/ sábado 25 de mayo de 2019

“Ni joto, ni puto ni marica… soy mujer

La primera mujer trans que estudió abiertamente en la Escuela Nacional de Estudios Superiores de la UNAM

“Joto, puto, marica… esas fueron las palabras que yo tuve para nombrarme y que mucha gente tiene para nombrarse así misma. No son palabras dignificadas, son las ofensas. Darme cuenta que no era hombre, siempre lo supe. Desde que recuerdo nunca me percibí como niño”, narra Edén, la primera mujer trans que estudió abiertamente en una escuela pública “con todo lo que eso implica”.

Para ella, es un triste honor ser la primera ya que “nos toca ser las primeras mujeres trans que estamos en espacios que no se espera que estemos”, opina Edén, en entrevista para El Sol de Morelia.

Calmada, con la voz pausada, esta mujer de 23 años, cursa la carrera de estudios sociales y gestión local en la Escuela Nacional de Estudios Superiores de la UNAM, Unidad Morelia. Estudiando es feliz. “Me interesa la academia porque a pesar de que si hay textos que hablan de los trans desde la academia no suele surgir desde las personas trans. Entonces hay pocos perfiles académicos”. En México sólo hay dos “entonces eso habla de un rezago histórico de las población trans en espacios académicos. Por eso es importante que generemos conocimiento desde la perspectiva de nosotras”.

Después de la carrera piensa hacer una maestría en Estudios Políticos en la Ciudad de México, mientras tanto, empuja al movimiento de la diversidad en Michoacán para ganar espacios y ser visibilizadas.

Edén es hija única; a sus 14 años asumió su rol de gay, sin embargo nunca sintió que lo fuera. “De hecho era complicado ponerlo en palabras. Todo mundo notaba que no era, en mi familia los varones, mis primos, mi abuelo, mi papá lo sabían. Nunca me intereso ser niño. Lo que buscaba era asimilarme con quien yo creía que era, en lo que yo me indentificara como mi madre y mi abuela”.

“Desde muy joven encontré que mostrar la feminidad era algo sancionable. Un día vi en una película que una niña se alzaba el vestido para saludar a alguien y se me ocurrió imitarlo con mi playera y mi madre me regañó muy fuerte porque sancionamos la feminidad en niños. Ahí me di cuenta que no podía expresarlo públicamente pero tengo otras formas de mostrarlo, usaba avatares femeninos en juegos de varones, en juegos de pelea, me empecé a vivir en otros territorios que eran más seguros”, narra la joven estudiante.


“Yo no sabía cómo nombrarlo, las palabras que fueron llegando fueron lo que entendemos como gay pero realmente no lo era, más bien eran las palabras peyorativas. Entonces dije tal vez soy gay. En la pubertad descubrí que me gustaban los hombres y tengo feminidad aunque no lo manifesté pues creo que tengo lo más lógico que pensara es que fuera homosexual pero aún así no me encontraba con la palabra, porque había dinámicas entre los homosexuales que no me interesaban. De hecho no me interesaba ser deseada como un hombre”.

Fue a los 16 años que Edén vio un video en youtube que le cambió la visa. “En ese momento había una moda de que si eras trans documentabas tu transición, como cambias. Vi un video de un chico trans y para mí eso fue un ‘se puede’ y ya podía nombrarlo. Eso es lo que yo siento, es lo que quiero hacer pero no me sentía con la seguridad de hacerlo”.

En esa época, Edén vivía con sus abuelos y su madre se acababa de divorciar. “Estábamos en una situación inestable y dependíamos de mis abuelos que habían manifestado ser muy homofóbicos entonces pues por supuesto que no veía un espacio seguro para transitar”.

Para Edén esa época fue muy difícil. “Cuando empiezo la universidad, a los 18 años, ya era claro que estaba interviniendo mi cuerpo, ya tenía el cabello largo, ya utilizaba ropa un poco más neutra, ya usaba el nombre que yo quería en ciertos espacios entonces ya era como comenzar mi vida ya en la universidad. Lo que la gente ya sabía, aunque yo no lo decía la gente ya empezaba a leerme en femenino entonces empieza mi vida en la universidad, una transición social”.

“Mi transición hormonal fue mucho después estaba deprimida por ese tema. Es entonces que ya independizadas de mis abuelos, hablé con mli madre de que no quería seguir en este cuerpo, no quiero que mi cuerpo avance, no quiero que mi identidad se vea negociada y es cuando le dije del trámite de cambio de nombre, comenzó todo”.

Para Edén es importante el lenguaje. “Nombrarlo distinto hace la gente lo lea distinto porque estamos dando otra información, por ejemplo ya no hablamos de un hombre que se hizo mujer, hablamos de que yo soy una mujer asignada a hombre al nacer y que este cambio de discurso cambia también radicalmente cómo la gente nos lee”.

Edén es la primera mujer trans, de cuatro mujeres y cuatro hombres que metieron el trámite de cambio de nombre. El día que entró en vigor la reforma de Michoacán, el primero de septiembre de 2017, las mujeres trans Shakira Denisse y Melissa, y los hombres trans Luis Esteban, Mauricio, Dante y Cristian obtuvieron su reconocimiento.

“Pues fue muy fuerte emocionalmente. Porque fuimos el segundo estado después de Ciudad de México que lo logró. Rompimos la idea de isla de derechos, aunque es un archipiélago de derechos porque aún siguen siendo reservados y es legal en seis estados. Yo lloré. Lo que representaba es que todos creímos que tenías que esperar a la ciudad de éxito para realizar ese trámite y entonces fue muy importante que nuestro estado nos reconociera era su deber, obligamos al estado a voltear y ver lo que estaba ocurriendo”.

A pesar de que no ha tenido incidentes graves de discriminación y odio, a Edén le enoja “la injusticia, los prejuicios, el que quieran condicionarte a ser o no ser o a solo ser esto y eso determine que eres un ciudadano de tercera de que se crea que no mereces amor, o que no tiene la capacidad de amar, que no mereces estar en ciertos espacios. Me da alegría la aceptación cuando reconozco que no tengo problema con la identidad; celebro la diferencia”.

“Yo he tenido privilegios. El hecho de que mi hogar es mi hogar cuando transito, yo no tuve que salir de mi casa y eso rompe con una triste norma . Yo no tuve que salir de mi casa, yo no tuve que pensar que al día cómo sobrevivir, no tuve que ingeniármelas en que trabaja, de hecho no trabajo. Entonces tuve acceso a seguir mi casa, a la escuela, a los 21 años ya tenia terapia hormonal, cambio de nombre y he tenido mucho apoyo de amigos y familia. Entonces no es tanto que no lo enfrentado sino que no que no he tenido porque enfrentarlo porque he sido privilegiada”

Eden

Estudiantede la ENES

“Joto, puto, marica… esas fueron las palabras que yo tuve para nombrarme y que mucha gente tiene para nombrarse así misma. No son palabras dignificadas, son las ofensas. Darme cuenta que no era hombre, siempre lo supe. Desde que recuerdo nunca me percibí como niño”, narra Edén, la primera mujer trans que estudió abiertamente en una escuela pública “con todo lo que eso implica”.

Para ella, es un triste honor ser la primera ya que “nos toca ser las primeras mujeres trans que estamos en espacios que no se espera que estemos”, opina Edén, en entrevista para El Sol de Morelia.

Calmada, con la voz pausada, esta mujer de 23 años, cursa la carrera de estudios sociales y gestión local en la Escuela Nacional de Estudios Superiores de la UNAM, Unidad Morelia. Estudiando es feliz. “Me interesa la academia porque a pesar de que si hay textos que hablan de los trans desde la academia no suele surgir desde las personas trans. Entonces hay pocos perfiles académicos”. En México sólo hay dos “entonces eso habla de un rezago histórico de las población trans en espacios académicos. Por eso es importante que generemos conocimiento desde la perspectiva de nosotras”.

Después de la carrera piensa hacer una maestría en Estudios Políticos en la Ciudad de México, mientras tanto, empuja al movimiento de la diversidad en Michoacán para ganar espacios y ser visibilizadas.

Edén es hija única; a sus 14 años asumió su rol de gay, sin embargo nunca sintió que lo fuera. “De hecho era complicado ponerlo en palabras. Todo mundo notaba que no era, en mi familia los varones, mis primos, mi abuelo, mi papá lo sabían. Nunca me intereso ser niño. Lo que buscaba era asimilarme con quien yo creía que era, en lo que yo me indentificara como mi madre y mi abuela”.

“Desde muy joven encontré que mostrar la feminidad era algo sancionable. Un día vi en una película que una niña se alzaba el vestido para saludar a alguien y se me ocurrió imitarlo con mi playera y mi madre me regañó muy fuerte porque sancionamos la feminidad en niños. Ahí me di cuenta que no podía expresarlo públicamente pero tengo otras formas de mostrarlo, usaba avatares femeninos en juegos de varones, en juegos de pelea, me empecé a vivir en otros territorios que eran más seguros”, narra la joven estudiante.


“Yo no sabía cómo nombrarlo, las palabras que fueron llegando fueron lo que entendemos como gay pero realmente no lo era, más bien eran las palabras peyorativas. Entonces dije tal vez soy gay. En la pubertad descubrí que me gustaban los hombres y tengo feminidad aunque no lo manifesté pues creo que tengo lo más lógico que pensara es que fuera homosexual pero aún así no me encontraba con la palabra, porque había dinámicas entre los homosexuales que no me interesaban. De hecho no me interesaba ser deseada como un hombre”.

Fue a los 16 años que Edén vio un video en youtube que le cambió la visa. “En ese momento había una moda de que si eras trans documentabas tu transición, como cambias. Vi un video de un chico trans y para mí eso fue un ‘se puede’ y ya podía nombrarlo. Eso es lo que yo siento, es lo que quiero hacer pero no me sentía con la seguridad de hacerlo”.

En esa época, Edén vivía con sus abuelos y su madre se acababa de divorciar. “Estábamos en una situación inestable y dependíamos de mis abuelos que habían manifestado ser muy homofóbicos entonces pues por supuesto que no veía un espacio seguro para transitar”.

Para Edén esa época fue muy difícil. “Cuando empiezo la universidad, a los 18 años, ya era claro que estaba interviniendo mi cuerpo, ya tenía el cabello largo, ya utilizaba ropa un poco más neutra, ya usaba el nombre que yo quería en ciertos espacios entonces ya era como comenzar mi vida ya en la universidad. Lo que la gente ya sabía, aunque yo no lo decía la gente ya empezaba a leerme en femenino entonces empieza mi vida en la universidad, una transición social”.

“Mi transición hormonal fue mucho después estaba deprimida por ese tema. Es entonces que ya independizadas de mis abuelos, hablé con mli madre de que no quería seguir en este cuerpo, no quiero que mi cuerpo avance, no quiero que mi identidad se vea negociada y es cuando le dije del trámite de cambio de nombre, comenzó todo”.

Para Edén es importante el lenguaje. “Nombrarlo distinto hace la gente lo lea distinto porque estamos dando otra información, por ejemplo ya no hablamos de un hombre que se hizo mujer, hablamos de que yo soy una mujer asignada a hombre al nacer y que este cambio de discurso cambia también radicalmente cómo la gente nos lee”.

Edén es la primera mujer trans, de cuatro mujeres y cuatro hombres que metieron el trámite de cambio de nombre. El día que entró en vigor la reforma de Michoacán, el primero de septiembre de 2017, las mujeres trans Shakira Denisse y Melissa, y los hombres trans Luis Esteban, Mauricio, Dante y Cristian obtuvieron su reconocimiento.

“Pues fue muy fuerte emocionalmente. Porque fuimos el segundo estado después de Ciudad de México que lo logró. Rompimos la idea de isla de derechos, aunque es un archipiélago de derechos porque aún siguen siendo reservados y es legal en seis estados. Yo lloré. Lo que representaba es que todos creímos que tenías que esperar a la ciudad de éxito para realizar ese trámite y entonces fue muy importante que nuestro estado nos reconociera era su deber, obligamos al estado a voltear y ver lo que estaba ocurriendo”.

A pesar de que no ha tenido incidentes graves de discriminación y odio, a Edén le enoja “la injusticia, los prejuicios, el que quieran condicionarte a ser o no ser o a solo ser esto y eso determine que eres un ciudadano de tercera de que se crea que no mereces amor, o que no tiene la capacidad de amar, que no mereces estar en ciertos espacios. Me da alegría la aceptación cuando reconozco que no tengo problema con la identidad; celebro la diferencia”.

“Yo he tenido privilegios. El hecho de que mi hogar es mi hogar cuando transito, yo no tuve que salir de mi casa y eso rompe con una triste norma . Yo no tuve que salir de mi casa, yo no tuve que pensar que al día cómo sobrevivir, no tuve que ingeniármelas en que trabaja, de hecho no trabajo. Entonces tuve acceso a seguir mi casa, a la escuela, a los 21 años ya tenia terapia hormonal, cambio de nombre y he tenido mucho apoyo de amigos y familia. Entonces no es tanto que no lo enfrentado sino que no que no he tenido porque enfrentarlo porque he sido privilegiada”

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