/ jueves 4 de abril de 2024

Mujer: Constructora de la paz. ¡Proyecto de vida!

No hay camino para la paz, la paz es el camino Mahatma Gandhi


Al saludarlas cordialmente, queremos expresar nuestro reconocimiento a la cotidiana labor que realizan en beneficio de la Humanidad.

Casi acostumbrados a ver y a saber de la violencia como un rasgo característico de nuestra época, digerimos con relativa normalidad todos los sucesos que atentan contra las personas, y contra la naturaleza. La guerra y el conflicto son una constante en la historia de la existencia humana.

Y es que las buenas noticias, parecen ya, no ser noticia. Los titulares de los noticieros y periódicos, así como la información en las redes sociales, a veces tienen mayor impacto a partir de un enunciado que promulgan, casi apologéticamente: la violencia, la guerra, el desencuentro, los rumores, la denostación y los problemas de orden social y económico.

Hablar de paz, parece una utopía. Suena hasta ridículo para algunos, el atreverse a aspirar por un mundo de paz: Soñar con él nos convierte en eso: en soñadoras y soñadores… en idealistas.

En este mundo de guerra, la paz es una urgencia, es el deseo de la vida, mirar al planeta sin divisiones territoriales, como se aprecia desde un satélite en el espacio.

La paz no sólo es una blanca paloma, un deseo, una voz …una ilusión que se va.

¡La paz es una forma de ser!

Para construir la paz se necesitan esfuerzos que puedan transformar el odio en amor.

Participar en proyectos concretos para la construcción de la paz es fundamental. Sumarse con trabajo en acciones directas y efectivas. Marchar es una expresión natural de los conglomerados que se unen; junto con ello, qué importante es la congruencia, haciendo práctica de lo que pensamos.

La paz se educa en el hogar, en los centros de estudio y en la sociedad misma. El hogar es la primera escuela de paz; ahí brotan los gestos primigenios de un ser humano capaz de contribuir a la paz. Su nacimiento es una oportunidad para la paz, es el toque de ternura y esperanza que tanta falta hace hoy en nuestras vidas.

Es el resultado de saber entender y escuchar las necesidades de los demás, antes que las propias. Es la consecuencia de una convivencia sana entre las personas, gozando de los mismos derechos fundamentales.

La paz es una virtud cívica y también personal; una especie de síntesis en la que coinciden una serie de valores sociales como el respeto, la tolerancia, la fraternidad, el amor, el perdón, y la reconciliación, entre otras.

Quienes practican la paz saben que ésta, no es simplemente la ausencia de confrontaciones, pues la persona siempre ha sido protagonista del conflicto. La paz se produce cuando aprendemos a manejar esos conflictos y a superarlos por medio de métodos no violentos como la protesta pacífica, el diálogo y la negociación.

La paz proviene del interior, de la capacidad de reaccionar serenamente ante las dificultades y diferencias con las que se tope en su cotidianidad, evitando toda forma de hostilidad, grito y escenarios de pleito, a veces por absurdas desavenencias.

Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes. Isaac Newton.

Cuando me preguntaron sobre la forma más eficaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica, yo sugerí la mejor de todas: LA PAZ, A. Einstein

Los temores, los rumores y las inferencias, están a la orden del día. Tendríamos que dar un giro radical y avizorar un horizonte promisorio.

Generar un proyecto de vida que le dé sentido a nuestra existencia.

Y, darnos a la tarea de ubicar algunos preceptos fundamentales, antes de trazarlo y definirlo, para ponerlo en marcha.

En primer término, habrá que situarnos en una auténtica dimensión antropológica; mujeres y hombres que, por el hecho de ser personas, contamos todos, con dignidad y con valía.

La humanidad está integrada por casi ocho mil millones de habitantes; diferentes y singulares. Coincidencias genéticas, como el hecho de ser gemelas, gemelos, parecidos, parecidas y con rasgos muy peculiares por la raza y características étnicas, no modifican la maravilla de ser ¡“únicos e irrepetibles en el mundo”!

Es importante reconocernos entonces como seres dignos y con valor.

Estamos llamados a definir un perfil que justifique nuestra existencia, aquello que es vocación, don, talento y visión. Un PROYECTO DE VIDA que le de dimensión verdadera a nuestra existencia. Y luego, buscar con convicción, la forma de que nuestro esquema y plan de vida sea trascendente. Especialmente enfocado en la atención de la humanidad.

Este proyecto de vida requiere un sustento trípode, para responder a algunas interrogantes: la primera: ¿qué es lo que más me gusta hacer?; la segunda: ¿soy eficiente para hacerlo? y la tercera: ¿sirve de algo a los demás?

Es la misión de nuestra vida trasformada en pasión, pero siempre al servicio de la comunidad, al servicio de la paz.

La mujer es artífice de la paz y hoy les reconocemos ese gran valor.

M adre, amiga y guía,

U mbral de la vida,

J usticia, paz y amor.

E ntusiasmo y valor,

R eflejo de luz y alegría


Dr. en Educ. J. Jesús Vázquez Estupiñán

Rector de la Universidad La Salle Morelia

jve@ulsamorelia.edu.mx

No hay camino para la paz, la paz es el camino Mahatma Gandhi


Al saludarlas cordialmente, queremos expresar nuestro reconocimiento a la cotidiana labor que realizan en beneficio de la Humanidad.

Casi acostumbrados a ver y a saber de la violencia como un rasgo característico de nuestra época, digerimos con relativa normalidad todos los sucesos que atentan contra las personas, y contra la naturaleza. La guerra y el conflicto son una constante en la historia de la existencia humana.

Y es que las buenas noticias, parecen ya, no ser noticia. Los titulares de los noticieros y periódicos, así como la información en las redes sociales, a veces tienen mayor impacto a partir de un enunciado que promulgan, casi apologéticamente: la violencia, la guerra, el desencuentro, los rumores, la denostación y los problemas de orden social y económico.

Hablar de paz, parece una utopía. Suena hasta ridículo para algunos, el atreverse a aspirar por un mundo de paz: Soñar con él nos convierte en eso: en soñadoras y soñadores… en idealistas.

En este mundo de guerra, la paz es una urgencia, es el deseo de la vida, mirar al planeta sin divisiones territoriales, como se aprecia desde un satélite en el espacio.

La paz no sólo es una blanca paloma, un deseo, una voz …una ilusión que se va.

¡La paz es una forma de ser!

Para construir la paz se necesitan esfuerzos que puedan transformar el odio en amor.

Participar en proyectos concretos para la construcción de la paz es fundamental. Sumarse con trabajo en acciones directas y efectivas. Marchar es una expresión natural de los conglomerados que se unen; junto con ello, qué importante es la congruencia, haciendo práctica de lo que pensamos.

La paz se educa en el hogar, en los centros de estudio y en la sociedad misma. El hogar es la primera escuela de paz; ahí brotan los gestos primigenios de un ser humano capaz de contribuir a la paz. Su nacimiento es una oportunidad para la paz, es el toque de ternura y esperanza que tanta falta hace hoy en nuestras vidas.

Es el resultado de saber entender y escuchar las necesidades de los demás, antes que las propias. Es la consecuencia de una convivencia sana entre las personas, gozando de los mismos derechos fundamentales.

La paz es una virtud cívica y también personal; una especie de síntesis en la que coinciden una serie de valores sociales como el respeto, la tolerancia, la fraternidad, el amor, el perdón, y la reconciliación, entre otras.

Quienes practican la paz saben que ésta, no es simplemente la ausencia de confrontaciones, pues la persona siempre ha sido protagonista del conflicto. La paz se produce cuando aprendemos a manejar esos conflictos y a superarlos por medio de métodos no violentos como la protesta pacífica, el diálogo y la negociación.

La paz proviene del interior, de la capacidad de reaccionar serenamente ante las dificultades y diferencias con las que se tope en su cotidianidad, evitando toda forma de hostilidad, grito y escenarios de pleito, a veces por absurdas desavenencias.

Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes. Isaac Newton.

Cuando me preguntaron sobre la forma más eficaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica, yo sugerí la mejor de todas: LA PAZ, A. Einstein

Los temores, los rumores y las inferencias, están a la orden del día. Tendríamos que dar un giro radical y avizorar un horizonte promisorio.

Generar un proyecto de vida que le dé sentido a nuestra existencia.

Y, darnos a la tarea de ubicar algunos preceptos fundamentales, antes de trazarlo y definirlo, para ponerlo en marcha.

En primer término, habrá que situarnos en una auténtica dimensión antropológica; mujeres y hombres que, por el hecho de ser personas, contamos todos, con dignidad y con valía.

La humanidad está integrada por casi ocho mil millones de habitantes; diferentes y singulares. Coincidencias genéticas, como el hecho de ser gemelas, gemelos, parecidos, parecidas y con rasgos muy peculiares por la raza y características étnicas, no modifican la maravilla de ser ¡“únicos e irrepetibles en el mundo”!

Es importante reconocernos entonces como seres dignos y con valor.

Estamos llamados a definir un perfil que justifique nuestra existencia, aquello que es vocación, don, talento y visión. Un PROYECTO DE VIDA que le de dimensión verdadera a nuestra existencia. Y luego, buscar con convicción, la forma de que nuestro esquema y plan de vida sea trascendente. Especialmente enfocado en la atención de la humanidad.

Este proyecto de vida requiere un sustento trípode, para responder a algunas interrogantes: la primera: ¿qué es lo que más me gusta hacer?; la segunda: ¿soy eficiente para hacerlo? y la tercera: ¿sirve de algo a los demás?

Es la misión de nuestra vida trasformada en pasión, pero siempre al servicio de la comunidad, al servicio de la paz.

La mujer es artífice de la paz y hoy les reconocemos ese gran valor.

M adre, amiga y guía,

U mbral de la vida,

J usticia, paz y amor.

E ntusiasmo y valor,

R eflejo de luz y alegría


Dr. en Educ. J. Jesús Vázquez Estupiñán

Rector de la Universidad La Salle Morelia

jve@ulsamorelia.edu.mx