/ martes 15 de junio de 2021

Campañas y pacificación

El actual proceso electoral no ha estado exento de actos violentos que agregan elementos tóxicos para sembrar incertidumbre, dichas manifestaciones van contra lo que establece la política, porque ésta va más bien en contra de eventos que invocan conductas ilegales de franca confrontación.

Las campañas debieran ser un catálogo de propuestas en los grandes temas de la agenda política, no son pocos, que deben perfilar propuestas, ideas y soluciones. Aunque en los últimos días más bien hemos visto lo contrario en diferentes latitudes de nuestro país porque las descalificaciones se han incrementado, ello calienta más el escenario y no se envían las mejores señales.

Por ejemplo, el pasado día 13 de mayo fue asesinado el candidato a la presidencia municipal de Cajeme, Sonora; Abel Murrieta Gutiérrez, quien fuera años atrás procurador de justicia del norteño estado mencionado, también fue diputado. Buscaba ser alcalde de su municipio, una ráfaga homicida lo impidió. Esta jornada electoral ha resultado tóxica por muchos componentes inflamables que toman distancia de un verdadero proceso democrático en que debieran postularse y compartirse valores que nutran la conciencia social.

Las propuestas de quienes aspiran a cargos de elección popular se minimizan, lo que más ruido genera son las descalificaciones que calientan peligrosamente el proceso, ya ni hablar de ideologías, agendas programáticas y proyectos definidos, todo ello se ha postergado para dar paso a una sórdida lucha.

Más de 21 mil cargos de representación popular se disputan, 500 de índole federal, 19 mil 915 locales. Un padrón electoral con más de 94 millones de electores en unos comicios concurrentes en los que participan 10 partidos políticos, algunos van por su sobrevivencia para asegurar el presupuesto público. Además somos testigos de las alianzas que hasta hace pocos años serían impensables, aunque ahora con la visión pragmática todo es posible hasta perder la capacidad de asombro. Derecha e izquierda juntas y revueltas. El transformismo político a todo lo que da, las ideologías duermen o fueron enviadas de vacaciones.

15 gubernaturas se disputan actualmente, las apuestas, tendencias y pronósticos reflejan síntomas, aunque en algunas regiones no hay nada definido por lo cerrado de las cifras que se han hecho públicas y manifiestan una competencia real, incluso se habla de empates técnicos.

Una mayoría de nuestra clase política parece que la pandemia no les dice mucho, publicitan sus actividades masivas aún con el virus letal que amenaza con todo y los avances en materia de vacunación. La empatía no es precisamente una manifestación que distinga a los políticos que buscan cargos de representación popular.

No obstante, algo que pesa y pasa en este proceso electoral son hechos crecientes de violencia contra candidatas y candidatos, sucedió en Sonora con el crimen contra Abel Murrieta quien fuera candidato de Movimiento Ciudadano; en Michoacán atacaron un vehículo automotor en que se trasladaba habitualmente el candidato a la presidencia municipal de Morelia, Guillermo Valencia, ese día no viajaba en dicha unidad pero dos personas resultaron lesionadas. En otros puntos del país han sucedido hechos violentos que envían mensajes sombríos.

La política es antagónica a la violencia, como lo dijeron los antiguos griegos, la causa última es la consecución de la felicidad. Aunque Nicolás Maquiavelo definiría a la política como amoral, en donde todo puede ser válido para asegurar el poder. No obstante, las expectativas deben situarse en el quehacer político para perfilar soluciones y lograr con ello una finalidad concreta: la pacificación.



El actual proceso electoral no ha estado exento de actos violentos que agregan elementos tóxicos para sembrar incertidumbre, dichas manifestaciones van contra lo que establece la política, porque ésta va más bien en contra de eventos que invocan conductas ilegales de franca confrontación.

Las campañas debieran ser un catálogo de propuestas en los grandes temas de la agenda política, no son pocos, que deben perfilar propuestas, ideas y soluciones. Aunque en los últimos días más bien hemos visto lo contrario en diferentes latitudes de nuestro país porque las descalificaciones se han incrementado, ello calienta más el escenario y no se envían las mejores señales.

Por ejemplo, el pasado día 13 de mayo fue asesinado el candidato a la presidencia municipal de Cajeme, Sonora; Abel Murrieta Gutiérrez, quien fuera años atrás procurador de justicia del norteño estado mencionado, también fue diputado. Buscaba ser alcalde de su municipio, una ráfaga homicida lo impidió. Esta jornada electoral ha resultado tóxica por muchos componentes inflamables que toman distancia de un verdadero proceso democrático en que debieran postularse y compartirse valores que nutran la conciencia social.

Las propuestas de quienes aspiran a cargos de elección popular se minimizan, lo que más ruido genera son las descalificaciones que calientan peligrosamente el proceso, ya ni hablar de ideologías, agendas programáticas y proyectos definidos, todo ello se ha postergado para dar paso a una sórdida lucha.

Más de 21 mil cargos de representación popular se disputan, 500 de índole federal, 19 mil 915 locales. Un padrón electoral con más de 94 millones de electores en unos comicios concurrentes en los que participan 10 partidos políticos, algunos van por su sobrevivencia para asegurar el presupuesto público. Además somos testigos de las alianzas que hasta hace pocos años serían impensables, aunque ahora con la visión pragmática todo es posible hasta perder la capacidad de asombro. Derecha e izquierda juntas y revueltas. El transformismo político a todo lo que da, las ideologías duermen o fueron enviadas de vacaciones.

15 gubernaturas se disputan actualmente, las apuestas, tendencias y pronósticos reflejan síntomas, aunque en algunas regiones no hay nada definido por lo cerrado de las cifras que se han hecho públicas y manifiestan una competencia real, incluso se habla de empates técnicos.

Una mayoría de nuestra clase política parece que la pandemia no les dice mucho, publicitan sus actividades masivas aún con el virus letal que amenaza con todo y los avances en materia de vacunación. La empatía no es precisamente una manifestación que distinga a los políticos que buscan cargos de representación popular.

No obstante, algo que pesa y pasa en este proceso electoral son hechos crecientes de violencia contra candidatas y candidatos, sucedió en Sonora con el crimen contra Abel Murrieta quien fuera candidato de Movimiento Ciudadano; en Michoacán atacaron un vehículo automotor en que se trasladaba habitualmente el candidato a la presidencia municipal de Morelia, Guillermo Valencia, ese día no viajaba en dicha unidad pero dos personas resultaron lesionadas. En otros puntos del país han sucedido hechos violentos que envían mensajes sombríos.

La política es antagónica a la violencia, como lo dijeron los antiguos griegos, la causa última es la consecución de la felicidad. Aunque Nicolás Maquiavelo definiría a la política como amoral, en donde todo puede ser válido para asegurar el poder. No obstante, las expectativas deben situarse en el quehacer político para perfilar soluciones y lograr con ello una finalidad concreta: la pacificación.



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