/ viernes 31 de mayo de 2024

Votar es un acto educador

Y, sin embargo, se mueve Galileo Galilei (1564-1642)


En el ejercicio libre del derecho a votar que tenemos los ciudadanos mexicanos -análogamente con muchas otras actividades humanas- se puede recorrer el espectro de lo sublime a lo ridículo, de lo más profundo y trascendente hasta lo más terrenal, inmediato, básico y fatuo.

El ejercicio de nuestro derecho a sufragar puede ser una demostración de sumisión, de coacción, de indolencia y hasta de pragmatismo o un acto transformador, revolucionario, que modifica nuestro destino colectivo e individual.

Actualmente, dada la evolución de nuestra discusión pública, no votar se considera la peor de las salidas que puede tomar un ciudadano. Es la entrega de la voluntad propia, dejando a los demás decidir por ellos. Anularlo es prácticamente lo mismo, no fomenta la toma de decisiones y solamente cede la responsabilidad a quienes sí le dan sentido a su voto, sea cual sea la motivación que le lleve a cruzar el recuadro de su elección.

No votar en forma alguna puede ser visto como un hecho contestatario, anti sistémico o rebelde; es más bien pasivo, anómico, sumiso, irresponsable e indolente con el futuro propio y el de la patria misma.

Votemos, elijamos; aun siendo nuestra postura política parte de una agenda minoritaria, sufraguemos: no desdeñemos el poder de los efectos “mariposa”.

Votar es un acto revolucionario y visionario, porque sirve para romper inercias, para acabar con el statu quo y también para generar transformaciones sociales. Así también, se arrostra y evalúa al poder establecido desde la Fuenteovejuna que constituye una urna.

En este momento de nuestro país, se tomarán grandes decisiones, las cuales impactarán el futuro de más de 130 millones de personas.

Sin embargo, parece que, en el debate público, la inmediatez nos alcanzó y dejamos de hablar de lo trascendente para atender las urgencias: la inseguridad, la falta de agua, la corrupción y el desempleo, temas que se convirtieron en los temas más relevantes en la discusión pública durante los últimos meses.

En amplios sectores poblacionales, especialmente entre los más marginados, la discusión entre lo urgente, lo importante y lo verdaderamente trascendente fue relevada por la obtención de lo inmediato, por atender lo intempestivo, lo conductual: recibir dádivas o apoyos.

Si bien, en esta campaña se hizo un esfuerzo por poner los temas torales sobre la mesa: educación, primera infancia, salud pública entre otros, la coyuntura nos alcanzó.

Sin embargo, este periodo de veda electoral justamente nos sirve para reflexionar nuestro voto, para concretar nuestra decisión y que, este próximo domingo se acuda a las urnas.

Votar pensando en las próximas generaciones es diferente a pensar en lo inmediato, lo urgente o siquiera en lo importante: implica revisar las propuestas, calcular los escenarios, cómo viviremos en 10 años de ganar tal candidato o fuerza política, qué contrapesos habrá, cuáles serán las propuestas de campaña que llegarán a convertirse en políticas públicas que verdaderamente incidan en el desarrollo de las generaciones jóvenes.

Particularmente, resulta relevante considerar las propuestas que realizaron los candidatos a todos los puestos de elección popular de este país en torno a la educación. En este ámbito se diferencia quién tiene potencial de estadista de quien busca lucrar con la demagogia. Es decir, al informarnos de las propuestas que hayan hecho en materia de educación es posible que cada ciudadano discierna respecto a quién tiene potencial de generar un mejor rumbo para nuestra nación, estado o municipio, ya sea desde el poder ejecutivo o desde el legislativo. Es momento de dedicar tiempo a razonar nuestro voto.

Formar nuestro criterio para votar es parte de nuestra formación continua como ciudadanos. A la vez, votar, por supuesto, es educador en la medida en la cual se pone el ejemplo a nuestros hijos respecto al cumplimiento de un altísimo deber cívico.

Los ciudadanos contamos con muchas herramientas para la toma de decisiones en el Internet. Es momento de usarlas. Hay que sentarnos, solos o en familia a revisar qué dijo cada uno de los candidatos a los puestos de elección popular en disputa para así también dimensionar la importancia de votar por ellos o no.

Hagamos que este país se mueve, votemos pensando a futuro, estudiemos nuestro voto y pongamos el ejemplo cumpliendo con nuestras responsabilidades. Salgamos a votar este domingo dos de junio y construyamos con ello el país que visionamos, aquel en el cual nuestros hijos y nietos tienen el mejor horizonte posible.


Sus comentarios son bienvenidos en eaviles@mexicanosprimero.org y en Twitter en @Erik_Aviles

*Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C.

Y, sin embargo, se mueve Galileo Galilei (1564-1642)


En el ejercicio libre del derecho a votar que tenemos los ciudadanos mexicanos -análogamente con muchas otras actividades humanas- se puede recorrer el espectro de lo sublime a lo ridículo, de lo más profundo y trascendente hasta lo más terrenal, inmediato, básico y fatuo.

El ejercicio de nuestro derecho a sufragar puede ser una demostración de sumisión, de coacción, de indolencia y hasta de pragmatismo o un acto transformador, revolucionario, que modifica nuestro destino colectivo e individual.

Actualmente, dada la evolución de nuestra discusión pública, no votar se considera la peor de las salidas que puede tomar un ciudadano. Es la entrega de la voluntad propia, dejando a los demás decidir por ellos. Anularlo es prácticamente lo mismo, no fomenta la toma de decisiones y solamente cede la responsabilidad a quienes sí le dan sentido a su voto, sea cual sea la motivación que le lleve a cruzar el recuadro de su elección.

No votar en forma alguna puede ser visto como un hecho contestatario, anti sistémico o rebelde; es más bien pasivo, anómico, sumiso, irresponsable e indolente con el futuro propio y el de la patria misma.

Votemos, elijamos; aun siendo nuestra postura política parte de una agenda minoritaria, sufraguemos: no desdeñemos el poder de los efectos “mariposa”.

Votar es un acto revolucionario y visionario, porque sirve para romper inercias, para acabar con el statu quo y también para generar transformaciones sociales. Así también, se arrostra y evalúa al poder establecido desde la Fuenteovejuna que constituye una urna.

En este momento de nuestro país, se tomarán grandes decisiones, las cuales impactarán el futuro de más de 130 millones de personas.

Sin embargo, parece que, en el debate público, la inmediatez nos alcanzó y dejamos de hablar de lo trascendente para atender las urgencias: la inseguridad, la falta de agua, la corrupción y el desempleo, temas que se convirtieron en los temas más relevantes en la discusión pública durante los últimos meses.

En amplios sectores poblacionales, especialmente entre los más marginados, la discusión entre lo urgente, lo importante y lo verdaderamente trascendente fue relevada por la obtención de lo inmediato, por atender lo intempestivo, lo conductual: recibir dádivas o apoyos.

Si bien, en esta campaña se hizo un esfuerzo por poner los temas torales sobre la mesa: educación, primera infancia, salud pública entre otros, la coyuntura nos alcanzó.

Sin embargo, este periodo de veda electoral justamente nos sirve para reflexionar nuestro voto, para concretar nuestra decisión y que, este próximo domingo se acuda a las urnas.

Votar pensando en las próximas generaciones es diferente a pensar en lo inmediato, lo urgente o siquiera en lo importante: implica revisar las propuestas, calcular los escenarios, cómo viviremos en 10 años de ganar tal candidato o fuerza política, qué contrapesos habrá, cuáles serán las propuestas de campaña que llegarán a convertirse en políticas públicas que verdaderamente incidan en el desarrollo de las generaciones jóvenes.

Particularmente, resulta relevante considerar las propuestas que realizaron los candidatos a todos los puestos de elección popular de este país en torno a la educación. En este ámbito se diferencia quién tiene potencial de estadista de quien busca lucrar con la demagogia. Es decir, al informarnos de las propuestas que hayan hecho en materia de educación es posible que cada ciudadano discierna respecto a quién tiene potencial de generar un mejor rumbo para nuestra nación, estado o municipio, ya sea desde el poder ejecutivo o desde el legislativo. Es momento de dedicar tiempo a razonar nuestro voto.

Formar nuestro criterio para votar es parte de nuestra formación continua como ciudadanos. A la vez, votar, por supuesto, es educador en la medida en la cual se pone el ejemplo a nuestros hijos respecto al cumplimiento de un altísimo deber cívico.

Los ciudadanos contamos con muchas herramientas para la toma de decisiones en el Internet. Es momento de usarlas. Hay que sentarnos, solos o en familia a revisar qué dijo cada uno de los candidatos a los puestos de elección popular en disputa para así también dimensionar la importancia de votar por ellos o no.

Hagamos que este país se mueve, votemos pensando a futuro, estudiemos nuestro voto y pongamos el ejemplo cumpliendo con nuestras responsabilidades. Salgamos a votar este domingo dos de junio y construyamos con ello el país que visionamos, aquel en el cual nuestros hijos y nietos tienen el mejor horizonte posible.


Sus comentarios son bienvenidos en eaviles@mexicanosprimero.org y en Twitter en @Erik_Aviles

*Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C.

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