/ jueves 21 de marzo de 2019

La Décima

La “Décima Musa” es la manera en que se conoce a Sor Juana Inés de la Cruz, ilustre literata que antes de tomarlos hábitos llevaba por nombre Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana, que nació bajo el estigma de ser hija natural, en San Miguel Nepantla, Estado deMéxico, el 12 de noviembre de 1648.

Su infancia la pasó rodeada de libros, ya que se crió con su abuelo materno, don Pedro Ramírez, en la Hacienda de Panoayan, cuya exquisita biblioteca no le fue velada a la curiosa Juana, al punto de que a la edad de tres años ya sabía leer y cuando fue enviada a la capital del país aprendió el latín en solamente 20 lecciones.

Era de un carácter férreo y determinado, al punto de que “castigaba” su apariencia cortando su cabello sino aprendía lo que se auto imponía en cierto plazo límite. Este carácter de autoexigencialo podemos observar a lo largo de su vida, en la cual siempre se abocó a“aprender más, para ignorar menos”.

Su carácter de amor por el estudio y fuera de lo convencional es evidente en uno de sus poemas, donde se percibe la lucha que lleva a cabo contra los estándares de su sociedad: “¿En perseguirme, mundo, qué interesas? / ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento / poner bellezas en mi entendimiento / y no mi entendimiento en las bellezas? / Yo no estimo tesoros ni riquezas,
y así, siempre me causa más contento / poner riquezas en mi entendimiento / que no mi entendimiento en las riquezas (…)”.

Juana era aparentemente agraciada físicamente (todos sus retratos fueron póstumos) y en su juventud se le retrata usualmente con un semblante despierto, cejas finas que enmarcan su mirada inquisitiva, amplia y nívea frente, y una tupida melena negra que le cae por los hombros. Esta imagen posteriormente sería aderezada con el atavío de monja, pero siempre, en un ambiente de libros, tinta y manguillos.

Valga decir que muy joven entró ala corte virreinal y aunque la vida en la corte no terminó de gustarle, pudo trabar relación con importantes personajes de aquellos tiempos. Pero sus aspiraciones iban más allá de las relaciones acomodadas, si bien sus amistades la ayudaron a lo largo de su vida, como lo fue su íntima amiga la virreinaMaría Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, por quien la obra de la poetisa titulada “Inundación Castálida” fue publicada en Madrid antes que en la NuevaEspaña.

Pero la constante en la vida de SorJuana fue una sed de conocimiento sin par, pero al no poder ingresar a la universidad debido a su condición de mujer y ante su nulo interés por el matrimonio, tuvo que optar por la vida religiosa.

Primero tomó los hábitos de las carmelitas descalzas, cuya severidad le ocasionó problemas de salud y una breveestadía de escasos meses. Dejó atrás el hábito carmelita e ingresó a la orden de las jerónimas, donde fungió como contadora y archivista, y debido a sus relaciones personales y a su buena cuna, siempre pudo mantener un estatus de vida cómodo dentro del convento, poseyendo una celda espaciosa e individual para deleitarse con todo aquello que alimentaba su inquieto intelecto, incluyendo un recibidor para visitas, telescopios para observar al cielo y una esclava a su servicio, regalo de su madre.

Poseía una colección de libros escritos en griego, latín y castellano de las más variadas disciplinas: astronomía, matemáticas, lengua, filosofía, mitología, historia, música, pintura y para sorpresa de muchos, cocina, pues no era ajena a los placeres culinarios y solía disfrutar de la lectura de sus libros lo mismo que de beber chocolate caliente.Además poseía instrumentos matemáticos, astronómicos y musicales, y su fama fue creciendo más allá del convento donde estaba recluida, pues solía componer villancicos, sonetos, redondillas, décimas, entre más composiciones, todas sobre encargo.

Sor Juana murió en abril de 1695tras una epidemia que azotó al convento, pero tiempo antes ella murió en vida por una desafortunada carta (Carta Atenagórica) que escribió criticando el sermón del padre jesuita Antonio Vieyra. Ante ello, el obispo de Puebla amonestó la postura de Sor Juana argumentando que las mujeres no debían dedicarse a la escritura profana y aunque Sor Juana le respondió en su famosa“Carta a Sor Filotea de la Cruz”, tuvo que vender sus cuatro mil libros y sus instrumentos. Sor Juana fue acallada bajo el yugo del prejuicio masculino, pero su obra la encumbrará siempre como la “Décima Musa”. (F)

La “Décima Musa” es la manera en que se conoce a Sor Juana Inés de la Cruz, ilustre literata que antes de tomarlos hábitos llevaba por nombre Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana, que nació bajo el estigma de ser hija natural, en San Miguel Nepantla, Estado deMéxico, el 12 de noviembre de 1648.

Su infancia la pasó rodeada de libros, ya que se crió con su abuelo materno, don Pedro Ramírez, en la Hacienda de Panoayan, cuya exquisita biblioteca no le fue velada a la curiosa Juana, al punto de que a la edad de tres años ya sabía leer y cuando fue enviada a la capital del país aprendió el latín en solamente 20 lecciones.

Era de un carácter férreo y determinado, al punto de que “castigaba” su apariencia cortando su cabello sino aprendía lo que se auto imponía en cierto plazo límite. Este carácter de autoexigencialo podemos observar a lo largo de su vida, en la cual siempre se abocó a“aprender más, para ignorar menos”.

Su carácter de amor por el estudio y fuera de lo convencional es evidente en uno de sus poemas, donde se percibe la lucha que lleva a cabo contra los estándares de su sociedad: “¿En perseguirme, mundo, qué interesas? / ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento / poner bellezas en mi entendimiento / y no mi entendimiento en las bellezas? / Yo no estimo tesoros ni riquezas,
y así, siempre me causa más contento / poner riquezas en mi entendimiento / que no mi entendimiento en las riquezas (…)”.

Juana era aparentemente agraciada físicamente (todos sus retratos fueron póstumos) y en su juventud se le retrata usualmente con un semblante despierto, cejas finas que enmarcan su mirada inquisitiva, amplia y nívea frente, y una tupida melena negra que le cae por los hombros. Esta imagen posteriormente sería aderezada con el atavío de monja, pero siempre, en un ambiente de libros, tinta y manguillos.

Valga decir que muy joven entró ala corte virreinal y aunque la vida en la corte no terminó de gustarle, pudo trabar relación con importantes personajes de aquellos tiempos. Pero sus aspiraciones iban más allá de las relaciones acomodadas, si bien sus amistades la ayudaron a lo largo de su vida, como lo fue su íntima amiga la virreinaMaría Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, por quien la obra de la poetisa titulada “Inundación Castálida” fue publicada en Madrid antes que en la NuevaEspaña.

Pero la constante en la vida de SorJuana fue una sed de conocimiento sin par, pero al no poder ingresar a la universidad debido a su condición de mujer y ante su nulo interés por el matrimonio, tuvo que optar por la vida religiosa.

Primero tomó los hábitos de las carmelitas descalzas, cuya severidad le ocasionó problemas de salud y una breveestadía de escasos meses. Dejó atrás el hábito carmelita e ingresó a la orden de las jerónimas, donde fungió como contadora y archivista, y debido a sus relaciones personales y a su buena cuna, siempre pudo mantener un estatus de vida cómodo dentro del convento, poseyendo una celda espaciosa e individual para deleitarse con todo aquello que alimentaba su inquieto intelecto, incluyendo un recibidor para visitas, telescopios para observar al cielo y una esclava a su servicio, regalo de su madre.

Poseía una colección de libros escritos en griego, latín y castellano de las más variadas disciplinas: astronomía, matemáticas, lengua, filosofía, mitología, historia, música, pintura y para sorpresa de muchos, cocina, pues no era ajena a los placeres culinarios y solía disfrutar de la lectura de sus libros lo mismo que de beber chocolate caliente.Además poseía instrumentos matemáticos, astronómicos y musicales, y su fama fue creciendo más allá del convento donde estaba recluida, pues solía componer villancicos, sonetos, redondillas, décimas, entre más composiciones, todas sobre encargo.

Sor Juana murió en abril de 1695tras una epidemia que azotó al convento, pero tiempo antes ella murió en vida por una desafortunada carta (Carta Atenagórica) que escribió criticando el sermón del padre jesuita Antonio Vieyra. Ante ello, el obispo de Puebla amonestó la postura de Sor Juana argumentando que las mujeres no debían dedicarse a la escritura profana y aunque Sor Juana le respondió en su famosa“Carta a Sor Filotea de la Cruz”, tuvo que vender sus cuatro mil libros y sus instrumentos. Sor Juana fue acallada bajo el yugo del prejuicio masculino, pero su obra la encumbrará siempre como la “Décima Musa”. (F)

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