problemática realizando diversas modificaciones a la Ley Federal del Trabajo, así como a la Ley del Seguro Social, a efecto de que quede asentado en nuestra legislación la obligatoriedad de que la relación laboral de estas actividades estén reguladas mediante la firma de un contrato, mismo que habrá de ser registrado ante la autoridad laboral competente; que las trabajadoras del hogar estén comprendidas dentro del régimen obligatorio del seguro social y además le sean reconocidas otras prestaciones como vacaciones; prima vacacional; pago de días de descanso; acceso obligatorio a la seguridad social; aguinaldo, entre otras que puedan acordar las partes.

En este sentido, cabe mencionar que luego de un amparo interpuesto ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que declaró discriminatorias las condiciones laborales de este gremio, el gobierno federal arrancó el mes pasado con un programa de afiliación de trabajadoras del hogar al Seguro Social. Por nuestra parte, habrá que esperar los tiempos propios del proceso legislativo para pronto ver materializado lo que se aprobó en la Comisión del Trabajo y hoy con gusto les comparto en esta columna, no sin destacar la digna e incansable lucha que han venido dando estas mujeres por el reconocimiento de sus derechos laborales, que sin duda alguna hoy son ejemplo de tenacidad, perseverancia y justicia. La transformación es posible.

Los invito a seguirme en mis redes sociales Facebook: Blanca Piña, Twitter: @BlancaPinaG.

El año pasado fue publicada la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi (2018), en la cual, entre otros datos, llamaron la atención las cifras relativas al sector del trabajo doméstico. Tal encuesta reveló que actualmente existen cerca de dos millones y medio de personas dedicadas a las labores del hogar, lo cual representa 4.8% del total de los mexicanos laboralmente activos, y además dio a conocer que dentro de ese gremio 90% son mujeres.

No hace falta hacer una reflexión profunda para darnos cuenta del gran desamparo, en cuanto a derechos laborales y sociales, en el que se ha encontrado históricamente este sector de trabajadores. Uno de sus principales lastres: la discriminación. En efecto, como bien refiere la encuesta antes citada, y es por todos conocido, han sido las mujeres las que mayoritariamente han desempeñado esta labor, llevando consigo una carga de prejuicios que les ha impedido el reconocimiento de su actividad como un trabajo pleno y formal, además de la discriminación por el salario y en gran medida por el origen étnico.

Hasta hoy en día, el trabajo doméstico está regulado en un régimen especial de la Ley Federal del Trabajo, lo cual resulta en un evidente acto de discriminación laboral; además, no se les reconoce un horario laboral fijo; no se establecen criterios claros para el pago de horas extras; y más aún, por si fuera poco, no se contempla obligatorio que dicha relación laboral quede establecida mediante la firma de un contrato laboral. Tal apartado, además de discriminatorio, tampoco dispone nada relativo a la seguridad, higiene, riesgos o accidentes de trabajo, vacaciones ni aguinaldo.

Es pues un tema pendiente que merece ser abordado en la pretensión de brindar justicia laboral a quienes se ganan la vida y proveen a sus familias mediante este tipo de actividades. Asimismo, la bancada de Morena en el Senado ha mostrado su conformidad con la ratificación del Convenio 189 de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), que versa, justamente, sobre el trabajo decente de las trabajadoras domésticas, el cual confió será ratificado en próximos meses. En esta tesitura, en la Comisión del Trabajo y Previsión Social del Senado de la República, de la cual formo parte, recientemente hemos aprobado un dictamen que busca atender esta problemática realizando diversas modificaciones a la Ley Federal del Trabajo, así como a la Ley del Seguro Social, a efecto de que quede asentado en nuestra legislación la obligatoriedad de que la relación laboral de estas actividades estén reguladas mediante la firma de un contrato, mismo que habrá de ser registrado ante la autoridad laboral competente; que las trabajadoras del hogar estén comprendidas dentro del régimen obligatorio del seguro social y además le sean reconocidas otras prestaciones como vacaciones; prima vacacional; pago de días de descanso; acceso obligatorio a la seguridad social; aguinaldo, entre otras que puedan acordar las partes.

En este sentido, cabe mencionar que luego de un amparo interpuesto ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que declaró discriminatorias las condiciones laborales de este gremio, el gobierno federal arrancó el mes pasado con un programa de afiliación de trabajadoras del hogar al Seguro Social. Por nuestra parte, habrá que esperar los tiempos propios del proceso legislativo para pronto ver materializado lo que se aprobó en la Comisión del Trabajo y hoy con gusto les comparto en esta columna, no sin destacar la digna e incansable lucha que han venido dando estas mujeres por el reconocimiento de sus derechos laborales, que sin duda alguna hoy son ejemplo de tenacidad, perseverancia y justicia. La transformación es posible.

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