/ viernes 18 de enero de 2019

LUZ COMPARTIDA

“La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir…

y cuando lo nuevo no acaba de nacer”

Bertolt Brecht


En los foros y salones; en distintos espacios del medio educativo y en los pasillos de las escuelas; en la empresa y en las tertulias, se discute y se recalca el hecho de padecemos casi de manera permanente una crisis… crisis en la política, en el tejido social, en la familia, en la iglesia, en la economía y en las instituciones.

Parece ser que mandamos de vacaciones al arte de pensar” y es que la crisis fundamental ¡es la crisis de pensamiento!... es una crisis de CREDIBILIDAD. Estamos dejando de creer en la humanidad, que significa, dejar de creer en nosotros mismos.

Nuestra crisis también es de esperanza; nos estamos mal acostumbrando a ver la vida con nuestros gastados ojos cotidianos asumiendo que nos resultan comunes: escenas de guerra, de conflicto, de violencia de género, de discriminación, de fenómenos migratorios, de dictaduras; incluso el cuerpo inerte de un niño en los límites de la playa Siria, el caso de Ayotzinapa, la inseguridad, la corrupción y tantas cosas más.

Los educadores estamos llamados a revertir la situación y a convertirnos en contagio de esperanza, siendo custodios y generadores de la misma. Educar la capacidad de soñar un mundo mejor, potencializando lo que nos une y no lo que nos divide. Es urgente descartar las conversaciones estériles que no conducen a nada favorable para lanzarnos a construir el solar histórico a través de la plataforma educativa.

Las instituciones educativas y el seno familiar son espacios privilegiados para el análisis sensato, el diálogo, la propuesta y la crítica constructiva.

¡Es posible! si nos abrimos a las nuevas ideas y exploramos las fronteras con creatividad y propósitos nobles. “En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento” Albert Einstein.

Los eslabones de nuestra historia son nuestra fuerza, es imperativo salir de nosotros mismos y combatir la crisis de nuestro propio ser con acciones de solidaridad y con miradas de fraternidad.

El reto es dar a nuestros niños y jóvenes, razones para creer y esperar, privilegiando la cultura del encuentro.

“La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir…

y cuando lo nuevo no acaba de nacer”

Bertolt Brecht


En los foros y salones; en distintos espacios del medio educativo y en los pasillos de las escuelas; en la empresa y en las tertulias, se discute y se recalca el hecho de padecemos casi de manera permanente una crisis… crisis en la política, en el tejido social, en la familia, en la iglesia, en la economía y en las instituciones.

Parece ser que mandamos de vacaciones al arte de pensar” y es que la crisis fundamental ¡es la crisis de pensamiento!... es una crisis de CREDIBILIDAD. Estamos dejando de creer en la humanidad, que significa, dejar de creer en nosotros mismos.

Nuestra crisis también es de esperanza; nos estamos mal acostumbrando a ver la vida con nuestros gastados ojos cotidianos asumiendo que nos resultan comunes: escenas de guerra, de conflicto, de violencia de género, de discriminación, de fenómenos migratorios, de dictaduras; incluso el cuerpo inerte de un niño en los límites de la playa Siria, el caso de Ayotzinapa, la inseguridad, la corrupción y tantas cosas más.

Los educadores estamos llamados a revertir la situación y a convertirnos en contagio de esperanza, siendo custodios y generadores de la misma. Educar la capacidad de soñar un mundo mejor, potencializando lo que nos une y no lo que nos divide. Es urgente descartar las conversaciones estériles que no conducen a nada favorable para lanzarnos a construir el solar histórico a través de la plataforma educativa.

Las instituciones educativas y el seno familiar son espacios privilegiados para el análisis sensato, el diálogo, la propuesta y la crítica constructiva.

¡Es posible! si nos abrimos a las nuevas ideas y exploramos las fronteras con creatividad y propósitos nobles. “En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento” Albert Einstein.

Los eslabones de nuestra historia son nuestra fuerza, es imperativo salir de nosotros mismos y combatir la crisis de nuestro propio ser con acciones de solidaridad y con miradas de fraternidad.

El reto es dar a nuestros niños y jóvenes, razones para creer y esperar, privilegiando la cultura del encuentro.

viernes 05 de abril de 2019

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